En fin, que esta sí soy yo y no la del post anterior Agradezco los comentarios que me habéis dejado, pero no es para tanto. Solo hace falta un poco de reflexión tranquila.
viernes, 5 de marzo de 2021
Donde dije digo, digo Diego
En fin, que esta sí soy yo y no la del post anterior Agradezco los comentarios que me habéis dejado, pero no es para tanto. Solo hace falta un poco de reflexión tranquila.
martes, 2 de marzo de 2021
La (no) adolescencia
Ayer, viendo una serie en Netflix, tuve una revelación. La serie es lo de menos, no es de ella de lo que voy a escribir. Pero uno de los personajes pronunció una frase que me hizo comprender cosas acerca de mi. Digo algo así como (aproximadamente):"Tengo 18 años pero, teniendo en cuenta los tres años que tuve cáncer, vivencialmente tengo 15" Y ahí está el quid de la cuestión. Repasando mi vida, he constatado mucha agitación, muchas subidas y bajadas, muchas turbulencias.
En primer lugar, no recuerdo haber tenido "adolescencia". Está claro que pasé por la edad de ser adolescente, pero no tuve comportamiento adolescente, al menos tal como lo suelen contar. No fui rebelde, ni desobediente, no desafié a mis padres, no pedí, ni mucho menos exigí, más allá de lo que me quisieron dar. Mis padres no tuvieron, por mi causa, ni preocupación, ni inquietud, ni disgusto alguno. Era mansa como un cordero. De la misma forma que pasé 10 años en el mismo colegio (de 1º de Primaria a 6º de Bachillerato) sin que me hubieran castigado nunca ni llamaran a mis padres en ningún momento.
Cuando, tras la carrera y 9 años en el Museo de Cádiz, me contrataron para las excavaciones del Teatro Romano de Itálica (¡el yacimiento arqueológico más importante de Andalucía!), pensé que había encontrado mi sitio en el mundo: la arquelogía. Y a los dos meses y medio de trabajo duro me encontré tan mal que tuve que abandonar, por primera vez en mi vida, un trabajo. Yo no sabía lo que era, y tardaron bastantes años en decírmelo. Fue mi primera crisis de fibromialgia. Carmina, olvídate de la arqueología y vuelve a la incertidumbre de no saber qué hacer con tu vida mientras en tu casa te consideran culpable del peor pecado existente: no tener trabajo.
Me dedico a la enseñanza: 3 años en Sanlúcar, y 21 más entre San Fernando y El Puerto y, de la noche a la mañana, mi vida patas arriba otra vez. Carmina, olvídate de trabajar, de viajar, de tu independencia, de tu intimidad y hasta de hacer punto.
Y, para colmo, a los 55 años me tienen que provocar la menopausia porque tengo una hemorragias tan fuertes que vivo en una constante anemia ferropénica. Ni siquiera eso vino a su tiempo, de forma natural, sino inducida artificialmente por un DIU que me colocaron y que tuve puesto 5 años. No sé qué efectos secundarios tiene eso, pero lo juntas a todo lo demás y es una bomba. Y, justo a los 10 años de quitarme el artefacto, me operan de cáncer de mama. Ahora toca pasar miedo y hacerte preguntas que ni voy a escribir aquí para no recordarlas.
Así han transcurrido los últimos 8 años y medio. Lo que explica que yo también pueda decir. "Según mi carnet de identidad tengo 61 años, pero vivencialmente sigo teniendo 52". Llevo 8 años con esa sensación y hasta ayer no supe como decirlo Porque estos 8 años y medio han transcurrido como si yo hubiera estado en coma. El mundo y todos sus habitantes siguieron viviendo mientras yo estaba detenida, como cuando aparece el simbolito de Windows dando vueltas mientras arranca el sistema operativo, o se carga una página en internet
¿Alguna vez habéis sufrido jet lag? Yo sí. Tu cuerpo te dice que son las 5 de la tarde, hora de echar una siesta con el estómago lleno. Pero el reloj te dice que no es hora de dormir y que faltan horas para comer. Así vivo yo, en un jet lag equivalente a haberme saltado 8 años de husos horarios. Soy la misma que a los 52 años, tengo los mismos deseos y los mismos gustos que entonces, pero oficialmente soy una anciana con problemas de movilidad. Para ciscarse en todo. Me siento como estafada por la vida. Después de haber hecho todo lo que se suponía que debí hacer para tener una buena vida. Tengo lo que tengo y no puedo pedir la devolución de los viajes a los que renuncié para tener unos buenos ahorros porque desde siempre supe que tendría que pagar a alguien para que se ocupara de mi, ni una compensación por pasar las tardes de los sábados y las mañanas y tardes de domingos y festivos en la sala de exposiciones de la Caja de Ahorros por cuatro miserables duros y tuve que escuchar como un psiquiatra me dice que con 48 años y sin pareja, debo tener alguna tara.
sábado, 30 de enero de 2021
Serpientes de verano y películas agradables
En los años 90 se puso de moda algo llamado el “Efecto Mozart”, que como tantas cosas fue un grano de arena convertido en montaña por un periodista sin nada que llevarse a la máquina de escribir. Oyó que al hacer ciertos test la puntuación subía un poco si se escuchaba música de Mozart mientras se realizaban y, con un par, escribió un artículo en el New York Times titulado: “Investigadores han determinado que oír a Mozart te hace más inteligente”. Lo que se suele llamar una “serpiente de verano”. El 14 de octubre de 1993 la revista Nature dio credibilidad científica a un montón de paparruchas (1).
A partir de ahí, la locura. Se reeditaron montones de cd’s de Mozart, el estado de Florida promulgó una ley que exigía que en las escuelas estatales se escuchara música clásica a diario y el gobernador de Georgia dio un presupuesto de 105,000 dólares anuales para que cada niño que naciese en su estado recibiera un casette o un CD de música de este autor.
A pesar de que el autor de la investigación original se apresurara a desmentir el bulo (dijo que no creía que hiciera daño, pero que el dinero se podía emplear con más provecho en mejorar los programas de educación musical), la gente prefirió creer al periodista liante y a todos los borregos que, sin ninguna base científica, lo siguieron (2).
En años posteriores se llegó incluso a delimitar, entre la inmensa obra de Mozart, cuál era la pieza que lograba mejores efectos: la sonata para dos pianos en re mayor K.448 (3), y la bola de nieve siguió creciendo, alimentada interesadamente por gente que sacó cd’s especiales para bebés («Barroco para su bebé» o «Mozart para papás y mamás») o libros. El que ganó más dinero con todo esto fue un tal Don Campbell, que registró la expresión “Efecto Mozart” y publicó dos best-seller y más de una docena de cd’s. Sin ser científico, defendía que la música de Mozart era buena para corregir unos cincuenta problemas, entre ellos el dolor de cabeza, de espalda, el asma, la obesidad, el alcoholismo, la epilepsia, la esquizofrenia, las enfermedades del corazón, el bloqueo del escritor, el sida, …. y que servía para otros menesteres como hacer un mejor vino, un pan más sabroso o para mejorar el sabor de la cerveza.
