jueves, 14 de noviembre de 2019

Monjas budistas. Birmania

En Myanmar vi por primera vez monjas budistas. Con la cabeza rapada como los hombres, es difícil distinguirlas de estos. En este país, al menos, se identifican fácilmente porque el color de sus túnicas es rosa pálido, con una especie de chal marrón.

Karakorum Highway. Pkistán




Karakorum Highway es una carretera que serpentea entre cuatro grandes sistemas montañosos: Himalaya, Karakorum, Hindu Khush y Pamir. Une, a través de 1600 kilómetros, Islamabad con la ciudad china de Kashgar, conocida como “la perla de la ruta de la seda”. Tiene en territorio pakistaní 753 kilómetros por el terreno más difícil e inestable del mundo.

La estructura quebradiza de la roca, los fuertes vientos, las variaciones extremas de temperaturas (desde los 48 grados en verano en el valle del Indo hasta los 30 bajo cero en el invierno de Hunza) y la gran actividad sísmica de la región hicieron muy difícil no sólo su construcción sino también su mantenimiento.

Ponga un síndrome en su vida (1)

Los viajes son causa de muchas decepciones. Tenemos un primer grupo de decepciones formado por los engaños, estafas e incumplimientos de agencias de viajes, compañías aéreas, etc. En rigor, una gran parte de esas decepciones podrían ser evitadas, ya que en parte se deben a sostener contra todo pronóstico que en algunos sitios regalan duros, no ya a cuatro, sino a dos pesetas. Si un hotel sale baratísimo y al mismo tiempo promete un lujo excepcional, algo raro pasa; si un pasaje de avión cuesta la mitad que el mismo en otra compañía, la hora de salida del vuelo será altamente inconveniente, por ejemplo. En resumen, la acumulación de ese tipo de decepciones será directamente proporcional a nuestra ingenuidad. O también al hecho de que estemos firmemente convencidos de ser mucho más listos que el resto de los mortales. En ambos casos, culpa nuestra.

Un segundo grupo de decepciones tienen su origen en el hecho de viajar a un lugar en un momento inadecuado. No es lo mismo viajar a Grecia en agosto que en enero, o visitar la India en plena temporada de monzones. Si uno no puede escoger cuándo viajar debe sopesar los posibles inconvenientes y, en cualquier caso, no quejarse después. Me resulta sorprendente que año tras año haya gente empeñada en viajar al Caribe en fines de agosto o septiembre, y que luego se indigne por haber pasado las vacaciones encerrada en una habitación de hotel mientras fuera ruge un huracán. En el fondo, volvemos un poco a lo dicho anteriormente, o a ver si no por qué va a existir lo de temporada alta, media o baja, con enormes diferencias de precios.

En este grupo incluiría a los que se empeñan cada Semana Santa en ir a una playa española. Por supuesto que puede darse el caso de unos días espléndidos, pero hay que reconocer que es la excepción más que la regla, lo que no es de extrañar porque estamos al comienzo de la primavera, ni más ni menos. Cada año, en los telediarios, se ven imágenes de rostros compungidos de paseantes que deambulan por paseos marítimos arrasados por temporales, sintiéndose muy desgraciados porque no han podido sacar el bañador de la maleta. Estoy segura de que en el próximo puente de diciembre muchos españoles se lanzarán a las carreteras sin llevar cadenas, sin hacer caso de partes meteorológicos y ya tendremos el lío montado. Después, en lugar de hacer un poco de autocrítica padres de familia muy indignados echarán la culpa al gobierno por no rescatarlos de entre las placas de hielo y puertos de montaña impracticables. Un clásico de diciembre.

Un tercer grupo de decepciones se debe al hecho de no conocernos a nosotros mismos. Si somos de los que le hacen ascos a todo lo que no sean las croquetas de mamá, lo tenemos claro. Si nos gusta la bulla y el trasnoche, una casa rural en mitad de un valle de Cantabria puede no ser lo adecuado.

Hasta aquí se podría decir que de todas esas decepciones nosotros mismos somos los culpables, por no haber recabado la información necesaria o por empeñarnos en negar la realidad. Pero hay otras decepciones mucho más difíciles de evitar, que son las que nacen de la diferencia entre nuestras expectativas al planear el viaje y la realidad que nos encontramos. Por ejemplo, cuando has visto cientos de veces fotografías de un monumento o una obra de arte en un libro, y cuando lo tienes delante experimentas la desilusión de encontrarlo más pequeño, menos impresionante o no tan bonito como pensabas. A mí me sucedió con el interior de la catedral de Santiago, que me pareció bastante insignificante para lo que esperaba.

Eso, ni más ni menos, es lo que suele suceder con las ciudades más idealizadas por la literatura y el cine, y en su caso extremo da lugar al llamado “síndrome de París”. Está descrito en la literatura médica desde 2004 y parece ser que afecta sobre todo a los japoneses. Llegan a la ciudad con el tópico incrustado en las circunvalaciones cerebrales y se encuentran con la mala educación de sus habitantes y el individualismo que contrasta con el espíritu de grupo habitual entre ellos, y sufren un auténtico shock cultural. No debe tratarse de casos aislados, ya que la embajada japonesa dispone de un teléfono que atiende a estos casos las 24 horas del día, teniendo previsto incluso el ingreso en hospitales, y los hoteles más exclusivos proporcionan los servicios de psicólogos especializados. En la mayoría de los afectados los síntomas remiten con este primer tratamiento, pero más o menos una docena de japoneses al año deben ser repatriados rápidamente ante el estado de ansiedad y los ataques de pánico que sufren. Los casos más graves han desembocado incluso en intentos de suicidio.

Por la inactividad que he podido observar esta semana en los blogs que leo habitualmente intuyo que en el puente del 1 de noviembre muchos habréis estado fuera de casa. Espero que no os haya atacado ningún síndrome allá donde hayáis estado pero, en cualquier acaso, os ofrezco también la idea como coartada laboral para alargar unos días más las vacaciones.

Creo que este tema de los síndromes va a dar para mucho, así que voy a abrir una nueva categoría con este título.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Palabras nuevas


Aquellos que me conocen, saben que me gustan las palabras. Cuando me comunico, me gusta expresarme de la forma más exacta posible. Cuando me aburro, me gusta jugar con ellas. La llegada cada día del periódico a casa, desataba una carrera (entre mi madre, mi padre y yo) para apoderarse del crucigrama. Ahora bien, había reglas en esa carrera: no valía poner tres o cuatro palabras facilonas y dejarlo a medias. El que lo empezaba, se comprometía a terminarlo, o casi. Nada de empezar y, a la primera dificultad, abandonar para hacer otra cosa.  Y desde bastante pequeña, mi juego de mesa favorito era un Intelect (versión española del Scrabble). He sido profesora durante unos 30 años, y tenía muy claro que en mis explicaciones tenían que ser tan claras que cualquiera de mis alumnos las pudiera comprender. Hoy, cuando me he propuesto escribir, la palabra "palabra" me ha sugerido el tema de hoy. Cuando escribo, soy muy exigente conmigo misma. Tras terminar cualquier texto, paso aún un buen rato intentando perfeccionarlo, buscar sinónimos mas bonitos, perfilar las frases, pulir la sintaxis.....

