martes, 2 de junio de 2020

Política y deporte

La entrada de hoy de las largas y con muchos datos, así que poneos el cinturón de seguridad.

Los deportistas son involuntarios peones en manos de los políticos. Desde siempre. Desde los tiempos de las antiguas Olimpiadas. Cuando han querido liberar a los intereses del deporte de debajo de la bota de los políticos han tenido que hacerlo a escondidas, por sorpresa o pagando un precio muy alto, como se puede ver en los siguientes ejemplos.

Las buenas intenciones de Pierre de Coubertin intentando demostrar que era preferible que los hombres se enfrentaran en una pista deportiva a que lo hicieran en un campo de batalla duraron apenas unos años. Después de la Primera Guerra Mundial ya fue evidente que los acontecimientos deportivos eran utilizados tanto por los vencedores como por los vencidos (recochineo, propaganda, venganza…). Y el Mundial de fútbol de Italia de 1934 fue un buen ejemplo de la utilización del deporte por los políticos. Si alguien cree que las marrullerías, los maletines con dinero y las presiones políticas son cosas recientes en el deporte, se equivoca.

Para el Mundial de 1930 habían presentado su candidatura varios países europeos (Italia, Hungría, Países Bajos, España y Suecia) y Uruguay. Jules Rimet, presidente de la FIFA en esos años, estaba a favor de la elección de esta úlitma sede. Uruguay se encontraría a la fecha del Mundial celebrando el centenario de la Jura de la Constitución, había obtenido de forma consecutiva la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928, tenían planes para la construcción de un nuevo estadio y las autoridades del país se habían ofrecido para pagar los gastos de los participantes. Además, las consecuencias de la Primera Guerra Mundial todavía no habían desaparecido completamente en Europa, por lo que la preferencia por la realización en Uruguay serviría como una forma de alentar a la paz mundial.

Al ver que probablemente el torneo sería adjudicado al pequeño país del sur, los candidatos europeos declinaron su candidatura favoreciendo a Italia. Sin embargo, el discurso del delegado argentino Adrián Béccar Varela, promoviendo la candidatura de su país vecino, obligó a la retirada de la candidatura italiana. Así, Uruguay fue elegido unánimemente como sede del torneo y confirmado en el congreso de la FIFA de Barcelona, en 1929. Sin embargo, el rechazo continuo de la mayoría de los equipos de países europeos fue sorprendente. Estos argumentaron su ausencia debido a los altos costos que implicaba el viaje a través del Océano Atlántico y la fuerte crisis económica que había azotado en el último año. Ninguna respuesta de los equipos europeos fue satisfactoria antes de febrero, por lo cual los uruguayos ofrecieron solventar todos los gastos y compensar a los equipos de fútbol profesional por la ausencia de sus jugadores, pero la mayoría de los países europeos siguieron rechazando la invitación. La Asociación Uruguaya de Fútbol envió una carta de invitación a la Asociación de Fútbol de Inglaterra, pero su comité rechazó la propuesta el 18 de noviembre de 1929.

Dos meses antes del comienzo del torneo, ningún equipo europeo había confirmado su presencia. Finalmente sólo Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumania asistieron a la cita en Montevideo. Francia fue prácticamente obligada a asistir debido a la presión ejercida por Jules Rimet, aunque no acudieron ni la estrella del país, Manuel Anatol, ni el entrenador Gaston Barreau. Rimet también solicitó ayuda personalmente al Rey Carlos II de Rumania. El rey obligó a la participación de sus jugadores, los cuales fueron elegidos al azar personalmente por el rey en una empresa petrolera rumana. Los belgas, por su parte, participaron por la insistencia del vicepresidente de la FIFA, Rudolf Seedrayers (1).

El caso es que en 1934 los italianos deseaban venganza por haberse frustrado su intención de ser la sede del mundial de 1930. Mussolini se encargó personalmente de que Italia fuera el lugar elegido y tenía toda la intención de utilizarlo como propaganda de su régimen. Otro candidato era Suecia, pero retiró “misteriosamente” su candidatura, de modo que Italia se quedó sin rivales. Se comenta que los jugadores italianos estaban tan presionados que se les había amenazado con el fusilamiento si no ganaban el torneo. Aunque no hay certeza de este hecho, es cierto que los árbitros estaban tan coaccionados que su actuación determinó que muchos de ellos fueran suspendidos en sus países de origen.

Finalmente, los italianos ganaron la final a Checoslovaquia 2 a 1. Para que no se les olvidara lo que se esperaba de ellos, debajo de la camiseta azul de la selección llevaban la negra del partido fascista.

Dos años después, Hitler encontró en las Olimpiadas de 1936 la ocasión de demostrar al mundo la magnificencia del nazismo y encargó un elaborado programa propagandístico al ministro de propaganda Joseph Goebbels, quien a su vez encargó la puesta en escena a Albert Speer y la supervisión y filmación a la fotógrafa Leni Riefenstahl, que puso las bases de lo que serían las retransmisiones deportivas posteriores, hasta la actualidad.

Estados Unidos se planteó muy seriamente no acudir a los Juegos, pero finalmente lo hizo. Sin embargo, España boicoteó estos Juegos con su no participación. Había organizado como alternativa la Olimpiada Popular en Barcelona, pero fue suspendida por estallar la Guerra Civil el día antes de la inauguración.

De las Olimpiadas de 1936 a todos se nos ha quedado grabado el hecho de que Hitler se sintió afrentado por la consecución de cuatro medallas por parte del atleta negro norteamericano Jesse Owens.

Sin embargo esto es uno de tantos mitos que repetimos sin habernos asegurado de su autenticidad. En primer lugar, los Juegos fueron un gran triunfo para Alemania, con el primer puesto en el medallero (33 oros, 26 platas y 30 bronces) y las autoridades nazis quedaron muy satisfechas del desarrollo de la Olimpiada. En segundo lugar, es falsa la historia de que Hitler se negó a saludar a Jesse Owens. Según el protocolo, Hitler no debía felicitar en persona a nadie, pero se lo saltó haciéndolo con los dos primeros ganadores. Después de ellos no saludó a nadie más, ni siquiera a los alemanes. Owens confirmó en sus memorias que recibió una felicitación oficial por escrito del gobierno alemán.

Curiosamente, donde Owens fue objeto de humillación fue en su propio país. El presidente Roosevelt, cuando recibió a los olímpicos estadounidenses en la Casa Blanca, excluyó del grupo a Owens porque estaba en periodo electoral y no quería perder el voto de los estados del sur. Así se escribe la historia (2).

Sin embargo, en esa Olimpiada ocurrió algo que para el gran público ha pasado completamente desapercibido. Sólo los coreanos fueron conscientes del hecho.

En 1905 Corea fue convertida en protectorado de Japón, situación que duró hasta el final de la segunda guerra mundial. Cualquier manifestación contra esta ocupación era reprimida brutalmente por las fuerzas japonesas.

En el año 1914 en las cercanías de Pyongan, actual Corea del Norte, nació Sohn Kee-Chung. Pronto empezó a despuntar como un atleta sobresaliente, sobre todo en maratón. Entre 1933 y 1936 ganó 10 de los 13 en los que participó, incluyendo un record mundial (según los escasos registros de la época) en Tokyo en el año 1935. Obviamente se ganó a pulso su participación en las olimpiadas de Berlín.

No obstante, al ser Corea un protectorado no podía enviar delegación olímpica propia. Compitió bajo bandera japonesa y con el nombre de Kitei Son, versión de su nombre en japonés. Quedó primero en el maratón y su compañero de equipo, el también coreano Nam Sung-Yong, tercero.

Podium de la maraton
en las olimpiadas de Berlín
   Como gesto de protesta recibieron la medalla con la cabeza gacha para no mirar la bandera japonesa.

En Corea su acto fue toda una reivindicación nacionalista. El principal diario (Dong-a Ilbo) publicó la foto de los dos atletas cambiando la bandera japonesa de su camiseta por la coreana. Esto provocó la ira del gobierno japonés, que cerró el diario durante nueve meses. Además el gobierno nazi había decidido que el premio para el ganador del maratón, junto con la medalla, fuera un casco griego auténtico, encontrado en Olimpia por el arqueólogo alemán Ernst Curtius. Este regalo fue bloqueado por el entrenador japonés como castigo por su gesto reivindicativo… y el casco se quedó en el museo de Berlín. 

   50 años después, el casco fue finalmente otorgado a Sohn y actualmente se encuentra en el museo nacional de Corea.

Sohn se convirtió en figura nacional en Corea. Fue el encargado de entrar con la antorcha en el estadio olímpico en las olimpiadas de Seul (el abuelete que saluda como un loco en el vídeo). Murió en agosto del 2002 y es una de las personalidades más populares en la historia de Corea.

Yoy Tube no me deja poner aquí, por cuestión de derechos el vídeo de  Sohn Kee-Chung entrando en el estadio olímpico con un anciano  Sohn Kee-Chung con la antorcha olímpica en las olimpiadas de Seúl de 1,988. pero os dejo el enlace para que lo veais, Es emocionante. 







Mathias Sindelar
   Sin embargo, aunque tengamos que exculpar al nazismo del supuesto desprecio a Owens, podemos echarle encima, con toda la razón, la persecución y probablemente la muerte del jugador de fútbol austriaco Mathias Sindelar.