En los años posteriores se hicieron multitud de estudios, sin poder llegar a ninguna conclusión. Hacia el 2007 se empezó a recular, y la propia revista Nature se tuvo que tragar sus palabras, publicando un estudio del Ministerio alemán de investigación que concluía que escuchar tanto música clásica como la música más del gusto de cada cual no hacía a nadie más inteligente. Hace sólo dos meses un equipo de científicos de la Universidad de Viena, tras estudiar a 3.000 personas, acabó definitivamente con este mito.
Por fin se ha demostrado que el “Efecto Mozart” no existe, pero millones de personas seguirán creyendo que sí. A pesar de todo el fenómeno ha seguido creciendo y hoy día hay centros por todo el mundo donde se imparten tratamientos a base de Mozart. Para que luego se le quite importancia al hecho de que una cosa sea verdadera o no en su influencia sobre la vida de la gente (“Si no hace daño, ¿qué más da?”, suele ser el argumento defendido por aquellos que quitan valor a la verdad. Pues sí, hace daño, tomar algo falso por verdadero ya es un daño).
Todo esto viene a cuento porque, aunque nunca he pensado que escuchar música de Mozart me haga más inteligente, no puedo negar que después de escuchar muchísimas piezas de música clásica me siento mejor. Por eso, además de llevar una gran colección de piezas sinfónicas y de ópera en el iPod, me gustan las películas de cine que tienen que ver con la música clásica.
Y acabo de ver “El concierto” (por tercera vez). Y he comprobado que me sigue encantando. No es una película que pasará a los anales de la historia del cine, ni cambiará nuestras vidas, pero es agradable, simpática, nos entretiene, nos hace reir en muchas ocasiones, llorar un poquito en otras y, sobre todo, disfrutar de unas estupendas piezas de música clásica. Es una película hecha simplemente para gustar pero, ¿es eso malo? Hay estereotipos, por supuesto, y muy pocos creerán que un montón de personas represaliadas por su origen étnico se tomarían esta revancha tan surrealista y berlanguiana. Seguro que encontrarían mucho más creíble que los protagonistas de la película se armaran con ametralladoras y perpetraran una matanza para vengarse.
Empieza la película con el andante del concierto para piano y orquesta nº 21 de Mozart, y a ver quién es capaz de afirmar categóricamente que la audición de ese fragmento le deja completamente indiferente. Me ocurre lo mismo con muchas otras, como el “Ave Verum Corpus”, del mencionado Mozart, el Aria de la suite nº 3 de Bach, el Largo del concierto para dos laúdes y dos violines de Vivaldi (RV 93), o el aria Casta Diva, de Norma (Bellini), cantada por Joan Sutherland (4). Bueno, me ocurre con muchísimas más, pero no es cuestión de detallar el listado completo.
Lo que es cierto es que después de oir alguno de cientos de fragmentos musicales no soy ni un ápice más lista ni estoy más sana, más guapa o más joven, pero me siento hasta mejor persona. Y no porque crea en paparruchas pseudocientíficas, sino porque estoy convencida de que saber apreciar la belleza nos convierte en seres humanos.
……………………
(1) ¿Ves, Frankie, cómo tenía razón cuando defendí que el hecho de que algo saliera publicado en Nature o Science no era garantía absoluta de nada, que les habían colado muchas paparruchas?
(2) En cosas como esa son en las que me baso cuando me cabreo por el tema de las películas y series pseudo-históricas. La gente prefiere creer a un guionista que piensa que una escena de cama entre la hermana del rey de Inglaterra y un viejo repugnante que representa al rey de Portugal va a ser divertida, aunque nunca haya ocurrido, antes que averiguar si pasó o no, y se quedará con ese falso dato para siempre.
(3) Lo publicó Nature. No pongo el link porque el acceso a este artículo es de pago.
(4) Hace años tuve preparados preparados unos cd’s con una selección de piezas de música clásica que escuchaba mientras me pasaba horas hojeando legajos en los archivos. Tuve que quitar el aria de Norma porque me di cuenta de que, cuando empezaba, me quedaba absorta mirando al vacío, hasta el final. Y mientras había duradi la música se era incapaz de prestar atención a ninguna otra cosa y cualquier dato que hubiera estado buscando se me hubiera pasado por alto. Cansada de tener que volver páginas atrás para revisarlas de nuevo, eliminé el aria de Norma del cd.
miércoles, 27 de enero de 2021
Alrededor de Romeo y Julieta
Hay quien puede recitar alineaciones completas de equipos de fútbol, la filmografía completa de Cary Grant, o la lista de los ganadores del Tour de Francia. Yo no. Pero puedo enumerar una buena cantidad de títulos de obras de Shakespeare. Nunca he ocultado mi preferencia por este autor y hasta llego a lo que para muchos puede parecer una herejía. En mi biblioteca perfecta, Shakespeare estaría por delante de Cervantes y el Quijote. Creo que incluso gente que no lee jamás si le preguntaran por obras de Shakespeare diría al menos una: "Romeo y Julieta ". Se suele decir que Shakespeare es un clásico y que su pervivencia y su capacidad para generar una influencia en toda clase de manifestaciones artísticas que arrastra a través de los siglos como un cometa a su cola se debe a que en sus obras se retratan pasiones tan humanas que serán actuales mientras exista el ser humano. He visto representaciones de sus obras ambientadas en la época actual (por ejemplo, el "Sueño de una noche de verano") y aguantan, aunque yo prefiera la ambientación original.
Es cierto que hay una adaptación que me resulta intragable: la que dirigió Baz Lhurman en 1.996 y que se tituló Romeo + Juliet. Donde se sustituyen espadas y dagas por pistolas y fusiles de asalto, y las familias enfrentadas, los Capuleto y los Montesco son importantes hombres de negocios clandestinos. pero creo que se debe a que jamás pude soportar a Leonardo de Caprio y su afeminado rostro me repele. Los textos originales me parecen maravillosos y sospecho que las adaptaciones que se hacen de ellos para que puedan ser comprendidos por personas con un vocabulario algo escaso porque, desgraciadamente, una gran parte del público actual no comprendería muchas cosas. Perdonad, pero no puedo resistirme:
Romeo: ¡Qué bien hace escarnio del dolor ajeno quien jamás ha sentido dolores ...! (Julieta frente a la ventana). ¿Pero qué luz se deja ver allí? ¿Es el sol que sale ya por los balcones de levante? Sal, hermoso sol, y mata de envidia con tus rayos a la luna, que está pálida y ojerosa porque vence tu hermosura cualquier ninfa de tu coro. Por esa razón viste de color amarillo. ¡Qué terco es quien se arree con sus galas marchitas! ¡Es mi vida, es amor el que aparece! ¿Cómo podría yo decirle que es señora de mi alma? Nada me dijo. Sin embargo ¿qué importa? Sus ojos hablarán, y yo contestaré. ¡No obstante qué atrevimiento el mío, si no me dijo nada! Los dos más bellos luminares del cielo le ruegan que los reemplace durante su ausencia. Si sus ojos relumbraran como astros en el cielo, su luz sería suficiente para ahogar los restantes como el fulgor del sol mata el de una antorcha. ¡Tal cascada de luz manaría de sus ojos, que haría despertar a las aves a medianoche, y corear su canción como si hubiese llegado el alba! Ahora coloca la mano en la mejilla. ¿Quién pudiera tocarla como el guante que la cubre?