Comienzo con una anécdota de mis tiempos de profesora. Tenía un alumno de 4º de ESO, Ignacio P, (omitiré el apellido por razones evidentes) Ignacio era guapo, muy simpático, pero el típico payaso de la clase. Tenía que llamarlo al orden con frecuencia, muchas veces fingiendo una seriedad que no sentía y ocultando la sonrisa que me generaban sus salidas. Un día, me dice la directora: "Ignacio P. llegará a tu clase con un buen rato de retraso. Déjalo entrar porque viene de hacer un examen de una asignatura que tiene pendiente de 3º". Efectivamente, más o menos a mitad de la clase se oyen unos golpecitos en la puerta y asoman los rizos rubios de Ignacio, que inmediatamente empieza a balbucear la excusa pertinente. Le interrumpo, diciendo: "Pasa, Ignacio, ya me avisaron que tenías permiso para venir tarde". Ignacio entra, pero en lugar de irse discretamente a su sitio, entra dando un rodeo,  bailoteando exageradamente, consiguiendo lo que quería, que media clase se echara a reír y que yo tuviera que interrumpirme. No contento con el resultado de su entrada triunfal se desvía de su camino para pasar delante de mi mesa. Me guiña ostensiblemente un ojo al tiempo que me dice ¿Qué pasa, guapa? En ese punto, luchando por no reirme doy un palmetazo en la mesa y le digo, en un volumen más bien fuerte, aunque sin gritar, "Qué pena, Ignacio. Tienes talentos y cualidades que muchos envidiarían, pero eres un BOTARATE ". Ignacio, que no tiene ni remota idea de lo que significa lo le he dicho, frunce el ceño y dice: "Uy, profe, está muy feo decirme esas cosas". Consciente de que no me he entendido, le digo "Vas a bajar a la sala de profesores, y vas a traer el primer tomo del diccionario grueso. Si algún profesor te pregunta, dile que yo te he enviado". A Ignacio, como a casi todos los alumnos, no hay nada que les guste más que les envíen a hacer algún recadillo así para darse un garbeo por pasillos y escaleras. Cuando regresa con el diccionario, le indico: "Deja el diccionario en la mesa y busca esa palabra que te ha parecido un insulto. En la B ¿eh?". Ignacio busca la palabra y hace el ademán de irse  a su sitio. Lo detengo, diciendo: "No, ven que no has terminado. Colócate en el centro de la tarima y lee bien alto lo que significa la palabra. Ignacio coge el tomo, aprovechando, en su línea habitual, para hacer un poco el payaso fingiendo que pesa exageradamente y lee BOTARATE: Persona alborotada y sin juicio." Le pregunto: ¿Qué te parece? Ignacio, que ve esfumarse su ocasión de acusar a un profesor de haberlo insultado, desarruga el ceño y, zalamero, dice "Lo has clavao, profe". Cuando termina la clase, se va encantado al patio, empujando a los pequeños por el pasillo , llamando a todo el mundo botarate, buscando la ocasión de lucirse con el conocimiento recién adquirido. Al día siguiente, me busca en el pasillo y me dice "Profe, enséñame otra palabra, que la de ayer estaba muy chula."

En la clase siguiente, tras pasar lista, empiezo diciendo: "A ver, antes de empezar la clase, voy a complacer la petición de Ignacio, que me ha pedido que le enseñe una palabra nueva." Hoy os voy a explicar por que cualquiera puede ser MINISTRO pero no MAESTRO. Las caras de extrañeza de todos me afirmaron en mi suposición de que no tenían ni idea de lo que les iba a contar.

La palabra maestro deriva de magister y este, a su vez, del adjetivo magis que significa más o más que. El magister lo podríamos definir como el que destaca o está por encima del resto por sus conocimientos y habilidades. Por ejemplo, Magister equitum (jefe de caballería en la Antigua Roma) o Magister militum (jefe militar).

La palabra ministro deriva de minister y este, a su vez, del adjetivo minus que significa menos o menos que. El minister era el sirviente o el subordinado que apenas tenía habilidades o conocimientos.

Por tanto, queda demostrado que para ser ministro no hace falta ser… nada.

Fuente: Memoria de la Historia – Carlos Fisas

Y eso lo sé porque yo, a los 12 años, ya tenía la asignatura de latín, y al año siguiente, también. Así que podéis estar seguros de que, os diga lo que os diga, nunca os voy a insultar. Porque, además, nunca me aprovecharía de mi superioridad de conocimientos porque, en general, no tenéis la culpa de lo que os enseñan y de lo que no. Son los políticos, generalmente los MINISTROS (y ya sabemos lo que eso implica) los que deciden trataros a todos, sin conoceros, como si tuviérais menor capacidad de aprender de la que yo tuve.

Y ahora, ya podemos empezar la clase, Y se acabó la historia de las palabras. Las próximas, que os las explique el profesor de Lengua. Se va a poner tan contento con la petición que a lo mejor hasta os regala algún punto (el profesor de Lengua tenía un sistema propio de puntuar por el cual el alumno iba sumando puntos según pequeños objetivos que iban consiguiendo).

A mi, al igual que Ignacio, me gusta aprender palabras nuevas. Siempre leo con un diccionario al lado. No dejo pasar ni una palabra desconocida sin buscarla. Creo que las últimas que busqué fueron griñon  y  bieldo, porque estaba con una novela ambientada en la Edad Media. Pero hoy tenía pensado hablar de otra palabra: resiliencia.

 Resiliencia alude a la capacidad del ser humano para superar experiencias traumáticas, situaciones que, en principio,  parecen superar nuestras capacidades. El resiliente no nace, se hace.  Yo tuve que aprender el significado de la palabra y como ponerla en práctica después de sufrir el ictus. Y eso me lleva a otra palabra, kintsugi, que es una técnica de origen japonés usada para reparar objetos de cerámica rotos rellenando las grietas con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino. Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto, y que deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia. Así, un objeto reparado con esta técnica resulta más valioso y mas bello a los ojos que un objeto intacto.

Eso es lo que están haciendo conmigo, desde hace unos siete años, muchas personas (psicólogos, médicos, logopedas, fisioterapeutas, etc....),  rellenando mis grietas y fracturas con polvo de oro, mejorándome, embelleciéndome.

A todas ellas, muchas gracias. 

martes, 12 de noviembre de 2019

Momentos emocionantes

Cada viaje que he hecho me ha deparado al menos, un momento emocionante. De diversos tipos: gastronómicos, artísticos, paisajísticos, etc.... Voy a repasar algunos, inéditos hasta el momento. No temáis, no voy a insistir en los ya manidos: la impresión de ver el Taj Mahal a la luz de la luna, el cosquilleo de la adrenalina al colarme disfrazada con el normativo chador en una mezquita chiíta de un Bagdad todavía en guerra con Irán. Estos de hoy son nuevos. Nuevos en el blog, no en mi vida. Van de 1.998 a 2.009. Aclaro que su ordenación no responde a preferencias ni a cronología. Todos estos momentos tienen algo en común. En todos ellos pensé que disfrutar esos momentos sola era como un pecado mortal. No estar compartiéndolos con alguien me dolía porque sabía que no volvería a tener la oportunidad como el momento merecía.  

1. 2,009. Noruega. Recorro en barco el fiordo de los sueños (Sognefjord), el más largo y profundo de Noruega. Paramos a dormir en un hotel en la misma orilla del fiordo. Caso todo el mundo viaja en pareja o en familia. Yo voy sola. Cuando llego a la cabañita que me han asignado casi no puedo creer lo que veo. En la cabaña, hay cocina, con todo lujo de electrodomésticos, varios dormitorios. Me lanzo sobre la cama (enorme) del principal. Y eso no es nada. Sobre mi cabeza, en el techo, hay un lucernario. A través de los cristales noche y estrellas, miles de estrellas. Después de descansar un poco voy al edificio central, donde está el comedor para cenar. Y una nueva sorpresa. El comedor es un pentágono con paredes y techo de cristal, y una chimenea enorme en el centro. Ya en la cama, intento permanecer despierta todo el tiempo que pueda, mirando las estrellas. Y sólo puedo pensar en una cosa ¡Dios! ¿Por qué no estoy compartiendo esto con alguien?

2. 1.998. Guatemala. Recorriendo las ciudades coloniales del altiplano. Creo que fue en Antigua (fundada como Santiago de los Caballeros). El hotel es una antigua mansión colonial. Todo lo que me rodea es piedra y madera tallada. Es como retroceder al siglo XVIII. La decoración es muy cuidada. Muebles tallados, colores vivos, objetos que parecen rescatados de  un viaje en el tiempo. Y limpieza, mucha limpieza. Las mesas para comer están dispuestas alrededor de la galería columnada que rodea un patio completamente lleno de plantas. Los camareros están vestidos con trajes típicos, negros con detalles de mucho colorido en tejido tradicionales. Mientras uno de ellos me sirve un almuerzo exquisito, otro saca de sus jaulas unos papagayos o aves parecidas, de plumaje rojo, turquesa., amarillo y los coloca en unos aros metálicos distribuidos entre el follaje lleno de flores. Casi a mi lado, otro hombre, con el mismo atavío, comienza a tocar suavemente la marimba. Nunca había oído ese instrumento "en directo". Toca muy suavemente, de forma que la música no molesta. Suena casi como   las dulces cascadas de las fuentes de la Alhambra. Si estas se crean según el modelo persa de los "jardines del Paraíso", yo me encuentro en otro paraíso. Todo está pensado para estimular los cinco sentidos, todos al mismo tiempo. En alrededor de media hora se construye un puzzle de sensaciones insuperables. Un escenario perfecto.