Sindelar nació en 1903, en una familia judía de Bohemia que emigró a Viena en busca de mejores condiciones de vida. Desde pequeño destacó en el fútbol y a los 15 años ya jugaba en el Herta de Viena. Pronto pasó a formar parte del Austria de Viena, al que llevaría a lograr tres Copas de Austria en sus tres primeras temporadas, y donde marcaría más de 600 goles. Se ganó el sobrenombre de "El Mozart del futbol".

Pero la gran fama de Sindelar llegó con la selección austriaca. Fue integrante del famoso Wunderteam (equipo maravilla), probablemente el mejor equipo de la década de los 30 y que en el Mundial de 1934 sólo pudo ser frenado por la intervención de Mussolini que provocó un escándalo arbitral. Junto con italiano Giuseppe Meazza y el húngaro György Sarosi eran considerados los mejores jugadores del mundo de la época. Pero además el austriaco fue uno de los primeros deportistas en recibir compensaciones económicas por anunciar relojes, ropa o comida. Fue, por decirlo de alguna forma, el primer futbolista mediático.

Pero si Austria era una de las mejores selecciones del momento, Alemania no era menos. Tercera clasificada en el Mundial de 1934, para el Mundial de Francia del 38 tenían el plan perfecto. La anexión de Austria obligaba a la desaparición de la selección austriaca y a la integración de sus jugadores en la alemana. La unión de ambos equipos tenía que resultar invencible. Cinco futbolistas titulares de la selección austriaca se integraron en la alemana, pero la clave estaba en Sindelar, la pieza básica para convertir a Alemania en la mejor selección de todas.

Pero a Sindelar la idea de jugar para el III Reich, que había asesinado a tantos conocidos suyos, judíos como él, y de realizar el saludo nazi antes de cada encuentro le repudiaba, así que nunca aceptó las “invitaciones” que recibía. Primero adujo una lesión de rodilla; después, consciente de que Herberger, el nuevo seleccionador alemán, era un técnico serio y preparado y no un nazi fanático, le solicitó educadamente que le dejara fuera de las convocatorias.

Pero al parecer eso nunca convenció a las autoridades germanas. Para celebrar la anexión austriaca a Alemania, el 3 de abril se disputó un partido amistoso entre ambas selecciones que suponía la despedida del equipo austriaco. Como no podía ser de otra forma, se trataba de un partido amañado de antemano y destinado a demostrar la superioridad germana. “Ganar un partido es más importante para la gente que capturar una ciudad del Este”, dijo Goebbels.

Sindelar ya comenzó mal. O no. Por aquellos años era tradición efectuar el saludo nazi antes de comenzar el partido, pero el austriaco se negó a ello, lo que irritó, y mucho, a los jerarcas nazis allí presentes. Durante la primera parte, la estrella austriaca se dedicó a torear a los defensas alemanes, pero cuando era evidente que estaba a punto de marcar, disparaba premeditadamente fuera, como le habían ordenado, para regresar, con cara de resignación, al trabajo de su equipo. Pero se cansó, y estalló. A los 70 minutos, y ante la sorpresa de todos, Sindelar marcó un gol. No contento con ello, celebró el tanto por todo lo alto: corrió y se situó frente al palco alemán para marcarse un baile que fue toda una ofensa y humillación para las autoridades presentes.

Después de aquel encuentro Matthias Sindelar, que se había convertido en un héroe para los austriacos pero en un peligroso elemento subversivo dentro del orden nazi, se vio obligado a esconderse y a vivir bajo muchísima presión por parte de la Gestapo, que pocos días después destrozó un bar de su propiedad como amenaza. El futbolista no aparecía, e incluso se dice que Hitler ofreció una recompensa económica a quien lo encontrara, y que fue un compañero del Wunderteam quien lo delató. El caso es que el 23 de enero de 1939 Sindelar fue encontrado muerto en su casa, tumbado en su cama junto a su reciente esposa, la joven italiana judía Camilla Castagnola.

Las causas nunca se han aclarado. Los informes oficiales de la época aseguran que la muerte se debió a un escape de gas, con lo que se presentó como un suicidio, nada descartable dada la situación insoportable en la que había pasado a vivir el austriaco, aunque llama la atención la celeridad con la que la Gestapo cerró y archivó el caso. Por lo menos, uno de los oficiales tuvo el detalle de asegurar que había sido un accidente, logrando de este modo que Sindelar recibiera una merecida despedida, pues hay que recordar que entonces quien había sido asesinado o se había suicidado no podía celebrar un funeral.

Pese a las prisas de la Gestapo, que querían una despedida rápida, casi clandestina, el día de su muerte el Austria de Viena, su club, recibió más de 15.000 telegramas de pésame, tantos que el correo de la ciudad se colapsó, y a su entierro acudieron más de 40.000 personas, que se enfrentaron a la amenazadora presencia de tropas nazis, temerosas de una rebelión de quienes habían acudido a la despedida de su ídolo.

Sin embargo, ya durante la época hubo quien incluso apuntaba a un crimen. Los bomberos que acudieron a su domicilio declararon que no habían notado olor a gas a su llegada, y que no había señales de fuga en la estufa. Incluso, en un reportaje de la BBC, un amigo del futbolista aseguró que hubo sobornos a los funcionarios para no comentar nada del caso y finiquitarlo lo antes posible.

En el vídeo siguiente, en dos partes, tomado de un documental del canal Historia, se cuenta todo esto con más detalles.

Como se comentó antes a propósito del tratamiento a Owens por parte de su propio país, los deportistas negros sufrieron en EEUU muchos años de desprecio y discriminación. Había ligas universitarias separadas para blancos y negros, y jugar un partido de baloncesto entre ellos se consideraba un delito. Por eso, el primero de estos partidos fue jugado a escondidas, y con gran riesgo para sus participantes.

Estamos en Durham, estado de Carolina del Norte. En 1944 la segunda guerra mundial estaba terminando, pero las leyes de segregación racial mantenían toda su vigencia. En el 44 y en Durham los negros se sentaban en la parte de detrás del autobús, no podían entrar en las tiendas del centro ni comer en restaurantes. Vivían en barrios separados. Ese mismo año un conductor de autobús le había pegado tres tiros a un militar negro por estar demasiado tiempo en la parte de delante del autobús y un jurado compuesto por 12 hombres blancos decidió exonerarlo de toda culpa, a pesar de que el militar falleció.

En esas circunstancias y en ese ambiente, el domingo 12 de marzo de 1944 a las 11 de la mañana salieron dos coches alquilados desde la Universidad de Duke (para blancos) al gimnasio de la Universidad para Negros de Carolina del Norte (actualmente se llama Universidad Central de Carolina del Norte). Ni la hora ni el día fueron elegidos al azar. Es domingo y a las 11 de la mañana todos están en la iglesia, incluida la policía. Por ese motivo nadie se fijó en los coches que aparcaron en la Universidad para negros. Una vez allí unos jóvenes blancos entran en el gimnasio y ocupan el vestuario de chicas. Se trata de los componentes del equipo de la Escuela Naval de Medicina de Duke. Un conjunto que estaba arrasando en diferentes ligas universitarias. En el otro vestuario esperaba el equipo de la Universidad para Negros, que ese año llevaba una racha de 19 victorias y 1 derrota.

Se contrató a un árbitro y a un juez de mesa, un periodista hizo de testigo, con la promesa (cumplida) de no mencionar nada… y nadie más. Las puertas se cerraron con llave y las cortinas se corrieron. Si llegaba a oídos de la policía que blancos y negros habían disputado un partido se hubiera considerado una vulneración de las leyes de segregación y podrían derivarse consecuencias laborales o incluso penales.

Los primeros minutos del partido estuvieron llenos de errores por ambos bandos. Algunos jugadores del equipo blanco no sabían contra quien iban a jugar, y los negros, educados en la segregación, evitaban mirar a un blanco a la cara. Superados los minutos de tanteo, y cuando se dieron cuenta que no eran más que universitarios jugando a baloncesto, el partido siguió como un normal partido amistoso. Ganaron los negros 88–44. Para quitar el mal sabor de la derrota  se decidió mezclar los equipos y jugar minipartidos de tres contra tres. Luego compartieron vestuarios y bebidas para celebrarlo. Es la primera constancia de un partido no segregado en el sur profundo y en una fecha tan temprana como 1944. Todavía faltaban años para casos famosos, como el incidente de Rosa Parks.

Durante mucho tiempo nadie, excepto los participantes, supo de la existencia de este partido, hasta que se realizó una entrevista para un artículo sobre el 50 aniversario de la liga de universidades negras a John McLendon. McLendon es toda una institución en el deporte estadounidense. Discípulo del inventor del baloncesto John Naismith, McLendon, negro con ascendencia de indio Delaware, fue el primero en introducir conceptos que siguen vigentes en el baloncesto actual como la transición rápida defensa ataque (en el baloncesto primitivo los jugadores iban pasándose la pelota en posiciones estáticas hasta encontrar posición de tiro), el primer entrenador en conseguir tres títulos nacionales seguidos, el primer negro en entrenar en una universidad de mayoría blanca y el primer negro en entrenar a un equipo en una liga profesional.