Julieta: ¡Pobre de mí!
Romeo: ¡Habló! Siento de nuevo su voz. ¡Ángel de amores que en medio de la noche te me apareces, como emisario de los cielos a la asombrada vista de los mortales, que deslumbrados te observan cruzar con vuelo muy rápido las esferas, y mecerse en las alas de las nubes!
Julieta: ¡Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? ¿Por qué no renuncias al nombre de tus padres? Y si careces de valor para tanto, ámame, y no me tendré por Capuleto.
Romeo: ¿Qué debo hacer, continúo escuchándola o hablo?
Julieta: Acaso no eres tú mi enemigo. Es el nombre de Montesco, que llevas. ¿Y qué quiere decir Montesco? No es pie ni mano ni brazo ni rostro ni fragmento de la naturaleza humana. ¿Por qué no tomas otro nombre? La rosa no dejaría de ser rosa, tampoco dejaria de esparcir su aroma, aunque se llamara de otra manera. Asimismo mi adorado Romeo, pese a que tuviera otro nombre, conservaría todas las buenas cualidades de su alma, que no las tiene por herencia. Deja tu nombre, Romeo, y a cambio de tu nombre que no es cosa esencial, toma toda mi alma.
Los psicólogos hablan del "efecto Romeo y Julieta". El esfuerzo, las dificultades y la lucha son ingredientes que, en lugar de hacer que en una relación sus integrantes tomen la decisión de separarse y así vivir tranquilos, se convierten en leña que utilizan para avivar el fuego de la pasión presente en el enamoramiento. Necesitan esos ingredientes para sentir algo por la otra persona. En el caso de que falten, puede que crean que ya no están enamorados. Aunque esto pueda parecer absurdo, tiene una razón de ser: la dopamina. Se sabe que los hábitos de las parejas cuya relación está condicionada por el efecto Romeo y Julieta, en realidad, están regidos por la dopamina. Un neurotransmisor, como bien señala el artículo Dopamina: síntesis, liberación de receptores en el Sistema Nervioso Central, que participa en la regulación de determinadas funciones como la emotividad y la afectividad. Cuando se produce una situación adversa como las que vivieron Romeo y Julieta, la dopamina aumenta.
Pero no era mi intención no era escribir sobre Shakespeare, ni sobre ningún otro autor, ni sobre adaptaciones cinematográficas, ni sobre psicología. Simplemente recordé dos historias reales que conocí a través de películas. No son las mejores películas de la historia, pero son agradables, nos enseñan como era el mundo antes de que naciéramos, se pueden ver en familia. En resumen, todo se reduce a un par de recomendaciones cinematográficas.
La primera historia ocurrió en los años 40 del pasado siglo.
Seretse Khama debía convertirse en el jefe o kgosi de la tribu Bamangwato, del entonces Protectorado Británico de Bechuanalandia (actual Botswana), en África. Pero antes de asumir el trono, se fue a estudiar Derecho en la Universidad de Oxford, en Reino Unido, en un viaje que cambiaría para siempre su vida.
En este país se hizo amigo de la británica Muriel Williams, y en 1947 esta le presentó a su hermana, Ruth Williams. Ruth era una empleada blanca de clase media de una compañía de seguros.
Se suponía que al graduarse, Seretse debía volver a casa, casarse con alguien de su propia etnia y convertirse en líder. Pero el príncipe africano se enamoró de Ruth.
La pareja quería casarse por la iglesia anglicana, pero se toparon con diversos obstáculos.
En Londres la cuestión racial era complicada en aquella época: "Los blancos y los negros no salían juntos en Reino Unido. Menos todavía una mujer blanca con un hombre negro".
Y los prejuicios también venían de África. El padre de Seretse había muerto cuando este era un niño y había sido criado por su tío, Tshekedi Khama. Este último no estaba de acuerdo con la relación entre su sobrino y Ruth. Se negaba a que hubiera un jefe de tribu con una novia blanca.
Un día antes de la boda religiosa, el tío escribió a la Sociedad Misionera de Londres para pedirles que la detuvieran.
Tshekedi Khama logró su propósito. "Pero Ruth era muy valiente y Seretse también", dice Muriel. Así que siguieron con sus planes de casarse. Seretse obtuvo una licencia de matrimonio civil y contrajo nupcias con Ruth en 1948, cuando él tenía 27 años y ella, 25. La unión desató polémica a nivel internacional. Hubo protestas en Sudáfrica, donde estaban prohibidos los enlaces interraciales por el régimen del apartheid. En Gran Bretaña tampoco aprobaban que hubiera una pareja mixta en una posición tan importante y en un país limítrofe como Botswana. El gobierno británico envió un equipo especial a Bechuanalandia para ver si Seretse era adecuado para convertirse en el kgosi de los Bamangwato. Aunque el comité no encontró nada malo en Seretse, Reino Unido lo exilió en 1951 y no pudo volver a su tierra natal por casi seis años. En 1956 renunció a sus derechos tribales y él y su esposa se mudaron a África como ciudadanos ordinarios. Recorrió todo el país y en 1962 fundó el Partido Democrático de Bechuanalandia. En 1965 fue elegido primer ministro. En setiembre de 1966, cuando Bechuanalandia se independizó de Reino Unido y pasó a llamarse República de Botswana, Seretse se convirtió en el primer presidente del país y Ruth en la primera dama. Khama fue reelegido como mandatario hasta 1979. Murió en 1980 mientras ocupaba el cargo. Ruth y Seretse tuvieron dos hijos, Uno de ellos, Ian,
La segunda historia comenzó un poco antes y ocurrió en EEUU.