  3. 2.006. Bulgaria. En la zona cercana a la frontera con Grecia se encuentra La Garganta del Diablo. Las leyendas de la mitología griega tienen mucha presencia en esta zona. Se supone que esta cueva es una de las entradas al inframundo, por la que entró Orfeo para tratar de recuperar a su amada Eurídice, muerta mientas ella trataba de huir de Aristeo el mismo día de su boda con Orfeo. En el interior de esta cueva hay una cascada de 40 metros de altura que resuena con un ruido atronador. Y la cascada ni es el único lugar impresionante de esta cueva.


lunes, 11 de noviembre de 2019

Carmina en la selva

En un post ya pasado relaté como, después de una tontería que podía haber terminado en tragedia, me prometí tener más cuidado y no dejarme llevar por impulsos que me podían costar un disgusto. Hoy quiero constatar, una vez más, que no tenemos remedio y caemos una y otra vez en los mismos errores. Sirva este post también para pedir disculpas a mi ángel de la guarda, al que he hecho trabajar horas extraordinarias.

Hoy veo claramente que después de aquel viaje por Egipto no dejé de correr riesgos innecesarios, sobre todo viajando por Oriente Medio. Prometo que en el momento yo no veía el peligro, porque no tengo tendencias suicidas en absoluto. Es observando en la distancia que dan los años cuando veo el peligro de muchas de aquellas situaciones. En mi descargo puedo alegar que no estaba sola, sino acompañada (y arrastrada) por un manojo de locos inconscientes como yo, que hubiéramos hecho un bonito grupo de cadáveres: treintañeros, cultos, viajeros experimentados, sofisticados y moderadamente atractivos.

Pero mi relato de hoy trata de otro viaje,   un viaje que hice sola a Guatemala (1.998). Hacía ya años que deseaba ir a ese país y no tenía paciencia para esperar a que alguno de mis amigos estuviera dispuesto a acompañarme, así que lo organicé todo para una Semana Santa y me marché sola.

No voy a contar ahora mi recorrido por las preciosas ciudades coloniales, la experiencia de cruzar un lago rodeado de volcanes o lo que se siente cuando por primera vez el suelo tiembla bajo tus pies, y las personas que comparten tu mesa del desayuno, aterrorizadas, se meten debajo de la mesa, sino una excursión a un sitio arqueológico maya llamado El Ceibal, dentro del parque natural del mismo nombre.

El viaje tenía para mí varios focos de interés: las ciudades coloniales del altiplano y las ruinas mayas del Petén, la más conocida de las cuales es Tikal. Pero como estaba segura de que Tikal estaría más concurrida que EuroDisney, cuando se me planteó la posibilidad de visitar el yacimiento de El Ceibal, mucho más desconocido porque todavía está en excavación, y con muy pocos visitantes, acepté encantada.

Llegué a Santa Elena, a un aeropuerto pequeñísimo, y allí me esperaban un guía y un conductor con un todo-terreno estupendo. El guía me comentó que nuestro destino estaba a varias horas, así que era mejor salir directamente y no perder un tiempo precioso pasando antes por el hotel. Me pareció bastante lógico y salimos directamente desde el aeropuerto, por una carretera sin asfaltar, aunque en bastante buen estado. Después de dos horas, llegamos a Sayaxché, a orillas del Río de la Pasión.

Sayaxché era un villorrio a la orilla del río. Allí dejamos al coche y al conductor (un tipo bastante taciturno que no había abierto la boca en dos horas), y nos embarcamos en una barquita provista de un motor fuera-borda para remontar el río en un trayecto que duró una hora.

Sayaxché


Desembarcamos en la orilla opuesta, completamente cubierta de vegetación hasta la misma orilla. Aquella es zona de bosque tropical húmedo (yo lo llamaría directamente selva). Ante nosotros, un estrecho sendero, algo embarrado y resbaladizo que subía en una cuesta bastante empinada a través de la selva. Después de unos 20 minutos andando, por fin llegamos al yacimiento. En todo el camino no nos habíamos cruzado con nadie, y entonces fue cuando pensé:

a) que estaba lejísimos de cualquier parte (a tres horas y media, más o menos, en coche, barco y a pie. Y con un río bastante ancho por medio);

b) que por allí no había ni un alma;

c) que nadie sabía que estaba allí, porque ni siquiera había pasado por el hotel a registrarme y a dejar mi equipaje, así que nadie podía echarme de menos, por lo menos durante unos días, si pasaba algo;


d) que yo no podía asegurar que aquella gente fuera realmente lo que decía ser;


e) que para aquella gente tan modesta, lo que yo llevaba encima (dólares, tarjetas de crédito, documentación, dos cámaras de fotos muy buenas) podían representar el sueldo de varios años.

Y entonces sentí miedo. Por primera vez en muchos años de viajes, sentí miedo.

La verdad es que el pobre muchacho que era mi guía no tenía un aspecto siniestro ni mucho menos, pero mientras me hablaba sobre las estelas mayas yo no podía dejar de montarme una película en la cabeza. Aquella visita se me hizo larguísima, y respiré aliviada cuando terminó y comenzamos a bajar el senderito hacia el río. Allí nos esperaba la lancha, y volvimos a hacer el recorrido por el Río de la Pasión (¡Madre mía, cómo suena eso!) en dirección contraria.

Mi guía sacó de su mochila nuestro almuerzo (huevos duros, unas empanadas rellenas de carne y fruta) y comimos en la lancha mientras volvíamos a Sayaxché. Ya para entonces estaba más relajada, porque me había convencido a mi misma de que si hubiera tenido intención de darme un cascamazo en la cabeza para robarme el sitio ideal hubiera sido El Ceibal, allí, en mitad de la selva y sin testigos, así que empecé a disfrutar de la excursión, de la comida, de la vista del río y de todo. El coche y el conductor estaban en el mismo sitio donde los dejamos, y emprendimos el regreso por carretera.

El río de la Pasión




Cuando me dejaron en mi hotel, que era bastante lujoso y tenía una pequeña sala con dos ordenadores y acceso a Internet a disposición de los clientes, corrí a escribir un e-mail a mis amistades, con la excusa de contar mi excursión de aquel día. Pero en el fondo creo que lo que yo quería es que alguien supiera con exactitud donde estaba, y donde iba a estar al día siguiente, por si las moscas.

miércoles, 16 de octubre de 2019

242. Tópicos, viajes y mujeres guapas

 Empiezo por el tópico, aún a sabiendas de que lo es: dicen que a las mujeres les favorecen la luz de las velas. Estaréis de acuerdo conmigo en que, como toda generalización es falsa. Cuando yo era pequeña, pasábamos a menudo vacaciones en una dehesa que mi abuela tenía cerca de Algeciras. Allí no llegaba la electricidad. Por la noche nos alumbrábamos con velas o con unas lámparas que funcionaban con pequeñas bombonas de gas. Y puedo decir por experiencia que las mujeres no se veían favorecidas. Se veían ajadas, arrugadas, envejecidas ¿Cómo habían de verse si se pasaban el día limpiando la suciedad que dejaban chimeneas y cocinas de carbón, si tenían que lavar, invierno y verano, arrodilladas en un piedra mientras restregaban la ropa en el agua de un frío arroyo, si para que se pudiera beber agua tenían que ir hasta una fuente, cargando sobre la cadera una enorme y pesada tinaja de barro, si para comprar el pan alguien tenía que bajar hasta una venta que había en la carretera, más o menos 3 kilómetros ida y vuelta..... No, lo que favorece a las mujeres, o a los hombres, es la salud, la vida cómoda, la buena alimentación y el descanso.