Cuando el entrevistador repasó todos los logros en los que había sido el primero, McLendon dejó caer, distraídamente, que también fue el primero en organizar un partido no segregado entre estudiantes universitarios, en el Sur y en el año 1944. La historia parecía interesante para desarrollarla, pero las primeras pesquisas no fueron muy prometedoras. No había constancia de ningún equipo llamado “Duke Navy Medical School” ni en los archivos de la universidad ni en los de la facultad de medicina. Eran tiempos de guerra y coexistían diferentes ligas. McLendon insistió. La historia era cierta, recordaba que se publicó una foto del equipo en la prensa de la época.

Se buscó en todos los diarios locales de los años 44 y 45. Nada, bueno, casi nada. En algunos ejemplares se registraban los resultados de los equipos locales y de vez en cuando aparecía un equipo denominado “School of Medicine”. Era un principio. Cogiendo las alineaciones del equipo publicadas en la prensa y comparándolas con los ficheros de antiguos alumnos de medicina se sacaron varios nombres que concordaban y se comenzarón a hacer llamadas de teléfono. La cuarta llamada fue para David Hubbell, cirujano torácico licenciado en Duke en el año 46. La pregunta fue directa: “¿Jugó usted un partido a puerta cerrada contra un equipo de jugadores negros en el año 1944?”, hubo una pausa, y luego un “si”. Hubbell no podía concretar la fecha, pero comentó que el que había insistido en jugar por la parte blanca fue Jack Burgess, un estudiante proveniente de Montana, donde no se practicaba la segregación. Burgess tampoco se acordaba de la fecha, pero si que le había contando la historia a su familia en una carta, y que conservaba las 226 cartas que había escrito a su familia durante los cuatro años que estudió en Duke. A través de una de esas cartas se pudo concretar la fecha: 12 de marzo de 1944.

No está muy claro como surgió la idea del partido, ni quien lanzó el reto. McLendon dijo que se lo propuso un estudiante de la Universidad para negros. Era muy goloso que dos equipos que arrasaban en sus respectivas ligas y solo estaban separados por pocos kilómetros se enfrentaran en una especie de supercopa. Ninguno de los jugadores se acordaba. La hipótesis más plausible es que la iniciativa surgiera a través de una reunión de oración semiclandestina en las que participaban blancos y negros en los locales de la YMCA, una organización cristiana muy popular en Estados Unidos.

   Años después, en las Olimpiadas de México de 1968, dos atletas negros quisieron rendir un homenaje a sus compañeros de raza discriminados durante tantos años. Ganadores de las medallas de oro y bronce en los 400 metros, Tommie Smith (que además estableció un record con su marca) y John Carlos, hicieron un gesto en el podium que recogieron todas las televisiones y cientos de fotógrafos. Una vez colocadas las medallas se pusieron un guante negro (3), levantaron la mano enguantada, agacharon la cabeza como Sohn Kee-Chung y así permanecieron mientras se izaban las banderas y sonaba el himno estadounidense.

Ambos atletas fueron expulsados de sus equipos como castigo, tuvieron que abandonar la villa olímpica y a su regreso fueron tratados como delincuentes, negándoselas el trabajo y todas las ventajas y privilegios de unos campeones olímpicos. Tommie Smith, el hombre que tenía más records mundiales que cualquier otra persona en el mundo (once), terminó lavando coches en un aparcamiento, de donde lo echaron porque nadie quería trabajar con él. Recibió amenazas de muerte, echaron a sus hermanos del colegio y les prohibieron competir. El acoso fue tal que la mujer de John Carlos, que había sido la que había comprado los guantes, se suicidó.

Peter Norman, el atleta australiano que compartió el podio, también sufrió las consecuencias porque se solidarizó con ellos en ese momento poniéndose una pegatina del Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos. Por esa causa fue amonestado por el comité olímpico australiano, condenado al ostracismo por los medios de comunicación de su país y no fue seleccionado para las Olimpiadas de Munich (1972) a pesar de lograr tiempos sorprendentes de calificación en las pruebas de 100 y 200 metros



Bien, esto es ya tan largo que comprendo que haya gente que hace rato desistió de seguir leyendo. Por eso voy a cortar aquí, aunque tenía recogidos algunos casos más, sobre todo de futbolistas.

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(1) Datos tomados de Wikipedia. Recomiendo leer el relato de la final del Mundial de 1930 entre Argentina y Uruguay, porque realmente da la impresión de que se estaba librando una guerra entre los dos países. El árbitro, que no aceptó hasta pocas horas antes del partido, exigió tener un barco en el puerto dispuesto para salir desde una hora antes del final del partido, por si las moscas, y en Buenos Aires, ante la derrota argentina, la multitud intentó asaltar la embajada uruguaya y la policía tuvo que disparar contra los manifestantes.

(2) Los que llevéis algún tiempo leyendo este blog quizás recordéis la discusión que se formó en los comentarios a cuenta del post “Esos gestos efectistas e inútiles”. Una de las personas que me criticó, sacó para defenderse, la figura de Eleanor Roosevelt y unas palabras de ella que decían lo siguiente: “¿Dónde empiezan los derechos humanos? Pues en pequeños lugares, cerca de nosotros, en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en los mapas. Pero esos son los lugares que conforman el mundo de cada persona: el barrio en el que vive, la escuela o la universidad a la cual asiste, la fábrica, el campo o la oficina. Esos son los lugares en los que cada hombre, cada mujer, cada niña y cada niño buscan ser iguales ante la ley, en las oportunidades, y en la dignidad, sin discriminación. Si esos derechos no significan nada en esos lugares tampoco significan nada en ninguna parte. Sin una acción decidida de los ciudadanos para defender esos derechos a su alrededor, no se harán progresos en el resto del mundo”. Curiosamente podemos comprobar que la señora Roosevelt no predica con el ejemplo, pues contradice su propio discurso impidiendo que su marido hiciera en su propia casa una demostración tan descarada ante el mundo de desprecio a uno de los derechos fundamentales, con un gesto de discriminación por raza ante el temor a perder votos. Verdad es que el tiempo pone a todo el mundo en su lugar.

(3) Tenían un par de guantes para cada uno, pero se olvidaron un par en su alojamiento, por lo que tuvieron que compartir el otro. Por eso uno de ellos levanta el brazo izquierdo y el otro el derecho.

lunes, 1 de junio de 2020

La vuelta al mundo en 72 días


Elizabeth Cochran, sobre todo conocida por su pseudónimo Nellie Bly, (1864-1922) fue la pionera del periodismo de investigación y, particularmente, de lo que se convirtió en su sello personal, el periodismo encubierto.

Siendo muy joven, tras leer una columna de carácter sexista en el periódico Pittsburgh Dispatch, escribió una carta de respuesta al editor. Éste, impresionado por el estilo de la carta, le ofreció un trabajo como reportera en la sección de sociedad con reportajes sobre las desigualdades que padecían las mujeres. Nellie trabajó como sirvienta y en una fábrica de cajas de cartón, para conocer las condiciones de trabajo de estas mujeres. En 1885 fue corresponsal en México: sus crónicas contra el gobierno corrupto del dictador Porfirio Díaz provocaron su expulsión del país.

Pulitzer, propietario de The New York World, la contrató como reportera. El primer trabajo que le encargó fue un artículo sobre el manicomio para mujeres de Blackwell’s Island. Nellie se fingió loca y consiguió que la internaran en él. Desde dentro, como una enfema más, supo de primera mano las tremendas condiciones a que se sometía a las mujeres y escribió un impactante libro titulado Diez días en un manicomio.

En 1888 Nellie supo que una compañía naviera aseguraba que ya se podía realizar la vuelta al mundo en menos de 80 días. Nellie había leído la famosa novela de Julio Verne y estaba convencida de poder realizar el viaje en menos tiempo. Le propuso a Pulitzer que la enviara a tratar de hacer ese viaje en menos tiempo, a lo que éste se negó, por considerar que aquello era imposible para una mujer y además tan joven. Ella lo desafió a que enviara a un hombre mientras ella salía al mismo tiempo, pero escribiendo para otro periódico, y así lo convenció. En noviembre de 1889 salió de Nueva York rumbo a Inglaterra.

Había pensado que un encuentro con Julio Verne sería una interesante aportación a su narración del viaje, que se publicaba en el periódico por entregas, de modo que solicitó de antemano reunirse con él, lo que fue aceptado. Desde Calais se apartó de su ruta para el encuentro con Verne. Tenía que recorrer 180 millas y sólo tres horas para la entrevista. Verne, su mujer y un intérprete la recogieron en la estación de ferrocarril de Amiens y la llevaron a casa. Allí Verne le enseñó en un mapa del mundo el recorrido realizado por Phileas Fogg en su novela y le preguntó su itinerario. “Londres, Calais, Brindisi, Port Said, Ismailia, Suez, Aden, Colombo, Penang, Singapur, Hong Kong, Yokohama, San Francisco, y de regreso a Nueva York en sólo 75 días”. “¿Por qué no va a Bombay, como hizo Phileas Fogg?”, le preguntó Verne. “Porque me interesa mucho más ganar tiempo que salvar a una joven viuda”, le respondió Nellie. Verne le aseguró que la aplaudiría si lo conseguía en 79 días pero que hacerlo en 75 sería un milagro. Le deseó suerte, pero estaba convencido de su fracaso.