Richard y Mildred Loving se conocieron en su ciudad natal, Central Point, en el estado de Virginia. Richard era blanco y Mildred tenía ascendientes afroamericanos y nativos americanos. Allí los negros y los blancos convivían en paz, trabajando juntos en las granjas y en el cultivo de tabaco, el motor económico del pueblo. Comenzaron a salir en el instituto, cuando Mildred tenía 11 años, seis menos que Richard. Al cumplir ella la mayoría de edad se quedó embarazada. Tener un hijo sin estar casados era un estigma imposible de asumir por aquel entonces, así que en 1958, la pareja viajó a Washington para contraer matrimonio. Pensaron que si vivían discretamente nadie los molestaría. Pero solo cinco semanas después, de vuelta en su pueblo, tras una denuncia anónima, el sheriff del condado los detuvo mientras dormían en su casa para meterlos en prisión. Su delito era el “cohabitar como hombre y mujer, en contra de la paz y la dignidad de la mancomunidad de Virginia”, una ley vigente en 17 estados por aquel entonces. Las comunidades del sur de Estados Unidos, normalmente más conservadoras y cerradas, han permitido que muchas de estas leyes perduraran hasta muy avanzado el siglo XX, en pos de la «integridad y pureza» de la raza blanca.
Eran las dos de la mañana y la luz de la linterna cegó a Mildred y Richard Loving. “Me desperté y vi esa luz… había un policía junto a mi cama”, recuerda ella. Con “voz amenazadora”, se dirigió al hombre con desdén y preguntó: “¿Quién es esta mujer con la que estás durmiendo?”. El sheriff y dos de sus ayudantes revisaron el certificado de matrimonio de la pareja y lo declararon nulo. Unas horas después, ambos estaban entre rejas. Richard salió a la mañana siguiente. Mildred fue recluida varios días más. Quizá fuera el color de su piel lo que provocó que la retuvieran más tiempo. O a lo mejor una pequeña venganza del policía por haber sido ella la que se levantó de la cama y frente a él, contestó a su pregunta: “Soy su esposa”. El juez los condenó a un año de cárcel, pero les ofreció suspender la sentencia si salían del estado y permanecían en el exilio durante al menos 25 años. Asustados y desconocedores de su derecho de apelación, la pareja huyó a Washington, donde vivieron un lustro. Los Loving volvieron brevemente a Virginia para visitar a la familia de Mildred (incluso hicieron el viaje en coches diferentes para no "provocar") y fueron arrestados de nuevo. Pero en esta ocasión, decidieron luchar. Fijaron la residencia en su ciudad natal y pidieron ayuda al Fiscal General del Estado y a la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles.
En 1.967, casi una década después de la boda, el Tribunal Supremo dictaminó que la ley bajo la que se los condenó era anticonstitucional y los Loving pudieron vivir por fin en el lugar donde siempre quisieron, Virginia. El triunfo de los Loving sirvió también para que unas 500.000 parejas interraciales (y no solo de blancos y negros) que entomices vivían en el país fueran reconocidas.
Tras tantos años de pelea, en 1975 un conductor borracho chocó contra su coche. Richard falleció y Mildred perdió el ojo derecho. Cuando se cumplía medio siglo desde aquella boda en Washington que no fue (o que no dejaron ser), en 2008 Mildred murió.
Visto lo visto, creo que de la obra de Shakespeare se seguirá hablando durante décadas y, quien sabe, quizás siglos.
FUENTES: Varios artículos de El País, BBC, y Fotogramas . Y Wikipedia.
viernes, 25 de diciembre de 2020
Beatus ille...
Esta mañana, como siempre, he mirado antes que nada mi correo. Y al encontrar un mensaje de una amiga, me dispuse a contestarlo. Lo que escribí fue, más o menos el germen de la reflexión que aquí os voy a desarrollar y que me ronda por la cabeza hace días. Cada vez que leo, u oigo en televisión esa cantinela de lamentos sobre como estamos pasando la Navidad, cuánto echan de menos los abrazos, el ansia de celebrar una Navidad "normal", me quedo bastante perpleja. ¿Por qué la gente habla como si estuviéramos viviendo el Apocalipsis? ¿Se ha vuelto el mundo del revés o solo yo? Porque yo no estoy viviendo, visto lo visto, en el mismo universo. Estoy en casa, sin asomar la nariz a la calle desde hace meses, y no estoy histérica, ansiosa ni deprimida. Tal vez es sólo que tengo capacidad de adaptación y bastante tolerancia a las frustraciones. Hago lo que tengo que hacer. Si tengo que esperar, espero. No pido más. No necesito más. Leo, veo muchos documentales, cine y series, aprendo cosas nuevas todos los días, las elaboro y os las cuento a vosotros, porque es algo que me encanta.
Pensando bien, creo que el clima un tanto histérico que vivimos es inducido por los medios de comunicación, no sé con qué oscuras intenciones. Los presentadores de los informativos, la publicidad, no permiten que te olvides de que debes sentirte desgraciado. de que estás viviendo casi al límite de nuestra capacidad de aguante. Si esas personas que desfilan, lastimosas, por las pantallas de televisión son realmente sinceras, las compadezco, porque son tan dignas de lástima como el hambriento que no tiene ni un mendrugo seco que llevarse a la boca, gente que ha perdido la capacidad de estar a solas con ellos mismos, o que no conciben "celebrar" si no es compartiendo una mesa con más de una docena de personas, personas a las que el silencio les hiere los oídos, y para las que la tranquilidad es sufrimiento.
Tal vez fue una suerte que desde pequeña aprendiera a distraerme sola, en vez de vivir como la hija de Felipe IV, rodeada permanentemente de bufones y meninas (1).
«Beatus ille» es una expresión latina que se traduce como «Dichoso aquel (que...)», y con ella se hace referencia a la alabanza de la vida sencilla y desprendida del campo frente a la vida de la ciudad. La temática del beatus ille es una de las cuatro aspiraciones del hombre del Renacimiento, que son: el beatus ille, el carpe diem («Disfruta el momento»), el locus amoenus («lugar idílico ») y el tempus fugit («tiempo que corre») y la consciencia de ello. la expresión viene de un poema de Horacio.
Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium
paterna rura bobus exercet suis,
solutus omni faenore,
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare,
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.
Dichoso aquél que lejos de los negocios,
como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes,
libre de toda deuda,
y no se despierta, como el soldado, al oír la sanguinaria trompeta de guerra,
ni se asusta ante las iras del mar,
manteniéndose lejos del foro y de los umbrales soberbios
de los ciudadanos poderosos».
Yo no pretendo cambiar la vida de ciudad por la del campo, ni me entusiasma ponerme a arar con bueyes, propios o ajenos, pero estoy libre de deudas y apartada de los negocios (el trabajo, en mi caso)y lejos del foro y los umbrales de los poderosos. Me adapto a lo que hay, a las circunstancias del momento (tenía entendido que la adaptabilidad nos ayudó a sobrevivir y nos libró de extinguirnos).
¡Feliz Navidad! y os recuerdo que para ser feliz no son imprescindibles panderetas y zambombas.