Pero estoy de acuerdo en que algunas ciudades se ven más bonitas con una determinada luz. Tengo el recuerdo de dos ciudades a las que pienso que las favorece el nublado. En mi primer viaje al extranjero, con 15 años, recalé en Venecia un día de abril de 1974. Y el sol brillaba por su ausencia. Sin embargo, la ciudad estaba preciosa. O quizás me lo parecía a mi por estar descubriéndola en ese momento, estando predispuesta por ese motivo a verlo todo maravilloso, el optimismo de los 15 años y todo eso.


 Hacía bastante frío, recuerdo que nada más llegar me lavé el pelo y fue la ducha más heladora de mi vida. Pero yo tenía 15 años, como he dicho, y eso incluye la fantasía de que quizás te tropieces con un guapo italiano, y ese instante trascendental te tiene que pillar deslumbrante, con el pelo perfecto. Caminar por la calle era como hacerlo por cuevas bajo tierra, con los ecos de la sirena del vaporetto rebotando en las fachadas hasta desaparecer en la lejanía y el golpeteo del agua de los canales en los cantiles de piedra, junto con el zureo de palomas que no se veían, pero se intuían en la plaza de San Marcos. Todos esos sonidos amortiguados como cuando tienes los oídos taponados. Por ser la fecha que era no había hordas de turistas gritones y era como si le hubieran bajado el volumen drásticamente a toda la ciudad . Los pocos sonidos que he comentado no tenían fuerza para atravesar la muralla que era la neblina. Parecía que toda Venecia, con sus edificios y gentes al completo estuviera metida en un caja de gruesas paredes. A mí me pareció perfecto y creo que si vuelvo a Venecia y me encuentro con un fuerte sol y vivos colores me llevaré una desilusión y echaré de menos aquella Venecia de película de misterio.

Por si alguien piensa que idealicé los efectos de aquella atmósfera neblinosa debido a mi juventud y al hecho de se mi primer viaje fuera de España, tengo que decir que no lo creo.


 Porque muchos años después, con 45 años de edad y muchísimos viajes realizados por 4 continentes di con otra ciudad a la que le favorece el nublado, es decir, sin los condicionantes de la juventud y la novedad, y no se puede decir que en ese momento me impresionara por cualquier cosa, empecé por Edimburgo un recorrido por Escocia. Y volví a enamorarme de los cielos negros, de las piedras brillantes por la humedad y de las atmósferas cargadas de misterio y sonidos amortiguados.

martes, 15 de octubre de 2019

241. El destino y las musas beodas

Se separaron.
Ella tomó el camino de la izquierda.
Él, el de la derecha.
Pero olvidaron algo.
El mundo es redondo.

Cuando las musas llegan, hay que aprovechar. Hoy vinieron las musas, pero parecía que se habían tomado un carajillo bien cargado nada más despertar. Me soplaron al oído un batiburrillo: un cuento oriental, una foto del año 1983, un mito griego y una frase curiosa. Con todo ello intentaré escribir algo ordenado y coherente, por si os agrada u os hace pensar.

Yo soy la del jersey verde y los vaqueros. La otra es mi amiga Fina Riaño y estamos en Siracusa (Sicilia) hace 35 años. La gente que se ve a la izquierda está asomada a la fuente de Arethusa, que está llena de plantas de papiro. Por cierto, es el único lugar de Europa donde crecen. Para que la veais con más detalle os pongo otra foto desde el aire.





Como acabó Arethusa convertida en una fuente?
En la mitología griega, Aretusa era una náyade hija de un dios fluvial arcadio y conocida cazadora. Alfeo se enamoró perdidamente de ella, pero Aretusa, que se había prometido permanecer siempre virgen, pidió auxilio a su compañera Ártemis, que la transformó en corriente de agua para que huyera así de las solicitudes del dios. Cuando se vio totalmente acorralada, Aretusa dirigió su curso bajo el mar y apareció en la isla de Ortigia, generando el manantial que lleva su nombre, cerca de Siracusa. Queriendo aun así materializar su amor, el río Alfeo mezcló desde entonces sus aguas con las de la fuente Aretusa. La ninfa fue divinizada por los habitantes del lugar, que le dedicaron numerosa poesía bucólica y la representaron en las monedas rodeada de delfines. Vamos, algo así como ¿no quieres caldo? pues toma dos tazas, guapa.
Las musas beodas me soplaron también algo que cuando me lo contaron me dijeron que era un cuento oriental, pero que ahora encuentro en una web  atribuido a García Márquez, lo que me extraña mucho:

"Había en Bagdad un mercader que envió a su criado al mercado a comprar provisiones, y al rato el criado regresó pálido y tembloroso y dijo: Señor, cuando estaba en la plaza del mercado una mujer me hizo muecas entre la multitud y cuando me volví pude ver que era la Muerte. Me miró y me hizo un gesto de amenaza; por eso quiero que me prestes tu caballo para irme de la ciudad y escapar a mi sino. Me iré para Samarra y allí la Muerte no me encontrará. El mercader le prestó su caballo y el sirviente montó en él y le clavó las espuelas en los flancos huyendo a todo galope. Después el mercader se fue para la plaza y vio entre la muchedumbre a la Muerte, a quien le preguntó: ¿Por qué amenazaste a mi criado cuando lo viste esta mañana? No fue un gesto de amenaza, le contestó, sino un impulso de sorpresa. Me asombró verlo aquí en Bagdad, porque tengo una cita con él esta noche en Samarra".

Este cuentecillo y la historia de Arethusa nos viene a decir que no se puede luchar contra el destino y si intentamos huir, lo que hacemos es precipitarnos en aquello de lo que huimos.

En ese momento mandé a mis musas a dormir la mona, lo que me agradecieron mucho.

Y aquí os dejo para que con tranquilidad reflexionéis sobre el destino, el libre albedrío y esos temas tan trascendentales.

Chao

lunes, 14 de octubre de 2019

240. Dejaos de indigación y espabilad (1)

Para todos aquellos que creen que el problema está en los poderosos, los gordos. Para todos aquellos que creen que la solución está en la gente corriente, en los partidos minoritarios. ¡Espabilad de una vez!

Enteraos bien. El problema está también, y no poco, en la gente normal: en el señor que te vende la pescadilla, en la dependienta de El Corte Inglés que te cobra un pantalón, en el dentista que te empasta una muela, en el reponedor del Carrefour, en el fontanero que te arregla una gotera, en el conductor del autobús que te lleva todos los días a tu trabajo… En fin, añadid aquí cualquiera de las otras dos mil posibilidades.

Y como no me gusta acusar sin pruebas, os cuento una historia de terror. Y estoy casi segura de que se repite hasta el infinito en toda España.

Chiclana de la Frontera. Municipio de la provincia de Cádiz. Población de más de 80.000 habitantes. Término municipal de 203 km., un tercio de los cuales forma parte del Parque Natural Bahía de Cádiz. Playas maravillosas, lagunas. Tres campos de golf (uno de 54 hoyos y dos de 18). Tres hoteles de 5 estrellas e innumerables de 4 estrellas. Peeero…

También cerca de 40.000 viviendas y construcciones ilegales y más de 1.700 expedientes incoados por delitos urbanísticos. Y 25.000 fosas sépticas. Ese número tan exagerado proviene solamente de la construcción irregular de viviendas y chalets. Se están dando serios problemas de contaminación con grave riesgo para la salud, ya que estos pozos ciegos están contaminando los pozos de aguas subterráneas.

Dichos delitos y atropellos ocurrieron casi todos entre 1983 y 2007, años en los que Chiclana estuvo bajo gobierno municipal del PSOE y gobierno autonómico del mismo partido, instituciones de las que depende toda la gestión urbanística. Décadas en las que se permitieron todos esos desmanes y los mencionados expedientes se arrinconaron impidiendo su tramitación. Si alguien intentaba denunciar, se le acosaba, se iniciaba una campaña de descrédito personal e incluso recibía amenazas. Manos negras impiden sistemáticamente que el “caso Chiclana” sea investigado. Sólo a partir de 2007, año en que una coalición de PP, IU, PA y PSA arrebata el poder al PSOE, se comienza a denunciar el escándalo. El PP calculó que los 1.717 expedientes obviados por el PSOE han supuesto para el Ayuntamiento dejar de ingresar un mínimo de 100 millones de euros. Incluso el Defensor del Pueblo Andaluz ha pedido la intervención de la Agencia Tributaria ante la sospecha de que exista también un delito fiscal.