Verne se equivocó. Nellie realizó su viaje (24.899 millas) en 72 días, 6 horas y 11 minutos (1). La última entrega del viaje fue publicada en el periódico junto con una felicitación de Verne. Su viaje completo fue también publicado como libro en La vuelta al mundo en 72 días. En su recorrido no se limitó a pasar por los lugares, sino que investigó sobre asuntos hasta entonces no tocados por mujeres periodistas (y prácticamente tampoco por hombres). Por ejemplo, en Cantón visitó leproserías y cárceles, escribiendo después sobre las condiciones de vida en ellas, los métodos de tortura y las ejecuciones.




Continuó realizando hazañas impensables para una mujer de su época hasta que en 1895 se casó con un millonario y abandonó el periodismo. A la muerte de su marido se hizo cargo de sus empresas pero, años después, arruinada, volvió al periodismo, llegando a ser reportera desde el frente del este durante la Primera Guerra Mundial. Murió a los 57 años de una neumonía.

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(1) El récord fue posteriormente batido por Georges Francis Train, que consiguió reducir el tiempo a 62 días.



domingo, 31 de mayo de 2020

El día en el que conocí a la Dama



Estoy segura de que no muchas personas podrán dar razón del día exacto en que surgió en ellas una vocación determinada. En mi caso, sí. Y, apurando un poco, casi puedo precisar la hora.

Yo había elegido bachillerato de Ciencias sin saber exactamente qué era lo que más me gustaba, pero sabiendo perfectamente que no me gustaba la Lengua, el Inglés, el Latín y el Griego. A lo largo del Bachillerato confirmé que me encantaban las Matemáticas, el Dibujo Técnico y la Física,  y que no me gustaban la Química y la Biología. Pero también me interesaban mucho la Historia y la Historia del Arte (1).

El caso es que en COU, sin despeinarme siquiera, saqué un 10 redondo en todos los exámenes de  Matemáticas del curso, y el profesor me dijo que daba por hecho que estudiaría Exactas (2).

Yo todavía no había tomado una decisión, pero en ese momento la tomé. Total, que todavía con 16 añitos y la Selectividad ya aprobada, le digo a mi padre que quería matricularme en Exactas, en Sevilla. Y mi padre dijo que si yo pensaba que con 17 recién cumplidos me iba a ir a Sevilla, es que estaba loca.

Por si alguien lo duda, hasta ese momento no había nada que hiciera presagiar que me iba a dedicar a la orgía y el desenfreno, pero es que estábamos en el año 1976, y las cosas eran de otra manera.

Total, que las opciones que se me ofrecían en Cádiz era Medicina, Enfermería, Empresariales, Naútica, Química, Derecho, Magisterio, varias Ingenierías Técnicas, Filología y Geografía e Historia. Y más por eliminación que por verdadero interés, comencé la carrera de Geografía e Historia. Cuando terminé 3º de carrera (los cursos comunes) tuve que volver a plantearme qué elegir.

 Así que elegí hacer la especialidad de Historia del Arte y ya, con 19 años y a punto de cumplir 20, mi padre no se negó a que me fuera a Sevilla.

El verano después de ese primer curso en Sevilla, la vida me había cambiado mucho.  En septiembre de 1.980 yo era una estudiante que apuraba sus últimos días de vacaciones. Todavía no tenía claro qué hacer al terminar la carrera pero no estaba muy agobiada porque tenía todo un año por delante para decidir.


Y entonces, el 26 de septiembre de 1.980 a la hora del almuerzo, recibí una llamada de teléfono de mi amiga E. Estábamos juntas desde pequeñas en el colegio, y en Sevilla vivíamos en el mismo Colegio Mayor. Muy nerviosa, me cuenta que al tirar el chalet de su abuela para construir otro edificio habían descubierto algo importante. Que se había acordado de mí por lo que me interesaba la Historia y el Arte, y que si me acercaba esa tarde ella se ocuparía de que me dejaran pasar, porque el solar estaba cercado por una valla alta y no se veía nada desde la calle.

Con muy pocas ganas (por el calor y el cansancio de la playa) me arrastré sobre las seis de la tarde hasta el lugar, donde ya me estaba esperando E. Un señor de la constructora, que ya nos estaba esperando, nos dejó pasar, haciéndonos sobre todo la recomendación de que nos pusiéramos en un sitio donde no estorbásemos, para que a nadie se le ocurriera preguntar qué hacíamos allí. E. y yo nos sentamos muy modositas al filo del gran hueco que habían excavado para los cimientos de la casa y entonces vi por primera vez el sarcófago antropoide femenino, sin nada más a su alrededor que suelo arenoso, limpio y vacío. Los dientes de una excavadora habían chocado rompiendo la tapa a la altura de los piesy dejando un profundo arañazo vertical a lo largo de la tapa que se llevó por delante el extremo de un dedo, pero había respetado el resto del relieve. Incluso se conservaba la policromía rojiza del pelo. Estaba en una zona alejado de cualquier otra tumba. No había nada más a su alrededor. Estaba protegido por sillares de piedra ostionera local tallados de modo que seguían la forma  de la caja.

Hay que especificar que Cádiz era famoso en el mundo de la arqueología española por haber proporcionado el único ejemplar de un sarcófago antropoide fenicio que existía en nuestro país. Apareció en 1887, y fue un hallazgo fundamental en la arqueología española. Y en toda Europa sólo existían el ejemplar de Cádiz y dos o tres más en Sicilia. Por eso, el que saliera otro más en Cádiz, casi cien años después, y esta vez femenino, era todo un bombazo.

Alrededor del sarcófago se afanaban seis o siete personas, todos ellos bastante jóvenes. Recogían hasta la más mínima esquirla de mármol con vistas a la restauración. De lo que podía haber dentro del sarcófago no se veía nada.

Me quedé todo el tiempo que pude, hasta que ya no se veía nada. E. se había aburrido muy pronto y se había marchado, pero yo estaba como hipnotizada. En ese momento decidí que cuando acabara la carrera yo quería hacer lo mismo que aquel grupo de gente que estaba allí. Con mi título ya bajo el brazo pero sin tener ni idea de lo que era trabajar en arqueología, me presenté una mañana en el Museo Provincial, donde me atendió con muchísima amabilidad el Director, que era una de las personas que yo había visto aquella tarde. E inmediatamente me vi rodeada de un grupo de gente estupenda que me enseñaron de todo, y con quienes pasé los siete u ocho años siguientes, que fueron los más interesantes y divertidos de mi vida. 

El descubrimiento del sarcófago tuvo mucha repercusión por existir tan pocas piezas de este tipo en Europa, se escribieron muchos artículos. Viajó a Venecia para ser expuesto en la gran exposición "Los fenicios", en el Palazzo Grassi. Hoy día se han corregido algunas afirmaciones apresuradas que se hicieron en aquel momento, las más curiosa de los cuales es que todo parece indicar que el primero de los sarcófagos antropoides que presenta un rostro masculino barbado contenía un esqueleto femenino (3) y "La Dama", con su rostro femenino y sus senos marcados contenía el esqueleto de un hombre. Recientemente se ha anunciado un estudio profundo de ambos esqueletos que, con la tecnología actual, nos aclarará el misterio. 


Luego las circunstancias me llevaron por otro camino, pero no me voy a poner a jugar a aquello de “qué hubiera pasado si…” Hay que mirar para delante y no hacerse preguntas que, de todas formas, no tienen respuesta. De cualquier modo, mi estado de salud actual no me permitiría ahora mismo muchas cosas. Con mi fibromialgia a cuestas me resultaría imposible pasar horas y horas en cuclillas en el fondo de un agujero húmedo, o hacer jornadas de trabajo maratonianas, luchando contra el tiempo en una excavación de urgencia. De todas formas hubiera tenido que abandonar el trabajo de campo y dedicarme a la investigación en el Museo Quizás haya que decir aquello de “bien está lo que bien acaba”. De cualquier forma, la decisión que tomé ese día me encaminó correctamente a lo que ha sido mi vida. He disfrutado de la enseñanza durante 21 años. Así, repito; "Bien está lo que bien acaba".



________________

(1) El plan de estudios que me tocó en suerte era tan completo que en Bachillerato de Ciencias teníamos esas asignaturas como obligatorias.

(2) Y con el profesor más hueso de Cádiz en esa asignatura, que tenía aterrorizados hasta a los alumnos de 1º de la Facultad de Químicas, donde también daba clase. Yo, con mi 10 en la nota final, me esperaba una matrícula de honor, pero no me la pusieron. Le pregunté al profesor por qué y me respondió que si hubiera sido otra persona, con esas notas me la hubiera puesto, pero que le constaba que no me había costado ningún trabajo porque le constaba "que ni siquiera estudiaba para los exámenes". Le contesté que era cierto, que me limitaba a atender a las explicaciones y a traer la tarea hecha todos los días, porque lo entendía todo muy bien. Así y todo, me aconsejó que estudiara exactas porque estaba claro que se me daban bien.