_________________________________________________________________ (1) Hace solo unos días he aprendido como era la vida en la corte de meninas y damas, cuáles eran sus obligaciones, cómo vivían.... en una amena charla de 45 minutos del canal de You tube del Museo del Prado: os pongo la url por si tenéis tiempo y ganas:
https://www.youtube.com/watch?v=eTu5vHzh0u0
domingo, 13 de diciembre de 2020
Mirando al pasado
Como consecuencia de mis múltiples y simultaneas actividades: clases en tres sitios diferentes, alguna charla ocasional a la que nunca me niego aunque siempre digo que es la última vez, etc, tengo como media docena de pen-drives donde guardo y trasladaba de acá para allá modelos de examen, presentaciones, memorias, fotografías... Esta mañana me he puesto a ver que había en cada uno. He borrado casi todo, pero he hecho un hallazgo que me ha divertido mucho: dos textos escritos en 2.010 papa poner en el blog y que nunca llegué a publicar. Y como hace mucho que no pongo nada en el blog, he decidido que voy a poner en práctica el sagrado mandamiento del reciclaje y os dejo las dos publicaciones: "La barra de la t y otras zarandajas" y "Conversaciones en la carretera". Con ustedes, la Carmina de hace 10 años.
martes, 24 de noviembre de 2020
"Coherencia"
Unas declaraciones de Penélope Cruz:
"En mi versión de Cenicienta, cuando el príncipe dice: '¿Quieres casarte conmigo?', ella responde: 'No, gracias', porque no quiero ser una princesa. Quiero ser astronauta o chef".
"Cuando leo cuentos de hadas a mis hijos por la noche, siempre estoy cambiando los finales, siempre, siempre, siempre, siempre. Que le jodan a Cenicienta, a la Bella Durmiente y a todas las demás. Hay mucho machismo en esas historias", añade la prota de "Piratas del Caribe" (sí, de Disney).
Al mismo tiempo, Pe posa encantada, junto con Jeff Bridges, para una serie de fotos de Anne Leibovitz sobre princesas Disney, caracterizada de Bella (de única profesión conocida, señora de Bestia).
Y a eso, señores, yo lo llamo incoherencia.
miércoles, 4 de noviembre de 2020
Pleamares de la vida
Pleamares de la vida es el título de una novela de Agatha Christie. Pero en la vida de todos hay pleamares, y bajamares, de forma que lo uso por la parte que me toca. Al mismo tiempo es como un bucle, porque esta historia comienza con un plagio.
Hace años, al principio de mi etapa como profesora de instituto (que empezó en 1.991), y a la vista de mi curriculum, me pidieron que me encargara de dos grupos de una asignatura optativa que se daba en bachillerato, Cultura Clásica.
Era una asignatura de reciente introducción a los planes de entonces. Tan reciente que ni siquiera había libros de texto para ella y yo misma hice los apuntes durante el verano. Para algunos temas busqué información en internet y encontré dos artículos justo sobre el tema que necesitaba, la relación entre los juegos deportivos en Grecia y la religión. Los imprimí para leerlos más cómodamente y decidir cómo enfocar el tema y qué incluir en el vocabulario que yo proporcionaba a los alumnos con cada tema. Los dos artículos eran de muy diferente extensión. Uno ocupaba 16 folios y el otro 23. Me leí primero el más corto. Al día siguiente, en una hora libre, me senté en la sala de profesores para leer el más largo y, a medida que leía, comprobé que todo me sonaba mucho, como si lo hubiera leído antes. Aquello olía a chamusquina que tiraba para atrás. Tras una comprobación mis sospechas se se confirmaron: el artículo corto era un plagio literal del artículo más largo. La "autora" sólo había suprimido párrafos enteros para dejar los 23 folios en 16. Aquello me indignó. El artículo "corto", es decir la copia, se había publicado en una revista argentina de teología y la persona que se lo atribuía era una estudiante de periodismo. Escribí a la revista contándoles lo que había descubierto porque estaba seguro de que los responsables de la revista tampoco sabían el fraude que les habían colado, adjuntándoles la url donde podían encontrar el artículo original. Inmediatamente se puso en contacto conmigo el hijo del director de la revista. Me contaba que su padre, un señor ya bastante mayor se había llevado un disgusto mayúsculo pensando que el prestigio de la revista que dirigía quedaba en entredicho. Estaban los dos muy agradecidos por mi aviso y querían decirme que se lo habían tomado en serio, habían eliminado de la revista en internet el texto del artículo y del índice el nombre de la "autora" y el título del artículo y que habían suspendido sus prácticas, con una buena reprimenda, además. Entonces acudí a San Google para ver si podía localizar al autor del artículo original, que resultó ser un profesor del departamento de Filología Griega de la Universidad Complutense. Sabiendo ya donde tenía que buscar fui a la web de la Universidad y le escribí a su correo de la Universidad, contándole toda la peripecia. Me respondió también muy agradecido. Se daba por satisfecho con las medidas tomadas por la revista porque consideraba que habían tomado porque sabía que ellos también habían sido engañados. Pero dio un paso más. Escribió a la Universidad donde la "copiona" estudiaba periodismo, donde tomaron las medidas que consideraron oportunas. Tras el correo de agradecimiento del autor del artículo original terminó mi contacto con esa persona.
Han pasado 29 años. Ahora estoy confinada en una butaca, y no por el virus. Echo muchísimo de menos mis clases, mis "niños" (que no son otros sino mis alumnos) y mantengo intactos mis intereses, mis temas favoritos y mi curiosidad por seguir aprendiendo. Procuro no estar ociosa. Leo mucho, veo documentales sobre muchos temas. Me distraigo escribiendo los blogs. Los blogs. En otro tiempo, me proporcionaron muchas satisfacciones. A través de ellos hice amistades muy profundas, no podéis imaginar cuánto. Hoy ¿qué me dan? Hay una faceta de mi forma de ser y es que cuando aprendo algo no puedo resistirme a compartir con otros lo que he aprendido. Eso me da muchas satisfacciones. Por eso escribo mis blogs. Saber que leéis esas cositas me da un subidón enorme. Al final, puro egoísmo, sentirme bien. Supongo que esa sensación me ayudó trabajar durante 21 años como profesora, y hubiera seguido en ello hasta jubilarme si un trombo no hubiera decidido aparcar en mi arteria carótida hace 8 años y medio. Aunque no estudié con la idea de dar clase, fui feliz como profesora. En estos últimos días he estado comunicándome con otra persona acerca de buenos y malos profesores. Y estoy convencida de que esa felicidad la notaban los alumnos. Cuando en 2.012 yo estaba recién salida del hospital los compañeros de trabajo venían muy a menudo a verme y me contaron lo siguiente:
El último centro en el que trabajé abrió cuando yo me trasladé a él. Era pequeño, sólo había Educación Secundaria Obligatoria. Para hacer Bachillerato, los alumnos debían irse a otro. Ahora ya ha crecido. Mi último curso fue también el último curso sin bachillerato. Antes de eso, a los alumnos de 4º de ESO se les hacía una despedida, con sus diplomas, sus premiecitos, su copetín y esa solemnidad que a los chiquillos les encantaba. Las niñas se ponían monísimas, estrenando vestidos y toda la parafernalia. Yo colaboraba haciendo un dvd con un montaje de fotos de todos desde pequeños hasta la final de ESO, con su música de fondo, que se proyectaba en una pantalla enorme entre muchas risas. Yo sufrí el ictus en la noche del 16 al 17 de junio de 2.012, y estuve 20 días hospitalizada, así que salí del hospital en julio y me perdí el final de curso. Cuando los alumnos se enteraron de lo que me había pasado, fue una delegación a ver a la directora y el portavoz preguntó con qué profesor se tenían que poner de acuerdo para el asunto de la despedida. La directora les dijo que ya no había despedida porque ya no se marchaban del instituto. Ellos insistían. Querían su despedida, aunque ya no tuviera sentido. En medio de la discusión, uno levantó la mano y soltó lo que le parecía el argumento definitivo para zanjar el tema: "Si Carmina estuviera aquí, esto no estaría pasando". Cuando me lo contaron, me emocioné. Los alumnos daban por hecho que yo, por darles gusto, me pelearía con quien fuera menester para que tuvieran su fiestecilla. En ese momento quise creer que ellos se daban cuenta de lo que yo disfrutaba con mi trabajo y que era capaz de transmitirlo en clase.