Todas estas personas bienintencionadas que han apoyado los recientes movimientos ciudadanos de movilización lo hacían desde el convencimiento de que la solución a los problemas que tenemos ahora dependía de la gente corriente, de gente como tú y yo, al margen de la política y los grandes bancos. Peeero…

Hace unos once meses, esas personas que han levantado las casi 40.000 viviendas ilegales (casi todas ellas segundas viviendas) forman un partido político con la intención de presentarse a las recientes elecciones municipales del 22 de mayo. El PVRE (Partido Vecinal Regionalista), formado, no lo olvidemos, por personas que han cometido un delito, no tiene ideología política que se sepa. Su objetivo, declarado y publicado, es exigir la legalización de sus edificaciones (por la mismísima cara). Es lo único que tienen en común los que forman el PVRE, además de que muchos de ellos tienen procedimientos penales en curso. Así que no nos engañemos. Los que forman el PRVE estuvieron muy calladitos mientras gobernaba el partido que hacía la vista gorda sobre sus delitos. Y sólo cuando intuyen que se les termina ese chollo crean un partido “de ciudadanos indignados que sólo aspiran a que las cosas cambien” para chantajear a los partidos mayoritarios a fin de que la situación se prolongue. Algunos fiscales han alertado de que este grupo únicamente aspira a convertirse en un grupo de poder que trata de imponer la línea a seguir a los Ayuntamientos en el ejercicio de la disciplina urbanística y a que la ejecución de obras y servicios que tendrían que haber pagado ellos se haga con fondos públicos.

Estamos hablando de gente corriente, de esos ciudadanos que, a buen seguro, en estos días atrás se habrán manifestado indignados con el Sistema. Estamos hablando de personas que han cometido un delito. Y no son políticos profesionales sino, como escribí antes, el monitor del gimnasio, la frutera, el dueño del quiosquillo de periódicos o la limpiadora por horas. Esos que hace unos días pedían que nos uniéramos a ellos para salvar el país. Y esas personas han conseguido en las últimas elecciones municipales 2 concejales. De ellos depende ahora la formación del gobierno municipal de Chiclana, puesto que el PP ha obtenido 11 concejales, el PSOE 10, el PVRE 2 e IU otros 2. Un puñado de gente que se ha pasado la ley por el forro durante más de veinte años tiene ahora en su mano la llave del gobierno municipal. Ahora mismo los del PVRE están esperando a ver qué les ofrecen unos y otros, y se irán con aquellos que les prometan la amnistía, el olvido. Lo que se haya perdido por el camino, ¿qué narices importa?

Para empezar me pregunto cómo en el año 2010 las autoridades competentes permitieron la creación de un “partido” con esa declaración de intenciones, que incluye entre sus filas a numerosísimos imputados en procedimientos penales.

Para continuar, decido que el problema no está únicamente en los políticos ni en los bancos. El problema está en la falta de honradez generalizada, que afecta a más gente de la que parece. El problema está en que hace décadas que en España se frivolizó el hecho de cometer un delito. El problema está en que la gente corriente, el ciudadano indignado, siempre ha hecho gala de engañar a Hacienda, de cobrar en negro, de cobrar un subsidio de desempleo mientras ganaba dinero de forma subrepticia o de aprovecharse de las amistades y los parientes para conseguir puestos de trabajo. El problema está en que los que ahora están estudiando ESO ya son enseñados por sus padres a saltarse sus obligaciones, a que con una mentira se puede “justificar” cualquier cosa antes que reconocer que tu hijo es un pájaro de cuidado, a buscar atajos para evitar esfuerzos, a que con la violencia se presiona a los profesores y a los compañeros más débiles

¿Cuántas veces no nos habremos enterado de como padres de familia falsificaban documentos con la única intención de obtener una plaza escolar a la que tenían menos derecho que otros? Os recuerdo la entrada que escribí sobre cómo muchísimos matrimonios llegaban incluso a divorciarse (aunque siguieran viviendo juntos) para que sus hijos tuvieran más puntos a la hora de entrar en un centro determinado. ¿Qué lección práctica habrán aprendido estos hijos?

¿Cuántas veces no habremos oído como mucha gente (repito que ciudadanos “normales”) presumían de listos por todo ello y nos tachaban de imbéciles a los que pedíamos una licencia municipal y aflojábamos la pasta para hacer una obra en casa, por poner un ejemplo? Su razonamiento: si Fulano y Mengano roban, ¿por qué voy yo a actuar honradamente? A mí ese razonamiento no me vale.

Por eso, NO ME CREO NADA. No me creo que toda la corrupción, la avaricia y la burla a la justicia esté del lado de los políticos y compañía. No me creo que detrás de toda esa indignación haya exclusiva intención de hacer las cosas bien, correctamente, legalmente, moralmente. Lo que creo es que mucha gente, al menos en el caso de Chiclana, quiere obligarnos a que hagamos la vista gorda ante sus delitos, los olvidemos. Y que les perdonemos millones de euros. Porque sí, porque ellos lo valen. Porque los ciudadanos de a pie también están dispuestos a enmierdarse por unos euros; muchos ya lo han hecho. Y, ya entrados en la rueda de la corrupción, ¿por qué van a parar?
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(1) Esta entrada corresponde a mi antiguo blog,  que figuran en el texto no son las últimas. Y las cantidades reseñadas están anticuadas, son obsoletas.

239. Una solución brillante

Estaba yo reflexionando, como manda la jornada de reflexión, y de repente se me ocurrió una idea loca. ¿Por qué no lo hemos pensado antes? Aún no sé si es que soy muy lista y soy la primera del mundo en tener esta idea, o soy una imbécil y una ignorante y se me ocurren cosas absurdas e imposibles. Juzguen ustedes:El gran desarrollo tecnológico y el crecimiento de la población, que demanda cada vez más uso de los recursos naturales, hacen evidente que la humanidad ejerce una considerable influencia sobre su ambiente y sobre los organismos que forman parte de él. Creo que en este aspecto no hay que insistir más. El potencial que la ingeniería genética representa para prácticamente crear nuevos organismos es un ejemplo de la capacidad que el hombre moderno tiene para influir en la naturaleza que lo rodea. Sin embargo, esta influencia no es reciente: se ejerce desde la época de los primeros homínidos, esto es, hace unos 3’5 millones de años.Ya desde entonces, los incipientes grupos de homínidos organizados que contaban con cierta capacidad de comunicación social, empezaron a influir en forma cada vez más selectiva y dirigida sobre su ambiente y sobre los organismos de los que dependían para alimentarse.
La invención de la agricultura fue una innovación tecnológica esencial que se produjo como resultado del conocimiento detallado que el hombre tenía de las plantas que utilizaba como fuente de alimento, del clima y del ambiente físico y biológico de las áreas que adaptaba para concentrar un alto número de individuos de una planta útil y así cosecharlos al mismo tiempo. El efecto de la naciente tecnología agrícola sobre la naturaleza fue doble: primero, ocasionó la modificación gradual, pero sostenida, de plantas originalmente silvestres que adquirieron nuevas características útiles al hombre y se transformaron en plantas cultivadas y, segundo, produjo la aparición de nuevos ecosistemas creados por el hombre y sostenidos por su actividad: los campos de cultivo.

Posteriormente al proceso de domesticación de las plantas apareció el de domesticación de animales, y se hizo cada vez más frecuente la manipulación de especies de forma que resultaran útiles al hombre de distintas formas.

Con la intencionalidad perfectamente comprensible de aumentar la calidad de vida se seleccionaron semillas, se modificaron animales para que proporcionaran más carne o más leche, se crearon razas de perros que ayudaran al hombre en la caza y en la protección de la casa y los rebaños.

Hemos conseguido extraordinarios avances en la medicina: una gallina que pone huevos cuya clara tiene un fármaco para tratar melanomas malignos, o cerdos fluorescentes creados buscando nuevos caminos en la investigación con células madre para la cura del Alzheimer. También gatos que no producen alergia a sus dueños. El cultivo de células animales en laboratorio es fundamental para la obtención de algunas vacunas y diversos productos biotecnológicos.