(3) Ya en el momento de su aparición, las descripciones de los técnicos hablaron de un  esqueleto de constitución grácil, más propio de una mujer.



domingo, 24 de mayo de 2020

La niña prodigio gaditana

De tanto en tanto, el blog de Descla nos ofrece unas entradas interesantísimas sobre personajes bastante desconocidos a pesar de ser gente muy especial que por diferentes motivos han tenido vidas muy poco corrientes o han realizado grandes hazañas. Resulta penoso que millones de personas puedan rellenar un montón de folios con detalles de la vida de la Esteban u otros bufones televisivos y, sin embargo, sea dificilísimo encontrar información sobre personajes que parecen sacados de una novela de aventuras, del guión de una película de fantasía o de una epopeya al estilo homérico.

Así que yo también pongo mi granito de arena y doy a conocer a los cuatro o cinco que se pasan por mi blog la historia de una paisana que para alguna gente de Cádiz es simplemente el nombre de una calle, y para el resto del mundo prácticamente no existe (1). En Wikipedia tiene un mini-artículo que no cubre sino un sólo hecho de su biografía, y hay una entrada en un blog sobre personajes de Cádiz, pero el autor de ese blog se ha limitado a copiar y pegar el corto texto de la Wikipedia sin añadir ni una palabra más.

   Rosario Cepeda nació en 1756. Era hija del regidor perpetuo Francisco Cepeda y de su segunda esposa, Isabel Mayo. Rosario era, por tanto, una privilegiada pues aunque su padre no tenía título de nobleza era de posición más que acomodada y pertenecía a esa casta que por herencia ostentaba el poder en una ciudad que por entonces era culta, cosmopolita y el centro del comercio con América. Lo natural en una mujer nacida en una familia como la suya era que se hubiera casado con algún miembro de otra de las familias principales de la ciudad y hubiera llevado una vida tranquila y confortable, auxiliada por un buen número de criados, poseyendo esclavos, carruajes, varias casas, alguna finca en el campo y toda clase de comodidades.

Pero sus padres debieron ver algo diferente en ella. En lugar de limitar su educación al baile, la música, algunas labores y a saber manejar una tropa de servidores, le pusieron un preceptor, Juan Antonio González de Cañaveras. En poco más de un año los avances de la niña fueron tan extraordinarios que se quiso dejar constancia pública de su excelencia haciendo que un equipo de expertos en diferentes materias la examinara públicamente para mayor honra de Mª del Rosario y ejemplo para la juventud … para que inflamados los espíritus de nuestras jóvenes se estimulen a su imitación, huyendo de la ociosidad, amando la instrucción y el estudio, para esplendor de la patria y digno esmalte de la sociedad (2).

En septiembre de 1768, todavía con 12 años de edad, Rosario fue sometida a un examen público de nueve horas de duración, repartidas en tres días, ante un auditorio de más de trescientas personas. Conocemos con detalle el desarrollo de la prueba porque el Ayuntamiento, temeroso de que con el tiempo se olvidara esta hazaña, decidió publicar un folleto de veinte páginas donde se relató todo al detalle. Un ejemplar de dicho folleto se insertó en las Actas Capitulares.

Intervino la niña en primer lugar, exaltando la misión de la madre y su necesidad de estar instruida para poder cumplir con su misión de educadora, atreviéndose a denunciar el hecho de verse reducidas frecuentemente las mujeres a sólo las tareas domésticas, y a otras tareas y ocupaciones “impropias de un alma racional”. Cuando terminó su discurso comenzó el examen, que constó de las siguientes pruebas:

– Fray Tomás de Aquino, carmelita descalzo, la interrogó sobre Historia Sagrada, respondiendo a todas las preguntas sin ningún error. Juan de Tamariz, alcalde mayor de la ciudad, la examinó de Gramática. A continuación, fray Pedro Rodríguez de Mohedano, autor de la Historia Literaria de España la examinó sobre los puntos más difíciles de la ortografía de la lengua castellana. El famoso cartógrafo Vicente Tofiño (3) la examinó de Geometría. Para terminar la primera sesión de tres horas, Juan Lombardón, Ayudante General Mayor de la Armada y profesor de la Escuela de Guardias Marinas de Cádiz, sobre la esfera terrestre y el atlas le hizo señalar los accidentes de la tierra y sus divisiones en imperios, monarquías, etc. Sus respuestas fueron tan exactas que el público interrumpió numerosas veces con aplausos.

– El segundo día comenzó Rosario dirigiendo a los asistentes un discurso en francés. Después la interrogó en esta lengua José Carbonell, Bibliotecario y profesor Idiomas en la Real Academia de Caballeros Guardias Marinas (4), quien le hizo traducir unos textos de las obras de Bossuet y Fenelón. También hizo un dictado que ejecutó con toda perfección. Vicente Tofiño le preguntó sobre las causas de los eclipses, sobre las medidas que usaban los antiguos y las que se usaban en ese momento, sobre los movimientos de los astros y diferencias entre los sistemas de Ptolomeo, Ticho Brahe y Copérnico. Para terminar la segunda sesión, Juan Lombardón le preguntó sobre temas de cronología.

– La tercera sesión empezó con un discurso de Rosario en latín, exaltando el beneficio de una buena educación, ponderando su deseo de conseguirla y su gran amor al estudio. A continuación fue examinada de Gramática Latina por Fray José de San Andrés, Definidor General de los Mercedarios Descalzos. Se le hizo escribir en este idioma por el mismo método que en el examen de francés y traducir al castellano cinco fábulas de Esopo. Se examinó a continuación de Heráldica y Geografía Humana, y para terminar recitó en griego una oda de Anacreonte. Agotadas las tres horas de la tercera sesión, no dio tiempo a ser examinada de italiano y aritmética, lo que también estaba previsto.

El entusiasmo que levantó la demostración de la niña fue tal que unos días después el Ayuntamiento reunió a los Capitulares y acordaron premiar a Rosario ya que, según el procurador mayor, “era sentir de todos los concurrentes al acto que no se había dado ejemplo similar en toda Europa”. Decidieron por unanimidad que dos regidores pasaran a cumplimentarla en nombre del Ayuntamiento y notificarle que, en premio a sus reconocidos méritos, la ciudad la elevaba a la alta dignidad cívica de Regidora Honoraria de la ciudad de Cádiz con sueldo igual al que obtenían los caballeros capitulares, y de forma vitalicia. Seis meses después, un Despacho Real sancionaba el acuerdo tomado por el cabildo de Cádiz, honrando a Rosario Cepeda Mayo con la dignidad de “Regidora Honoraria de la ciudad de Cádiz” y con una pensión vitalicia de 550 reales de vellón.

Continuó Rosario su vida familiar y no tenemos noticias de ella hasta que en 1774, a los 18 años, se casa con el teniente coronel Pedro Fernández de Gorostiza, viudo de 41 años. Después del nacimiento de su primogénito en 1777 se traslada a Madrid, donde en seguida cobra fama de ser una de las mujeres más cultas de España. Su prestigio hizo que fuera seleccionada por Carlos III para dar inicio a la Junta de Damas, la cual, anexa a la Sociedad Económica Matritense, prestó importantes servicios en el campo de la beneficencia, la educación y la industria. Hubo sus más y sus menos sobre la admisión de mujeres en la Sociedad Económica Matritense, representando Cabarrús y Jovellanos las posturas en contra y a favor sobre dicha admisión. Finalmente, como se ha dicho, Rosario y otras trece señoras más, de probado prestigio y cultura, fueron admitidas en 1787, formando la Junta de Damas de la Sociedad Económica Matritense. En un primer momento Rosario se ocupó de asuntos relacionados con la educación, sobre todo en el campo de la formación profesional de las mujeres de clases humildes. La Junta de Damas se hizo cargo de cuatro escuelas y fijó las normas. Abrió la profesión de maestras a todas las mujeres, independientemente de su estado civil, pues hasta entonces debían ser viudas; fijó para ellas una asignación económica digna y estableció que para obtener el puesto de maestras debían pasar por un examen-oposición, convocado públicamente, exámenes de los que fue hecha responsable Rosario Cepeda.

Al poco tiempo tuvo Rosario que marchar a México, al ser nombrado su marido gobernador de Veracruz en 1789. Partieron del puerto de Cádiz e iba Rosario embarazada de su tercer hijo, que nació a los dos meses de llegar la familia a América. Permanecieron allí cinco años, hasta el fallecimiento del marido en 1794. Rosario volvió a España con sus tres hijos y se estableció de nuevo en Madrid, regresando a su participación en la Junta de Damas. Es entonces cuando desarrolla más actividad, pues además de ostentar varios cargos directivos, al tema de la educación suma su trabajo en pro de las mujeres que sufrían los duros efectos de la marginación social. A su actividad en las escuelas une el trabajo en las cárceles de mujeres y la casa de niños expósitos.

Ya podemos imaginar cómo eran las cárceles de mujeres, de las que había en Madrid tres. Entre la suciedad se hacinaban, mezcladas, culpables de crímenes, prostitutas (muchas de ellas con enfermedades venéreas) y mujeres que simplemente se habían visto en el trance de mendigar. Con diferencia era el sector más abandonado de la beneficencia y el mayor foco de marginación, desmontando esa imagen de la España Ilustrada que nos presentan para esa época. En aquellas cárceles malolientes Rosario y la condesa de Montijo se emplearon a fondo, enseñando a los hombres el camino a seguir en ayuda de los presos. Por ello han sido calificadas como las precursoras de Concepción Arenal.