En fin, vuelvo a mi narración original. Un día en el que quería compartir algo y no se me ocurría qué escribir, puse un vídeo de Youtube con una canción y en los siguientes viernes seguí compartiendo vídeos con canciones que me gustaban, Después de varios viernes se me pasó. La semana siguiente decidí que mis canciones favoritas no tenían por que gustarles a todos y decidí suspenderlas, porque, además, había encontrado algo para sustituirlas.
En esas recomendaciones que te hace Youtube cuando entras en la página, encontré un tesoro. La Fundación Juan March tiene un canal en Youtube, al que suben conferencias, conciertos, recitales.... A veces son conferencias sueltas, a veces ciclos sobre un tema. En los últimos tiempos he disfrutado de varias conferencias maravillosamente interesantes. Insertaré aquí algunas. Si no os atrae la novedad. lo decís y en paz.
Estarán seleccionadas. Prometo que las veré yo antes y solo traeré lo mejor de lo mejor. Voy a empezar con un ciclo de tres que me han despertado un poquito de envidia, no lo niego. Ya me gustaría a mi unir la maravillosa erudición y la facilidad de comunicación de que hace gala el orador que he escogido para empezar. El tema es el deporte en la antigua Grecia, con unas historias curiosísimas, ilustradas con unas perfectas presentaciones de imágenes. Son tres:
¿Por qué practicaban deporte los griegos antiguos?
Los Juegos Olímpicos en la Grecia antigua
La importancia social del deporte en la Grecia antigua
Recomiendo entrar en la web de Youtube y ponerlo a pantalla completa. Si creéis que sabéis mucho sobre ese tema, os sorprenderéis con la cantidad de datos curiosos y poco conocidos
En estos días, viendo los vídeos de las tres magníficas conferencias sobre el deporte en Grecia en el canal de la Fundación Juan March en Youtube y me vino a la memoria aquel suceso de la plagiadora, y comencé a preguntarme si el orador podía ser el autor de aquel artículo copiado con el que tuve ese brevísimo contacto por correo electrónico. Le escribí, y, efectivamente, es el mismo. Ahora ya es catedrático y sus alumnos son unas personas muy afortunados. Por favor, espero vuestros comentarios.
viernes, 30 de octubre de 2020
Carmina, Diógenes de Sinope y el Ayuntamiento de Cádiz
Cuenta Diógenes Laercio que Diógenes el cínico acudió a Olimpia durante los juegos y a la vuelta alguien le preguntó si había allí mucha gente, y Diógenes le contestó: "Mucha gente sí, pero pocos seres humanos". Ya se sabe que Diógenes de Sinope (el que le dijo a Alejandro Magno que se apartara porque le tapaba el sol) era un poco antipático y nada sociable. Suyas son estas perlas:
«Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro».
«El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe».
«Mira bien quién es tu amigo, porque si por tal le tienes y él no lo es, puede ser tu mayor enemigo»
Y abundan las anécdotas:
Se afirma que Diógenes se fue a Atenas con un esclavo llamado Manes, que lo abandonó poco más tarde. Con un humor característico, Diógenes afrontó su mala suerte diciendo: “Si Manes puede vivir sin Diógenes, ¿por qué Diógenes no va a poder vivir sin Manes?”.
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| Diógenes, de Jean-Leon Gerôme |
Otro relato decía que cierto hombre adinerado le convidó a un banquete en su lujosa mansión, haciendo hincapié en que allí estaba prohibido escupir. Diógenes hizo unas cuantas gárgaras para aclararse la garganta y le escupió directamente a la cara, alegando que no había encontrado otro lugar más sucio donde desahogarse.
Cuando Diógenes asistía a los baños se encontraba siempre con un citarista al que todo el mundo despreciaba y criticaba, mas Diógenes lo saludaba con respeto, incluso con cierta admiración, a lo que algún curioso lo interrogó sobre el motivo por el que saludaba al citarista con lo mal que tocaba, respondiendo a esto Diógenes: "Porque tal y como es toca y canta, pero no roba a nadie".
En una ocasión, Diógenes estaba lavando unas hierbas cuando se topó con Aristipo, a quien llamaba el perro real, y le dijo éste a él: "Si hubieras aprendido a prepararte esta comida, no pedirías en los palacios de los tiranos". A lo que Aristipo respondió: "Y si tú supieras tratar con los hombres, no estarías lavando hierbas".
Pero, Diógenes no era más que un modo de introducir lo que quería comentar. Mis alumnos decían que mis clases eran una continua sorpresa con giros inesperados. Pero, sin darse cuenta, aprendían mucho más de lo que venía en el libro.
Vuelvo al comentario que hizo Diógenes al volver de Olimpia, que es justo lo que pensé cuando leí hoy cierta noticia en el DIARIO DE CÁDIZ: "El Ayuntamiento saca a licitación la pista de hielo para la plaza de San Antonio".