En todo este tiempo también hemos manipulado especies vegetales y animales por razones absurdas. Desde los primitivos motivos de subsistencia se ha llegado a crear variedades de especies con el único motivo de la decoración, como ocurre con las decenas de variedades de bambúes creadas mediante híbridos genéticos, para conseguir que sus tallos crezcan curvados en vez de rectos, o con sección perfectamente cuadrada.

Tenemos montones de razas de conejo de fantasía, cuya única razón de existir es tener mascotas extremadamente llamativas, por su tamaño (razas enanas o razas gigantes) o por su pelaje (presencia simultánea de franjas y varios colores, por ejemplo). Las cebritas TK2, peces sin más cualidad que resultar decorativos, poneys enanos, vacas-panda (una ternera modificada genéticamente para que naciera con el pelaje de un oso panda), animales fluorescentes (peces, gatos, cerdos y hasta monos), una repugnante rana traslúcida cuya piel es casi trasparente y deja ver el funcionamiento de sus órganos interno o la rata sin pelo.

La creación de mascotas extraordiariamente caras que distingan a sus dueños como poseedores de una gran fortuna es la única razón de la aparición de animales como el ashera, un gato nacido del serval africano, el leopardo y el gato domestico. O el misly, mezcla de zorro, perro y gato de los que sólo se crearon en principio diez ejemplares, alguno de los cuales llegó a venderse en España.

Y así, me pregunté: si hemos sido capaces de todo esto, ¿por qué no aplicar nuestra experiencia y conocimientos de millones de años a un tema que nos preocupa mucho más que tener un acuario lleno de pececillos monísimos? ¿Por qué no iniciar una línea de investigación dirigida exclusivamente a crear políticos como Dios manda? ¿No los necesitamos más que a un ashera o a un misly? ¿Vamos a ser más torpes y conformistas que los primeros homínidos aceptando lo que brota de un modo natural y espontáneo, si podemos mejorarlo?

Podríamos cultivarlos en laboratorio, especializados en diferentes temas: economía, lucha contra el terrorismo, avances sociales… No se daría el caso, entonces, de que un presidente de gobierno tuviera de economía los escasos conocimientos que un ministrillo de tres al cuarto, e igualmente poco formado, le podía transmitir en dos tardes.

Podríamos anular los genes de la avaricia, la ambición de poder, la locura, el relativismo moral, el desprecio de la ley, la tendencia a la mentira, la propensión a la violencia, y hasta la verborrea vacía y estúpida.

Al ser productos de laboratorio no tendrían madre, padre, hermanos o cuñados a los que enchufar en cargos creados ex-profeso.

Podríamos crearlos asexuados, con lo cual nos libraríamos también del cansino debate sobre la paridad, y de paso evitaríamos que utilizaran su poder y su influencia para utilizar sexualmente a otras personas, montar orgías o, simplemente, acosar a sus subordinados. Tampoco se reproducirían, con lo cual no existiría el molesto y tantas veces dañino grupo de “hijos de”.

Podríamos conseguir personas educadas, incapaces de realizar gestos vulgares, ordinarios e irrespetuosos.



Y, ya metidos en harina, con un pequeño esfuerzo más, tampoco costaría nada que su físico fuera normal y corriente. No pido bellezones, simplemente rostros que no dañen tus ojos cuando veas las noticias en televisión.

238. Justificaciones

 Los alumnos de mi instituto faltan muy poco, poquísimo. No quiero decir con esto que adoren venir a clase. Yo me inclinaría más bien por la teoría de que las madres no tienen la menor intención de aguantarlos en casa, unido al hecho de que para eso son un poco pavos. Ayuda, desde luego, la circunstancia de que tanto sus casas como el instituto están en mitad del campo, en tierra de nadie. Ya veríamos lo que ocurriría en el caso de estar en una calle concurrida de una ciudad cualquiera.

De todas formas, de vez en cuando falta alguno. Y los padres, muy bien acostumbrados, los envían de regreso al redil con el impreso de justificación de faltas convenientemente relleno. Los motivos, los habituales: enfermedades corrientes y visitas al médico o al dentista.

Pero muy de vez en cuando lees en el papelito alguna explicación fuera de lo común. Y esta mañana he encontrado dos de esas.

“Le dolía el pecho izquierdo“. La verdad, creo que no hacen falta tantos detalles.

“Encerrado en el garaje“. En este caso, sin embargo, se agradecería alguna explicación más, porque me he quedado con la duda de si se encerró en el garaje para no venir a clase, de si alguien lo encerró a posta o de si fue un encierro involuntario, una avería de la cerradura o el mecanismo de la puerta.


237. La boquita prestá

 En mi tierra hay una expresión que es “tener la boca prestada” (léase prestá). Se usa cuando quisieras decirle algo a alguien pero no te atreves por distintos motivos. Por ejemplo: “Es que es para tener la boca prestá y decirle que es un esto, un lo otro y un lo de más allá”. No tiene mucha lógica, pero así es.

Por la calle se da el caso, sobre todo con madres y niños, en los que te encantaría tener la boquita prestá y soltarle a la madre cuatro verdades. Por lo menos a mí me ocurre constantemente.

Ayer por la tarde. Un macaco de tres o cuatro años sale de una tienda a la carrera, en una calle estrecha con unas aceras estrechísimas. No mira si viene un coche, una persona mayor, o lo que sea. Si está pasando alguien por la acera se lo lleva por delante con el impulso. Detrás sale la madre llamándolo a gritos, sabiendo de antemano que el monstruo no le va a hacer el menor caso, pero es ya como un acto reflejo. Inmediatamente, se vuelve a una amiga y le dice “es que tiene la manía de no hacerme caso”.

A una le gustaría tener la boquita prestá y decirle: “Señora, eso no es una manía, simplemente se trata de mala educación”. Mientras ese ser no se comporte como un humano, debería usted llevarlo atado”. Si se educa a los perros, ¿por qué no educa igual a los hijos?”

Antes de ayer. Uno de esos padres “guays” que presumen de ser amigos de sus hijos le llama todo el rato “campeón”. Como el enano no ha llegado a los siete años, dudo mucho de que sea campeón de algo.

A una le gustaría tener la boquita prestá y decirle: “Caballero, aparte de saber fingir perfectamente que es un salvaje en lugar de un niño de un país civilizado, ¿de qué es campeón la criatura?”. Luego nos extraña que los niños estén crecidos y se sientan los amos del mundo, cuando llevan toda su vida rodeados de adultos que les llaman campeón porque sí.

Y así sucesivamente. Temiendo estoy las vacaciones de Navidad, cuando las calles están invadidas por padres/madres gilipollas y energúmenos de 80 centímetros.

domingo, 13 de octubre de 2019

236. Una carrera fugaz

Cualquiera que me conozca sabe de mi profunda resistencia a dejarme fotografiar. Solamente en los viajes, en algunos sitios verdaderamente espectaculares, me he dejado hacer alguna foto. Y tengo muy claro de detrás de mí no voy a dejar ni una sola foto en la que yo aparezca.

Pero al parecer no ha sido siempre así. Lo digo porque siempre hubo en mi casa muchas fotografías de cuando yo era pequeña. Y se nota que no me molestaba posar, porque siempre aparezco muy sonriente y sin esquivar la cámara. Una de las historias que circulan por mi familia es, precisamente, la de mi fugaz carrera como modelo publicitaria.

Más o menos a los seis meses me quitaron los faldones y los enaguados, pero como era el mes de febrero, estuve varios meses más vestida con peleles y ropa de ese tipo, en espera de las temperaturas primaverales. En mayo, por fin, me vistieron con mis primeros trajes cortos, que eran de villela, estampados con florecitas, y adornados con punto inglés. Y, como no, me hicieron una serie de fotos para dejar constancia del momento, como si en vez de una puesta de corto hubiera sido una puesta de largo.

Algunos meses después, en la mejor perfumería de la ciudad se montó un escaparate de productos infantiles y (téngase en cuenta que era 1960) como entonces las marcas comerciales no enviaban a las tiendas esas grandes fotos en color que adornan los escaparates de hoy, pidieron al propietario de un estudio fotográfico que quedaba al lado de la tienda algunas fotos de niños para adornarlo. Allí era donde me habían hecho las fotos, y la costumbre era que conservaran los negativos, de forma que el fotógrafo seleccionó justo la serie de fotos que me había hecho (una de ellas es la que figura en este post). A los de la perfumería les gustaron y encargaron enormes ampliaciones. En aquel momento a nadie le parecía mal algo semejante, y ni les pasaba por la cabeza pedir autorización a los padres de la niña en cuestión.