Las casas de niños expósitos presentaban una situación aún más terrible. La tasa de mortalidad era del 80-90% debido al hambre, las enfermedades y la suciedad. Hasta que la condesa de Montijo propuso que la Junta de Damas se hiciera cargo de la casa de expósitos de Madrid, lo que consiguieron después de dos años de lucha. Rosario Cepeda, por entonces vicepresidenta de la Junta de Damas, tuvo un papel fundamental en la reforma de la institución, logrando en poco tiempo reducir la mortalidad del 90 al 50%, cosa que admiró a todo el mundo. El Manual de Organización que redactó Rosario fue el modelo a seguir por estas instituciones durante mucho tiempo.

Continuó también ocupándose de las escuelas, haciendo hincapié en que a las mujeres humildes, además de un oficio, se les diera enseñanza de tipo intelectual, justificándolo con el aumento de la autoestima de las interesadas, la disminución del peligro de que se lanzaran a matrimonios no deseados por la simple necesidad de sobrevivir, y el hecho de que estarían en mejores condiciones para educar a sus hijos. Todo esto dejó por escrito multitud de veces con ocasión de presentar peticiones, informes o memorias. Consta. No es fantasía ni exageración. Hace más de 200 años había en España mujeres con esa forma de pensar, dispuestas a renunciar a su vida cómoda y ociosa sin ninguna remuneración ni compensación por ello.

En 1805 la condesa de Montijo, de la que Jovellanos dijo que era la mejor mujer que había conocido en España, es desterrada de la corte por Godoy, por cuestiones políticas. Y en esos momentos tan difíciles Rosario tiene que hacerse cargo de la secretaría de la Junta de Damas. Tres años después, en 1808, con la invasión napoleónica, Rosario Cepeda renuncia a su cargo y desaparece de la vida pública. Desde su casa pudo presenciar todos los sucesos de aquellos días. Además, sufría porque sus tres hijos estaban divididos por sus ideas políticas. Finalmente, el despreciable Fernando VII trató por igual a los que lo apoyaban y a los que lo combatían, y los tres hijos de Rosario terminaron exiliados en Francia. Cuando ella murió, en 1815, ninguno de ellos pudo estar a su lado.

La honradez de Rosario y su marido, que no se aprovecharon de sus cargos para enriquecerse, y la dedicación desinteresada de ella durante tantos años a la defensa de los derechos de los marginados sociales tuvo como resultado que la familia viviera siempre de forma modesta y sin excesos. Su marido no dejó al morir herencia alguna (y había sido gobernador de Veracruz durante cinco años, igualito que los políticos actuales) y ella no pudo dejar a sus hijos ninguna fortuna.

Por supuesto, Rosario Cepeda no aparece en ningún santoral feminista, lo que es muy comprensible si consideramos quienes son iconos feministas ahora mismo (cuando escribí este texto)):  Pajín y Aído, lo más alejado que imaginarse pueda de personas como Rosario: incultas con premeditación y alevosía, habiendo tenido todas las facilidades del mundo para no serlo; acumuladoras de sueldos y prebendas hasta el escándalo y dedicadas exclusivamente a autopromocionarse (y de paso también a sus familias), sin que hasta el momento hayan hecho nada para mejorar la vida de nadie, a pesar del poder puesto en sus manos.

Y punto.

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(1) Solamente existe, que yo conozca, una publicación sobre ella. Es una pequeña biografía escrita por Isabel Azcárate, titulada “Una niña regidora honoraria de la ciudad de Cádiz”. Fue publicada por Quorum Editores en Cádiz en el año 2000. De este libro he tomado los datos, aunque los he redactado a mi modo.

(2) Los textos en cursiva están tomados de las Actas Capitulares.

(3) Gaditano, director de la Real Academia de Caballeros Guardias Marinas, cuyo Atlas Marítimo de España es la obra cumbre de la cartografía de su época.

(4) Dominaba francés, inglés, italiano, árabe, latín, griego y hebreo. Buen matemático y humanista.

sábado, 16 de mayo de 2020

Atentados

En primer lugar, quiero dejar constancia de que cualquier clase de atentado me espanta y me produce rechazo, y que pienso que no hay causa en el mundo que justifique uno. Pero hoy escribo sobre atentados contra obras de arte. Supongo que sus autores los cometen por fanatismo (como la voladura de los budas por parte de los talibanes) o trastorno mental (luego veremos un ejemplo de estos). Pero lo que me da que pensar es que estos atentados contra obras de arte se cometen porque sus autores saben que, eligiendo estos objetivos, tienen asegurada una enorme publicidad en medios de todo el mundo, y que no van a pasar desapercibidos. Esto me lleva a una triste conclusión: los periódicos, televisiones, etc... parecen dar más importancia a la perdida de una obra de arte que a una vida humana. Y aún más: no todas las vidas parecen tener la misma importancia. La pérdida de un personaje famoso y la de un anónimo parece que no valen lo mismo. Pensaba esto en los últimos días cuando nos han bombardeado con la muerte del hijo de Ana Obregón, y que hablaran de ella como si fuera la única madre que perdió un hijo, y precisamente en estos días de la pandemia, cuando CADA MÉDICO Y ENFERMERA QUE HA MUERTO A CAUSA DEL CORONA- VIRUS TAMBIÉN TENÍA PADRES, HERMANOS, QUIZÁ HIJOS. Y así, comparando muertos, llegué al tema del que escribo hoy, atentados contra obras de arte realizados, probablemente por asegurarse una atención mediática excepcional.

 La Venus del espejo de Velázquez,  se expone en la National Gallery de Londres. Está en Inglaterra porque fue robada durante la invasión napoleónica en el Palacio de Buenavista de Madrid.

La obra fue adquirida en 1.906 para la National Gallery. Yendo a lo que nos ocupa, el 10 de marzo de 1.914, una mujer llamada Mary Richardson, sufragista militante británica de origen canadiense atacó la pintura con un hacha de carnicero, en respuesta al arresto de la compañera sufragista Emmeline Pankhurst el día anterior. Richardson fue sentenciada a seis meses de prisión, el máximo permitido por la destrucción de una obra de arte.​ En una declaración que hizo al Sindicato Político y Social de Mujeres poco después, Richardson explicó: «He intentado destruir la pintura de la más bella mujer en la historia de la mitología como una protesta contra el Gobierno por destruir a la Sra. Pankhurst, quien es la persona más hermosa de la historia moderna.»​ Añadió en una entrevista de 1952 que a ella «no le gustaba la manera en que los visitantes masculinos la miraban boquiabiertos todo el día». Como esperaba Richardson, los periódicos se hicieron amplio eco de la noticia, hablando del ataque como si fuera un asesinato, apodando a su autora "Mary la sangrienta". The Times hablaba de "una cruel herida en el cuello" para referirse a los daños. A la pintura se le hizo una restauración en 1.965-66, que demostró que estaba en buenas condiciones. No voy a entrar en hacer un comentario artístico del cuadro porque no es el objetivo de este post. Quien desee este tipo de información puede consultar el artículo correspondiente en Wikipedia.


   En segundo lugar me referiré a otro suceso más reciente. La Piedad de Miguel Ángel que se encuentra en la basílica de San Pedro en el Vaticano fue un encargo del cardenal  de Saint Denis, embajador del rey de Francia ante el papa. Fue realizada por un jovencísimo Miguel Ángel de sólo 24 años. El contrato especificaba que debía estar teminada en el plazo de un año y fue, efectivamente entregada dos días antes de se cumpliera el plazo. El cardenal ya había muerto, por lo que su primer emplazamiento fue la tumba de comitente, situada en la capilla de Santa Petronila del Vaticano. Entre los años 1.749 y 1.750 fue trasladada al emplazamiento actual. Con el primer adelanto que le pagaron Miguel Ángel compró un caballo y fue personalmente a las canteras de Carrara para elegir el bloque de mármol.


   El 21 de mayo de 1972 (día de Pentecostés) la imagen sufrió un atentado cuando un geólogo australiano de origen húngaro, llamado Laszlo Toth, golpeó en apenas unos pocos segundos el rostro y uno de los brazos de la Virgen con un martillo en quince ocasiones, mientras gritaba ¡Yo soy Jesucristo, resucitado de entre los muertos!; rápidamente fue reducido y detenido. El autor de este atentado, reconocido enfermo mental, se mantuvo en un manicomio italiano por un año y luego regresó a Australia. Desde entonces, la Piedad está protegida por una pared de vidrio especial a prueba de bala.



En este caso sí me voy a detener en comentar varios puntos, porque son curiosos y quizás poco conocidos:

- La obra está esculpida en un solo bloque, sin partes añadidas o ensambladas, lo que se denomina ex uno lapide. Después del atentado y posterior restauración ya no es así, porque se reintegraron los fragmentos que se pudieron encontrar. Se recogieron hasta los fragmentos más diminutos, se pulverizó el mármol y se mezcló con un producto con el que se modelaron las partes faltantes, incorporando un producto que hace que bajo determinada luz esas partes reintegradas se vean fluorescentes, para cumplir el criterio de restauración de que se puedan distinguir qué forma parte de la obra original y qué ha sido añadido.