Lo que me hizo pensar: "En el Ayuntamiento de Cádiz hay mucha gente pero pocos cerebros". Con lo que está cayendo y sabiendo como sabemos que evitar las aglomeraciones es FUNDAMENTAL, el Ayuntamiento pone en bandeja la ocasión y los medios para que en dicha plaza se junten cientos de personas, sabiendo como sabemos que habrá muchos niños, y lo complicado que puede ser conseguir que unos niños que están patinando sobre hielo no lo entiendan como que el peligro se ha pasado y pasen, a su vez, de mascarillas y distancias. Si los niños se aburren, que les pongan un libro en las manos, ¡joder!, y si no saben leer, que sus padres les lean un cuento. Conmigo lo hicieron y no salí tan mal. Mi abuelo (lo he contado varias veces) me leía a los tres años "Bee, el corderito travieso" y, como era en verso, ayudada por la rima ¡me lo aprendí de memoria! (con la salvedad de que al llegar a "allí le habló doña rana: ¿nunca el bosque has visitado?" yo decía "allí le habló doña RAMA"). Pero vamos, que creo que para tener tres años no estaba mal. Yo pisaba poco la calle, pero nunca me faltaron libros en casa, ni puzzles, ni juegos de mesa, lápices de colores, cuadernos para dibujar. Si alguna vez se me ocurría decie "Estoy aburrida", invariablemente la respuesta era "las personas inteligentes no se aburren nunca". Sobra decir que nunca me quejaba de aburrimiento e iba directamente al armario de los juegos y los libros (bien grande, en el cuarto de mi hermano), donde lo difícil era decidir qué escoger, si los bloques de madera, con los que levantaba edificios fantásticos, inspirados en los libros que leía, o leer por enésima vez "La isla del tesoro", "La flecha negra", los cuentos de las "Mil y una noches", o "Ivanhoe" o "Historia de dos ciudades", etc. (1). Hoy los padres parecen estar muy ocupados como para leer a los niños. Habrá quien me diga "Claro, como tú no tienes hijos..." Por circunstancias que no vienen al caso, los tres niños del piso de al lado (2) pasaban en mi casa más tiempo que en la suya. Así que sí, sé de lo que hablo. Con los niños se hace lo que se quiere, son como plastilina. Pueden terminar siendo un pedazo de carne que solo aspira a salir en "Mujeres, hombres y viceversa" o ser personas curiosas que, incluso cuando ya tienen la vida asegurada, quieren seguir aprendiendo cosas nuevas y diversas. Pero bueno el tema no son los niños, sino la irresponsabilidad de unos adultos que viven de decidr sobre nuestras vidas (e incluyo aquí a políticos de TODAS las administraciones).
He dicho.
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1)Teníamos una colección preciosa llamada Joyas literarias, que incluía, en forma de comic, todas las joyas de la literatura popular. No exagero si digo que en aquella caja había más de 200 títulos: Verne, Stevenson y Twain al completo, más Dumas, Salgari, Dickens..., en fin, el paraíso. He buscado información y leo que fue una colección de 272 clásicos de la literatura adaptados a historieta por la editorial Bruguera.
(2) Hoy, aunque ya tienen 32, 33 y 34 años, los sigo llamando "los niños", los tres tiene sus estudios, se ganan la vida tan bien como para ser independientes económicamente, pero todavía se acercan con frecuencia a ver a su vieja Ina (así me llamaban, para diferenciarme de mi madre), que siempre estaba disponible para ver con ellos, amontonados todos en el sofá, como les gustaba, la serie "Hércules" (episodios grabados en vídeo, vistos una y mil veces), o hacer tortitas con caramelo y nata, inventar una coreografía para partirnos de risa mientras bailábamos un minué de Mozart (¿te acuerdas, Manu?). Así que sé lo que digo. Cuando uno quiere, se dejan los exámenes por corregir para más tarde y se aparca todo para dedicarles un rato a los niños. Conmigo conocieron las leyendas de la mitología griega, visitaron el museo de Cádiz donde aprendieron de cuántas formas diferentes se enterraba un romano, hicieron su primer viaje al extranjero (a Londres). El mayor, hoy ingeniero industrial, estaba tan nervioso que, desde que llegamos a Heathrow no paraba de preguntar ¿Cuándo vamos a ver la "Piedra Rosetta"? Tengo anécdotas para aburrir pero paro aquí que no quiero hartaros.
viernes, 16 de octubre de 2020
La canción del viernes
El viernes pasado os decía que, gracias a los amigos de mi hermano descubrimos a dos cantantes. Una, María Creuza, ya os la presenté. Hoy os traigo a la otra, una cantante norteamericana llamada Janis Ian. Las canciones que cantaba era fundamentalmente escritas y compuestas por ella, y solía acompañarse con el piano, que empezó a estudir de niña, pero llegó a dominar gran cantidad de instrumentos, como el órgano, el armonio, el corno francés, la flauta y la guitarra.
A la edad de 13 años, Ian escribió y cantó su primer hit, "Society's Child (Baby I've Been Thinking)", sobre un idilio interracial prohibido por la madre de una chica y mal visto por sus amigos y profesores. Publicado tres veces de 1965 a 1967, finalmente fue un hit nacional en su tercera publicación después de que Leonard Bernstein lo presentó en un programa de la CBS TV, titulado Inside Pop: The Rock Revolution. 2
El tema de la canción fue considerado tabú por algunas emisoras radiofónicas y lo retiraron de sus playlists consiguientemente. En su autobiografía de 2008 Society's Child, Ian recuerda recibir cartas de odio y amenazas de muerte como respuesta a la canción. En el verano de 1967, el tema llegó al núm. 14 en la Lista Billboard 100, el sencillo vendió 600,000 copias y el álbum 350,000.
Su mayor éxito en los Estados Unidos fue la canción, "A los Diecisiete", un amargo comentario de la crueldad adolescente, la ilusión de popularidad y la angustia de esa edad, reflejado desde la perspectiva de una persona de 24 años, que recuerda que a los 17 años no recibía ninguna tarjeta de San Valentín. Fue publicada en 1975. recibiendo una enorme aclamación de críticos y compradores. Gana en 1975 un Grammy, batiendo a Linda Ronstadt, Olivia Newton-John y Helen Reddy. El álbum, Entre Líneas, fue también un éxito y logró el Núm.1 en Billboard con ventas de encima de un millón de copias en los EE.UU.. Como anécdota el día de San Valentín de 1977, Ian recibió 461 felicitaciones ya que había indicado en la letra de "A los Diecisiete" que nunca había recibido ninguna como adolescente.
"Volar Demasiado Alto" (1979), producido por productor de música de discoteca Giorgio Moroder, fue la contribución de Ian a la banda sonora de la película de Jodie Foster Zorros y fue también incluido en 1979, en el álbum de Ian: Night Rains. Fue un hit en muchos países, incluyendo Sudáfrica, Bélgica, Australia, Israel y Holanda.
Otro país donde Ian ha conseguido un nivel alto de popularidad es Japón: Ian tuvo dos Top 10 singles en la lista Oricon para los temas "El Amor Es Ciego" en 1976 y " Tu Eres Amor " en 1980. El álbum de Ian Aftertones coronó la lista Oricon de álbumes en octubre de 1976. "Tu Eres Amor" es la canción de la película de Kinji Fukasaku 1980 Virus.