El caso es que allí estaba Carmina, ampliada a tamaño poster, presidiendo un escaparate de colonias, champús y polvos de talco, en una de las calles más céntricas de Cádiz. La perfumería estaba muy cerca de la casa de mi abuela y del despacho de mi padre, y además toda mi familia compraba allí, de forma que era cuestión de unos días el que se enteraran. Y mi padre se presentó en la perfumería exigiendo que las fotos se retiraran inmediatamente. El dueño de la tienda se deshizo en excusas, alegando que no sabía quién era la niña, y las fotos se quitaron en ese mismo momento. Es decir, mi carrera como modelo publicitaria duró aproximadamente tres o cuatro días.

Hacerse el sueco

Hacerse el sueco, es hacer como que no te enteras de algo, desentenderte de una obligación o hacer como que la cosa no va contigo, para eludir una responsabilidad.

Existen, tanto en libros publicados como en internet, varias explicaciones diferentes sobre el origen de esta expresión. Yo os voy a contar la primera que supe, que además tiene la particularidad de haberse originado en Cádiz, mi ciudad.

Durante los siglos XVII y XVIII, cuando Cádiz era un emporio comercial por cuyo puerto pasaban las mercancías más codiciadas, existían en la cuidad numerosas colonias extranjeras: italianos, franceses, malteses, irlandeses, flamencos, armenios, griegos, portugueses, suizos, saboyanos..., todos dedicados al comercio. Pero también era tiempo de guerras, que con frecuencia involucraban a varias de estas nacionalidades, lo que implicaba la prohibición de comerciar con "el enemigo". A veces, algunos comerciantes, para no interrumpir su negocio, fingían ser suecos, con lo cual la compraventa y los tratos comerciales no se veían afectados y se continuaban realizando con toda normalidad. Ayudaba el hecho de que por entonces las leyes no prohibían el uso de "banderas de conveniencia". Es decir cuando convenía "se hacían los suecos".



235. Estética con mensaje discutible

En escaparatismo, como en todo, hay estilos. Hay buen gusto y mal gusto. Hay originalidad y sosería. Y hay cosas que dañan la vista, no por haber escogido mal los colores o los materiales, sino por el mensaje que puede sugerir la forma de exponer una mercancía.

 En su afán por resultar originales los de Caramelo han cometido una atrocidad, por lo menos en la tienda que tienen al lado de mi casa. Los escaparates contienen sólo un maniquí y un montón de libros cada uno. Pero lo malo es cómo y dónde están dispuestos esos libros. En algunos los libros se extienden como una alfombra sobre la cual pisan los maniquíes. En otros, los libros se agrupan formando varios montones de diversas alturas que los maniquíes usan para sentarse sobre ellos y apoyar los pies.

A los que nos gustan los libros, no como objeto de decoración, sino por lo que contienen, por lo que enseñan, por lo que nos muestran, porque reunen todo lo que el hombre ha creado y ha investigado, estos escaparates son como un puñetazo en los ojos. Y el mensaje que transmiten nos parece terrible. Los libros pisoteados sólo para mostrar estúpidamente unos cuantos conjuntos de ropa.

Habrá quien diga que me pongo muy trágica con este tema, pero me parece espantoso que a muchas personas se les quede esa imagen de los libros como un mero soporte para los zapatos que luce un muñecote de plástico.

Imagino que cuando desmonten esos escaparates dentro de poco para cambiarlos por otros, tirarán esos libros. Al fin y al cabo, ya han cumplido su misión.

martes, 1 de octubre de 2019

234. Templo de Shiva. Isla Elefanta, Bombay, India


Una noche en tren, un larguísimo viaje en avión (Madrid-Frankfurt-Nueva Delhi-Bombay) y directamente al puerto de Bombay: hay que aprovechar la marea. Casi una hora de barco y, por fin, la isla Elefanta. Mi primer contacto con India: el santuario dedicado a Shiva excavado en la roca. Silencio, fresco, tranquilidad.

En ese momento se me olvidó que estaba cansada, que estaba deseando darme una ducha, que tenía sueño y hambre, y empezó mi larga historia de amor con la India, que dura hasta hoy.

233. Isla de Ellis. Nueva York EE.UU.


La isla Ellis, situada en la bahía de Nueva York, es muy conocida y actualmente es uno de los principales puntos de interés turístico de la ciudad. Durante años, fue un punto de entrada vital para los inmigrantes que llegaban a los Estados Unidos. Fue el centro de inspección y control de inmigración más ocupado y con mayor tráfico durante los años en los que el sueño americano atrajo a millones de personas al norte de América. Actualmente forma parte del Monumento de la Estatua de la Libertad.

El primer inmigrante, la primera realmente, que pasó por allí fue Annie Moore, una irlandesa de 15 años. Era el 1 de enero de 1892 y junto con sus dos hermanos llegaba a los EEUU para reunirse con sus padres, que llevaban dos años en Nueva York. La última persona que pasó por la isla Ellis como centro de control de inmigración fue un marino noruego llamado Arne Peterssen. Era 1954.

Algunos inmigrantes famosos que pasaron por la isla Ellis fueron Asimov, Frank Capra, Xavier Cugat, Max Factor, Cary Grant o Lucky Luciano, por citar algunos.


232. Gafe total

Algunas personas tienen especial mala suerte. Hace un rato escuchaba en el telediario que se cumple un mes del accidente de la mina de Chile y que era posible que aquellos pobres hombres no pudieran salir de allí hasta noviembre. La verdad es que se me encogió el corazón viendo las imágenes de cómo hoy hablaban por primera vez por teléfono con sus familias. Los familiares podían verlos, además de oírlos, pero ellos sólo tienen el sonido.

Al cabo del rato me entero de una noticia que, a pesar de todo el dramatismo, me ha hecho sonreír un poquito. Resulta que fuera, en la boca de la mina, se ha formado un buen sainete. La esposa de uno de los mineros se ha enterado allí mismo de que él tenía una amante desde hace cinco años, al encontrarse las dos en ese momento trágico.

Yonni Barrios, de 50 años, se encuentra atrapado por partida doble: a 700 metros bajo tierra y en un triángulo amoroso recién descubierto. El País habló de él el otro día, al ser el único que tiene unos pocos conocimientos de enfermería y ser, por eso, el encargado de cuidar de la salud de los otros. Sin embargo cuenta la noticia de una forma diferente, comentando que se había marchado de su casa hace un año tras 28 años de matrimonio y estaba conviviendo con otra mujer. Sin embargo, parece que las cosas no están tan claras ni la situación es tan civilizada. El hermano de Yonni ha reconocido que mantiene contacto con las dos mujeres.

En un acto al pie de la mina, la esposa descubre a la otra presentándose como su pareja, y la desmiente, asegurando (probablemente ante cámaras de televisión o periodistas, aunque no se mencione) que son un feliz matrimonio, que lo espera con los brazos abiertos y que la otra mujer no le preocupa.

Por su parte, la segunda mujer dice que de eso, nada, que son almas gemelas, que llevan cinco años de relaciones, que Yonni, cuando salga, seguirá con ella, y que la todavía esposa ofcial no representa ninguna competencia para ella.

Curiosamente, el primer enfrentamiento entre las dos ha ocurrido cuando un rico empresario minero anunció que donaría una cantidad equivalente a 8.000 euros a cada uno. La amante fue en seguida a pedir dicha cantidad, mientras que la esposa defendía que le correspondía a ella, por ser legalmente su esposa.

Para hoy se esperaba un segundo enfrentamiento, al estar programada esa videoconferencia entre los mineros y los familiares, porque las dos han pedido comunicarse con su hombre, y sólo le será posible hacerlo con una. ¿Con cuál de las dos pondrían al habla a Yonni? Es una lástima, pero los telediarios no han dicho nada sobre ésto.

Cuando llegue noviembre, ¿querrá Yonni salir del agujero?