- Es la única obra que el autor firmó, y lo hizo porque nadie pensaba que pudiera ser obra de un muchacho de 24 años. Según Vasari, ocurrió lo siguiente: Un día Miguel Ángel se acercó al lugar en el que había sido colocada «La Piedad» ya finalizada, y encontró a unos visitantes de origen lombardo contemplándola. Uno de ellos preguntó por el autor y otro le respondió: «Nuestro Gobbo, de Milán». Después de esto, el artista accedió una noche a aquel lugar y esculpió su nombre en la obra, y además lo hizo en un lugar preminente y bien visible: la cinta que cruza el pecho de la Virgen de la Virgen María. El texto exacto que grabó en la obra es: «MICHAELACELUS BONAROTUS FLOREN FACIEBA», o lo que es lo mismo: «Miguel Ángel Buonarroti, el florentino, lo hizo».

- Aunque está pensada para un punto de vista frontal, está tallada en bulto redondo. Los pliegues de la ropa de la Virgen en la espalada están tallados con la misma perfección que si fueran a estar a la vista. Y aún más, la cara de Cristo mira al cielo, pero está esculpida como si los espectadores la tuvieran a la vista. Y en un alarde más, la espalda del Cristo está esculpida con perfección anatómica, aunque no se vea, sabiendo que no se iba a ver nunca. Para ello, el escultor tuvo que usar unos cinceles especiales muy cortos para esculpir las costillas en una dificil maniobra a través de un túnel curvo. 

- La composición de la obra se basa en tres aparentes contradicciones:

1. Los ejes del cuerpo de Jesús (líneas quebradas) se contraponen a los pliegues curvilíneos y angulados de los vestidos de la Virgen María.

2. El brazo derecho de Jesús cae inerte. Éste se contrapone al brazo izquierdo de la Virgen, que está lleno de vida y conmiseración.

3. Los pliegues de la Virgen con oquedades forman acusados contrastes que crean  fuerte claroscuro. Estos se contraponen a las superficies claras y lisas del cuerpo de Jesús, expresados en "sfumato".

- Se pueden añadir la aparente contradicción entre la cara casi infantil de la Virgen y el hecho de ser madre de un adulto.

- La Piedad es un tema recurrente en la obra de Miguel Ángel, desde esta obra de juventud hasta la Piedad Rondanini, en la que estuvo trabajando hasta 6 días antes de su muerte. 


   - El autor también corrigió algo que "rechinaba" en las representaciones medievales de este tema: la forzada forma de representar a la Madre sosteniendo el cuerpo del Hijo adulto. Para ello, la figura de la Virgen es bastante más alta que la de Cristo, aunque eso el espectador, desde su punto de vista, no lo nota. 


Y hasta aquí mis reflexiones sobre los atentados contra obras de arte, sea por fanatismo. ideología o locura. Más bien sobre mi perplejidad cuando los medios de comunicsción dan más bombo al daño a una obra de arte, por muy buena que sea, que a la pérdida de una vida humana o "como va la escala  vida humana famosa-vida humana anónima-obra de arte famosa"

Fuentes:
Wikipedia
Blog Curistoria, de Miguel J. Prieto 
Diversas lecturas de mi biblioteca



viernes, 15 de mayo de 2020

Ponga un síndrome en su vida (2)

En mi círculo de amigos hay una chica divorciada hace ya bastantes años, pero con una vida amorosa cada vez más catastrófica, estresante y llena de dificultades. Se mete en unas historias sin pies ni cabeza, que la dejan hecha polvo. Cada vez que la veas sabes que va a estar, bien hundida en la miseria más absoluta, bien por las nubes empeñada en amores imposibles, absurdos y peligrosos para la estabilidad mental. Por supuesto, es continuo tema de conversación entre nosotros. Hace dos días, el pedante marido de otra del grupo sentenció que lo que nuestra común amiga tiene es el “Síndrome Bovary”, que por lo visto consiste en una insatisfacción afectiva que lleva a la búsqueda continua de un amor romántico ideal, un ideal inalcanzable, que como inalcanzable que es te lleva al sufrimiento y la frustración.

Mi amiga es, simplemente, lo que siempre llamamos “una cabra loca”, pero ante esta perorata, todo el mundo se quedó con la boca abierta, y yo me quedé pensando qué distintas suenan las cosas cuando se adornan con un nombre bonito. Hoy mucha gente no tiene reparo en admitir lo que en otra época negaría ferozmente, sólo por el hecho de que viene adornado con el nombre de “síndrome de…”. Aunque ella no oyó el comentario, seguro que estaría encantada de verse caracterizada con el nombre de la heroína de Flaubert.

Hoy te tropiezas continuamente con padres que a las primeras de cambio te informan de que sus insoportables niños tienen el Síndrome del emperador (niños o jóvenes que se convierten en pequeños dictadores y que no aceptan un no por respuesta ni una mínima contradicción) con una actitud que no acabo de entender. Vamos, que lo que toda la vida hemos llamado niños malcriados los padres te lo plantean como si ellos no tuvieran la culpa de la insufrible conducta de sus vástagos, porque dicho así parece más una enfermedad genética que otra cosa.

La gente alardea de tener síndrome postvacacional, en lugar de reconocer sencillamente que lo de trabajar tarde o temprano se convierte en algo de lo que nos libraríamos a gusto en cuanto nos tocara una Primitiva. Pero no, así no hay quien lo diga. Todo el mundo está “realizado” gracias a su trabajo; lo que ocurre es que desgraciadamente se han contagiado del síndrome ese como si fuera una vulgar gripe.

Ya desde hace años hay uso y abuso de la palabra “inmaduro/a”, pero ahora queda mucho más bonito hablar del Síndrome de Peter Pan. Y claro, ya se sabe, detrás de alguien así hay siempre alguien con el Síndrome de Wendy. Si seguimos enganchadas de un novio cabrón que nos trata mal, tenemos Síndrome de Estocolmo, y nos lo pensamos antes de subir al avión por lo del Síndrome de la clase turista.

   ¡Qué mala suerte tengo! Ni un mal síndrome con el que justificar nada de nada. No supe lo que era el Síndrome del príncipe destronado al nacer mi hermano porque  yo tenía sólo  trece meses y claro, no me di cuenta de que estaba perdiendo una oportunidad. Por lo visto, en mi caso no se pudo hablar ni siquiera de la edad del pavo (seguro que ahora hay un “síndrome de…” para referirse a eso). Y, ¡maldita sea!, si alguna vez cometo un asesinato, ya no voy a poder justificarlo con lo del Síndrome premenstrual (que desde hace años se considera un eximente en ciertos delitos cometidos por mujeres).

Si acaso, aún estoy a tiempo de contraer el Síndrome de la cabaña, de cuya existencia me acabo de enterar a cuenta del confinamiento por el virus covid-19. Pero estoy perdiendo las esperanzas porque, hasta ahora, nada de nada. Tendré que poner más empeño

jueves, 23 de abril de 2020

246. Los peligros de ser un chuleta

El aporte de ayer de Juan López García en el grupo EL RINCÓN DE LA HISTORIA de inmediato me dio una idea para mi entrada de hoy.  Y aquí estamos, en el mismo escenario y compartiendo algunos personajes.

Los Tassis eran una familia de origen italiano, cuyos miembros se extendieron por diversas partes de Europa, desde Flandes hasta España.

Felipe III nombró A Juan de Tassis y Acuña conde de Villamediana el 12 de octubre de 1603, confirmándole en el cargo de correo mayor General de todos sus estados. Su hijo Juan de Tassis y Peralta, segundo conde de Villamediana, protagonista de la estrada de hoy,  heredó el título y el cargo.

Nació en Portugal, pero enseguida vino a España con sus padres. Se crió D. Juan en Palacio como correspondía a su alcurnia, recibiendo una buena educación científica y literaria. Tuvo por maestros al famoso humanista Bartolomé Jiménez Patón que le preparó en Lingüística, Retórica y Dialéctica, que eran las Humanidades de entonces. Más tarde el discípulo ayudaría a su maestro nombrándole Correo Mayor de Villanueva de los Infantes, precisamente en el lugar donde moriría D. Francisco de Quevedo años más tarde.

Otro de sus maestros fue el Licº Tribaldos de Toledo, que le enseñó todo lo relativo al conocimiento de los antiguos autores castellanos inculcándole el amor por la poesía que nunca le abandonaría y en la que destacó. El Licº Tribaldos sería años más tarde Cronista de Indias y Bibliotecario del Conde-Duque de Olivares.

Pasó más tarde D. Juan a la Universidad de Alcalá de Henares, pero por breve tiempo no llegando a estudiar ninguna de las carreras que allí se enseñaban.