Su contrato con CBS fue cancelado en 1982, con tres álbumes pendientes de producir, debido a la bajada de las ventas y permaneció algunos años sin contrato discográfico. Pero Ian continuó escribiendo canciones, que han sido interpretadas por, entre otros, Amy Grant, Bette Midler y Marti Jones. Otros artistas han grabado las composiciones de Ian, incluyendo Roberta Flack, quién tuvo un hit en 1973 con canción "Jesse" de Ian. La versión propia de Ian está incluida en el álbum de 1974 Estrellas (la canción de título del cual también ha sido versionada, incluyendo interpretaciones de Shirley Bassey, Cher, Nina Simone, Françoise Hardy y Barbara Cook). Continúa actuando en la actualidad y ha hecho una ronda de conciertos en el Reino Unido en 2014 y después una serie de apariciones en los EE.UU.
jueves, 15 de octubre de 2020
Un abuelete desesperado por ligar
Hoy os voy a contar una anécdota ocurrida en 2.009. En un puente me fui a pasar 4 días en Madrid y una mañana bajé a desayunar a la cafetería del hotel, donde me ocurrió lo que sigue. Todo lo que sigue en letra cursiva lo escribí al día siguiente en un blog que tenía entonces. Por favor, sed compasivos y no os riáis de mi.
"Ayer entré en la cafetería del hotel para desayunar. Todas las mesas estaban ocupadas, así que me acomodé en la barra. A mi lado charlaban tres personas mayores, dos hombres y una mujer. A los dos minutos uno de los hombres y la mujer se marchan, y se queda el otro señor, que ya no cumplía los 70. Apenas salieron por la puerta, el viejete se dirige a mí y me cuenta que el que se acaba de marchar es una persona inteligentísima, economista y con una conversación muy entretenida. A mí me acaban de traer un café y un croissant y estoy empezando a tomármelos. Lo que me pedía el cuerpo era contestarle “¿Y a mí que rábanos me importa?”, pero por no ser borde con el abuelete lo miro y esbozo una ligera y desganada sonrisa. Nada más, ni una palabra, convencida de que el viejete cogería la indirecta.
Nada de eso. Resulta que el abuelo pretendía ligar, y se dio cuenta de que sólo tenía el tiempo que yo iba a tardar en tomar lo mío, de forma que entra a saco. Me cuenta que es abogado, que sacó premio extraordinario de fin de carrera y que en sus ratos libres hizo Filosofía y Letras. Pienso que la mueca de sonrisa que he hecho no ha sido suficiente y le contesto exactamente “Me alegro mucho por usted”, con el mismo tono que hubiera utilizado para decirle “vete a la mierda”. Y el viejo sigue atacando. Por lo visto aquellas escuetas cinco palabras, que por el tono desanimarían a cualquiera, no le hicieron mella, y me responde que hablo muy bien el castellano. Le contesto, cada vez en un tono más desagradable, que es natural, porque soy española. Y el increible abuelo me responde que le sorprende, ¡¡¡porque tengo pinta de “artista extranjera”!!!
Viendo cómo se ponía la cosa, le digo que sí, que puedo pasar por la hermana gemela de Uma Thurman, excepto los días en que quiero sorprender a mis amigos, me pongo una peluca castaña y un culo postizo perfecto, y entonces se me puede confundir con Jennifer López. Aclaro a los lectores que tengo 50 años, y que no iba arreglada precisamente de forma que pareciera que estaba pidiendo guerra. Concretamente, como el día estaba nublado y con aspecto de que podía caer un chaparrón en cualquier momento, me había puesto unos vaqueros, una camiseta blanca y unas alpargatas rojas. Y la cara lavada, sin ni siquiera mi indispensable rayita en el ojo. El viejo no parece coger la ironía y con empeño digno de mejor causa me dice entonces “Niña, no deberías teñirte el pelo de rubio” (1). En ese momento cualquier respeto por una persona que me saca más de 20 años se me ha pasado, así que le digo que haga el favor de no llamarme niña, que tengo 50 años y que a esas alturas me pongo el pelo como me sale de la peineta.
El abuelo considera entonces que parece ser preferible no seguir por el tema capilar y ataca con más empeño y peor estilo aún. Comenta entonces que no estoy morena, y que debería usar bikini. Y para rematar suelta entonces que el bikini me sentaría estupendamente “porque tengo poco pecho”. En ese momento ya estoy alucinando con la conversación del viejo, y empiezo a preguntarme si en esa cafetería le echarán algo al café.
Sólo tenía dos opciones: mandarlo directamente a tomar viento o atragantarme con lo que quedaba del croissant y dejarlo con la palabra en la boca. Me sigue dando qué sé yo ponerme bestia con un viejo, así que me meto el último trozo del croissant en la boca de una vez a toda pastilla al mismo tiempo que pongo sobre la barra el importe exacto de la cuenta para salir pitando en 20 segundos, sin tener siquieera que esperar por la vuelta. Pero el viejo decide aprovechar esos 20 segundos y el hecho de que tengo la boca llena y me dice que le encantaría invitarme esa noche a bailar y a tomar unas copas. No contesto y salgo despavorida de allí, todavía tratando de tragar el último bocado del croissant.
No tengo ni idea de cómo se ligaría en los tiempos del viejo, pero yo en mi vida he conocido a un tío tan borde. Y todavía tendremos que seguir oyendo que hay que ver cómo es de maleducada la gente joven".
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(1) Quisiera aclarar varias cosas. No he llevado el pelo teñido jamás en mi vida. Soy castaña clara. Mi abuela paterna era rubia nórdica y tuvo el pelo blanco como la nieve desde los 40 años. A mí me ha pasado algo parecido y en ese momento tenía el pelo canoso con unas ligerísimas mechas rubias, tan finas que se funden con el pelo blanco de forma que no parece para nada un teñido. También me pregunté alguna vez si el viejo me tomó por otra cosa. Pero no, imposible, estaba en la cafetería de un hotel bueno, de 4 estrellas, que no es frecuentado por señoras "de moral distraida". Para billetes de tren, reservas en hoteles y esas cosas. siempre recurro a la agencia de viajes de un amigo que me trata como si fuera su hermana pequeña y nunca me mandaría a un sitio así. Precisamente una vez estaba buscándome un hotel en Madrid para otro puente y fijándose en lo que le salía en la pantalla de su ordenador dijo: "Aquí hay una oferta muy buena....pero no, no me gusta este barrio para ti". Me quedo con la otra posible explicación. Al día siguiente se lo conté al camarero para que estuviera al quite por si se repetía y me dijo que estaba alucinado porque era un señor muy educado que vivía enfrente e iba todas las mañanas a desayunar allí. Me dijo que pensaba que estaba empezando a tener síntomas de alzheimer.
martes, 13 de octubre de 2020
Ole, ole y ole

