231. El tópico de la porno-enfermera

Si se hiciera una encuesta por la calle preguntando cuáles son los países más avanzados de Europa tanto en lo social como en lo educativo, estoy segura de que la inmensa mayoría de la gente nombraría a Suecia, Finlandia, Dinamarca y Holanda. Reconocemos que debe ser un horror soportar el clima de estos lugares. Quizás, después de un ratito de reflexión, decidiríamos que no cambiamos tanto civismo, tanta educación, tantas prestaciones sociales y tanta libertad por nuestra vida más pobre y más sacrificada; seguramente le sacamos más partido a nuestra vida social y festiva de lo que se lo sacaríamos al hecho de tener garantizados ciertos servicios. Y, por supuesto, acabaríamos reconociendo que nos horrorizaría pagar impuestos por más de la mitad de nuestros ingresos. Pero seguiríamos pensando que “aquello” es el summun de la civilidad y el desarrollo, y que lo que ocurre es que todavía no somos capaces de sacrificarnos tanto por llegar a esos niveles.

De vez en cuando salen datos que contradicen estas creencias, pero es muy difícil desterrar los tópicos. Muy poca gente se creería el hecho de que Suecia y Finlandia encabecen el ranking de mujeres muertas por violencia machista, pero ahí están los datos, desde hace ya algún tiempo. Sabemos que Dinamarca tiene niveles de vida y educativo entre los más altos del mundo, pero la obstinada realidad nos muestra que en los últimos años no para de crecer la delincuencia menor y los actos de vandalismo.

Y ¿qué decir de Holanda? Con la eutanasia legalizada, parques con zonas delimitadas para encuentros homosexuales, coffee-shops donde se puede consumir tranquilamente marihuana, prostitución legal (1), y ese principio básico de que todo aquello que perjudique sólo a uno mismo debe ser permitido, nos parece el no va más.

Y justo desde Holanda llega una noticia que parece absolutamente impropia de tal lugar. Una proporción bastante grande de pacientes considera que las enfermeras deben prestar también servicios sexuales a petición de los pacientes. No puede ser un caso aislado, ni una docena, puesto que el sindicato de enfermeras holandesas se ha visto obligado a lanzar una campaña a nivel nacional que deje claro que las interesadas se niegan a ello, y que el sindicato las apoya.

La campaña ha surgido después de la denuncia de una enfermera de 24 años despedida de su trabajo por negarse a los requerimientos de un paciente a quien atendía en su domicilio. Pero repito que me extraña que toda una campaña publicitaria a nivel nacional se monte por unos pocos casos, así que debe ser una manera de pensar bastante extendida entre los hombres holandeses.

Si no fuera porque tengo muy asumido el hecho de que, sin darnos cuenta, nos alimentamos principalmente de tópicos, muerta me hubiera dejado la noticia. Sin embargo, ya no me extraño de nada. Lo que no quiere decir que ya no me altere por nada. Al contrario, creo que cada vez me tomo las cosas más a pecho.

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(1) Conviene precisar que en este punto hay controversia. En nuestro país hay quien considera la legalización de la prostitución como un signo de progreso y quien, desde ideas políticas bastante progresistas, opina justamente lo contrario.

230. De aquellos polvos......estos lodos

Cuando compruebo la de días que llevo sin escribir en este blog (las entradas de los otros dos las tenía en borradores y sólo voy publicando lo que había escrito en el verano) y pienso en los motivos, con lo que a mí me gusta escribir y la de veces que he escrito más de tres entradas a la semana, me veo aún más cargada de razones para discrepar de todos aquellos que, con el desconocimiento que da el estar fuera del mundo del que pontificas, están últimamente hablando mucho de educación.

Se me pasan los días sin leer los periódicos, no tengo tiempo para nada, y es que “los que ganamos un sueldazo sin dar ni golpe”, como funcionarios de caricatura que al parecer somos, no hemos parado desde hace 27 días.

Dicen los que tanto envidian nuestra situación pero son incapaces de hacer nuestro trabajo, que “tenemos vacaciones hasta el día 15 de septiembre”. Pues a ver si voy a ser una desgraciada a la que no han avisado, pero voy al instituto todos los días desde el 1 de septiembre. Y no para pasearme, o para hacer el paripé, sino para ocuparme de un millón de papeleos que no deberían corresponderme, perseguir telefónicamente a los padres de los alumnos que no devolvieron los libros que les fueron prestados el curso pasado o darle vueltas al irresoluble problema de qué podemos hacer con un alumno con retraso mental que han matriculado este año en 1º de ESO (1). Las tardes se están yendo en hacer desde cero la programación de 1º y 3º de ESO y preparar actividades nuevas, ya que hay libros de otra editorial.

Mientras tanto, ya llevamos 13 días de clase con temperaturas agosteñas (hoy 33 grados a media mañana, lo que no está mal), para información de aquellos que todavía sacan de vez en cuando esas idiotas comparaciones (pues en Dinamarca empiezan las clases el 15 de agosto…) que no tienen ningún sentido al hablar de nuestro país (en Dinamarca, las temperaturas de agosto oscilan entre los 12 grados de mínima y los 21 de máxima). A ver si alguno de ellos tiene la valentía de reconocer que le importa un comino que su hijo esté en un aula donde la temperatura pasa de los 35 grados y reconoce que su interés en un comienzo de curso temprano es únicamente por tener al niño aparcado en algún lugar donde se lo cuiden gratuitamente.

Y esta tarde, en un ratito en que me doy una vuelta por media docena de periódicos digitales veo una noticia que me confirma lo que ya auguré hace años que pasaría.

Siguiendo con el fingimiento, padres y profesores, de que protestan sólo por el bien de la educación de sus hijos, publican un ejemplo que según ellos les da la razón: una profesora de lengua (se supone que Licenciada en Filología) se ve obligada a dar clase, además, de latín y francés. Y claro, eso es de todo punto imposible. Bueno, es imposible para alguien menor de 30 años. La citada profesora reconoce que aunque estudió francés en el instituto está teniendo que estudiar ¡los números y los colores! en francés para poder luego dar clase (qué mal deja eso al francés que le enseñaron), y que también está teniendo que disimular que sabe latín, lo que es todavía más grave, porque forzosamente tuvo que estudiar latín en los años comunes de la carrera.

Tengo 52 años, estudié bachillerato de Ciencias, pero antes de meterme por esa rama ya había dado dos cursos de latín (con 12 y 13 años). A esa edad, los estudiantes de hoy no sólo ven el latín como algo al alcance sólo de superdotados, sino que no son capaces de bajar de las 15 faltas de ortografía en un examen escrito en su propia lengua. Así que, aunque estudié bachillerato de Ciencias y luego Historia del Arte, podría perfectamente dar clase de latín a estudiantes principiantes sólo con lo que recuerdo de 39 años atrás. Y si hubiera estudiado francés en el instituto (estudié inglés), no hubiera tenido que volver a los números y los colores, desde luego.

Afortunadamente, en mi centro hay profesores de lengua a los que no les pilló la castración intelectual de EGB-BUP y sus continuaciones, y no tienen problemas para dar clase de latín cuando se les requiere.

Lo que hay hoy no es más que el resultado de dejar los últimos 30 años la educación en manos de políticos, en lugar de los auténticos y únicos profesionales del tema. A todos los que aplaudieron, jalearon y se jactaron de las “reformas” educativas, ahí tenéis. Somos un país del Tercer Mundo. Los chinos y otros asiáticos se van a comer el futuro de vuestros hijos. A mí ya no me va a afectar.

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(1) Ese es un tema peliagudo del que ya escribí otras veces. La criatura ha llegado a 1º de ESO con 14 años en lugar de con 12, y no sabe ni escribir. De hecho, unos días coge el bolígrafo con la mano derecha y otros con la izquierda; ni con eso se aclara. En su colegio de primaria había un profesor de Pedagogía Terapéutica, pero sólo lo sacaba de clase para apoyo durante 5 horas a la semana. El resultado es que va a perder otra serie de años sin poder aprender nada, que va a seguir sintiendo el rechazo de los compañeros a los que no puede seguir ni en las clases, ni en los juegos ni en las conversaciones de recreo, y que sus padres seguirán encantados de la vida y convencidos de que le están resolviendo la vida, “integrándolo”.