En 1589 muere en El Escorial el Rey Felipe II y su hijo Felipe III se hace cargo del Reino y cuando el nuevo monarca fue al Reino de Valencia para celebrar su matrimonio con Doña Margarita de Austria, el joven Don Juan le acompañó y se distinguió tanto que el Rey le nombró Gentilhombre de su casa y boca. En Palacio conoció a Doña Magdalena de Guzmán y Mendoza, de noble cuna y de gran influencia en la Corte, que era viuda de D. Martín Cortés de Monroy, Segundo Marqués del Valle de Guajaca, hijo del gran descubridor Hernán Cortés. Después de su viudez, la Reina la había nombrado aya del hijo que le iba a nacer. La diferencia de edad era grande, no obstante según cuentan sus biógrafos, D. Juan parece que tuvo relaciones amorosas con ella y un soneto de autor anónimo que circuló por Madrid decía que "no se portó muy bien con ella y aún le llegó a poner la mano encima", por lo que Doña Magdalena siempre le amó y le odió.

El privado del Rey, Duque de Lerma consiguió que el Rey trasladase la Corte a Valladolid, donde permaneció cinco años. Siguiendo a la Corte estuvo D. Juan en Valladolid contrayendo matrimonio con Doña Ana de Mendoza y de la Cerda, descendiente del famoso poeta el Marqués de Santillana, Hermano del Duque del Infantado. Con ello enriquecía Don Juan su nobleza aunque no su riqueza. Tuvieron varios hijos pero todos se malograron.

La Corte no era una buena escuela de moralidad. Dice Cotarelo  que "el reinado del católico Rey D. Felipe III era una síntesis de vicio e hipocresía". El Rey era muy aficionado al juego, a los naipes y el Duque de Lerma era un tahur. Se gastaban sumas inmensas en toda clase de cosas superfluas, cuando la economía del país y el Erario público estaban exhaustos y el Rey no tenía con qué pagar a los criados.

En una noche el rey perdió en el juego un millón y cien mil reales que le ganó el Marqués de Povar. La Reina y sus damas no quedaban atrás como ludópatas y el Duque de Lerma, el valido, tenía siempre montada una timba con los ricos genoveses.

El Conde de Villamediana no podía ser menos, llegando a ser con los naipes un consumado maestro. Fue tan afortunado en el juego que dio motivo para que le expulsaran de la Corte el 19 de enero de 1608 por haber ganado más de 30.000 ducados. Entonces marchó a Valladolid donde tenía amigos y parientes.

Sin embargo regresa pronto a Madrid donde su espíritu inquieto le hace partir para Valencia acompañando al Marqués de Santa Cruz y de allí a Italia donde se instala cerca del Virrey recién nombrado, D. Pedro Fernández de Castro, Conde de Lemos y pronto forma parte de la "Academia de los Ociosos" en la que se reunían poetas y escritores en torno al Mecenas que era el Conde Lemos. Entre los que asistieron a esta Academia estuvo Quevedo.

El cargo de Correo Mayor le proporcionaba pingües beneficios, y por ello no tenía empacho en ser generoso en extremo y sus gastos eran fabulosos, lo que le permitió hacerse con una buena colección de obras de arte, pinturas de los mejores autores italianos y españoles, esculturas, armas y numerosos objeto de valor que enviaba a España como ornamento de su casa. Era especialmente aficionado a los diamantes que engastaba en plomo para hacerlos brillar más y de los que enviaba muchos a su esposa Doña Ana que había permanecido en España. Además tenía en sus cuadras los mejores caballos, que nunca vendía sino que a veces los regalaba.

Seis años pasó en Italia, regresando en 1617 a Madrid, quedando asqueado de cuanto vió en la Corte lo que le hizo escribir en sus poemas diatribas contra todo y contra todos, lo que le granjeó muchos y poderosos enemigos. Su poesía satírica, que si no lo creó él fue uno de los creadores, la utilizaba como dardos envenenados contra aquello o aquéllos que no le gustaban. Sus críticas se hicieron famosas y circulaban por todo Madrid, de mano en mano, copiándolas unos y otros. Aquello que vió Villamediana a su regreso de Italia, era un verdadero saqueo de España.

Hacía responsable de toda la desmoralización imperante al Duque de Lerma, el privado del Rey, codicioso, venal y rapaz por demás y que fué funesto para España. El nepotismo y los cargos a sus paniaguados eran la regla. Traficaba con los destinos, llegando sólo en "donativos" a obtener una suma de 44.000.000 de ducados. La expulsión de los moriscos le proporcionó enormes beneficios en propiedades y dinero. El oro que venía de Indias, cuando no quedaba en manos de piratas y corsarios, pasaba a engrosar las arcas del Duque y sus paniaguados, en lugar de invertirlo en el desarrollo de España.

Juan de Tassis era rico,  popular en la corte y tenía éxito con las mujeres. Pero era demasiado atrevido y se metía en muchos líos. Tenía un gran conocimiento de los clásicos y compuso algunos poemas en un excelente latín. Lo que le trajo muchos problemas fueron los poemas satíricos que componía sobre personajes de la corte que se sintieron agraviados por ello. Participo en alguno duelos en los que resultó victorioso. Sufrió por todo ello varios destierros por orden de Felipe III, no sólo de por haber arruinado en el juego a varios caballeros importantes, sino también por sus ya citadas fortísimas sátiras, en las que zahería sin piedad alguna las miserias de casi todos los Grandes de España. En fin, tenía muchos enemigos. Por si fuera poco en sus asuntos con las mujeres también metió la pata. Tuvo (o pretendió) amores con una dama portuguesa que era dama de la reina y amante del rey. Pero lo más peligroso fue enamorarse de la mismísima reina, Isabel de Borbón, a quien mencionaba en sus poemas como "Flordelisa", juego de pabras que resultaba transparente para todo el mundo. Se ignora si al re le ofendía más lo de su esposa o lo de su amante. Se cuenta que prendió fuego al teatro de Aranjuez cuando se representaba una obra suya, "La gloria de Niquea", sólo para poder salvar a la reina del fuego llevándola en brazos. Y que se presentó en un baile con una capa forrada de reales de oro y un bordado que decía "son mis amores reales", lo que se consideró muy descarado y peligroso. Con ocasión de una corrida de toros celebrada con la presencia de los reyes, Villamediana rejoneó, lo que hacía muy bien. La reina, entusiasmada, exclamó ¡que bien pica el conde! El rey no se pudo contener y respondió, con evidente doble sentido: "pica bien, pero demasiado alto". Hasta el día de hoy se usa la expresión "picar alto" cuando alguien pretende algo que está fuera de su alcance".

La muerte del conde de Villamediana,
obra de Manuel Castellano,
Museo del Prado
  Sea como fuere, Villamedina fue asesinado por la cuchilla de una ballesta valenciana, empuñada por un embozado  cuando el conde  iba en coche con el duque de Haro por la Calle Mayor de Madrid. Nunca se resolvió el crimen. Inmediatamente todos los poetas de la corte compusieron versos sobre el tema. Góngora atribuyó la orden al rey. pero pudo ser también algún personaje a quien arruinó en la mesa de juego, un marido vengativo o una víctima de sus sátiras. No faltaban sospechosos con móvil. La pintura que ilustra esta entrada representa el momento en que el cadáver es trasladado al portal del palacio de Ochate, la casa de su padre, donde se dice que acudió a verlo toda la Corte. El pueblo también sospechó que tras esa muerte se encontraba el monarca, y comenzaron a circular unas coplillas, que algunos atribuyen a Quevedo, que decían "el mentidero de Madrid pregunta, ¿decidme, quién mató al Conde?... la verdad del caso ha sido, que el matador fue Bellido, y el impulso, soberano". (1)





Hurtado de Mendoza le escribió estos versos:

Ya sabéis que era Don Juan
dado al juego y los placeres;
amábanle las mujeres
por discreto y por galán.
Valiente como Roldán / y más mordaz que valiente...
más pulido que Medoro
y en el vestir sin segundo,
causaban asombro al mundo
sus trajes bordados de oro...
Muy diestro en rejonear,
muy amigo de reñir,
muy ganoso de servir,
muy desprendido en el dar.
Tal fama llegó a alcanzar
en toda la Corte entera
que no hubo dentro ni fuera
grande que le contrastara,
mujer que no le adorara,
hombre que no le temiera.

Es como si hubiera anticipado una descripción del mismísimo D. Juan Tenorio.

No es de extrañar que el Romanticismo en el siglo XIX volviera a utilizar el personaje en obras teatrales. Ya en el siglo XX se han escrito varias novelas sobre el caso. Una de ellas "Capa y espada", obra de Fernando Fernán Gómez o "el pintor de Flandes", de Rosa Ribas, escrita a la manera de novela de intriga.

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(1) Sobre la muerte de Villamediana, las sospechas y las reacciones de algunas personas recomiendo leer esta entrada en un blog, escrita por alguien cuyo nombre ignoro. No puedo darle el crédito correspondiente porque no aparece el nombre del autor el nombre y lo siento mucho. Lo único que puedo hacer es poner un enlace a su blog. Recomiendo leer el texto señalado.

lunes, 20 de abril de 2020

Templo de los obeliscos, Biblos. Líbano



Paseando a la puesta del sol entre las ruinas del Templo de los Obeliscos pensaba en que justo en esa línea del horizonte sobre el mar estaba mi casa, y en que gente que paseó también entre las mismas piedras partieron hace casi tres mil años para fundar mi ciudad.

miércoles, 8 de abril de 2020

De llantos y poemas

No sé si lo mío es normal o raro. Yo no lloré cuando nací. Me dieron los habituales azotes en el culo y único que me sacaron fue unos quejiditos tenues que sonaban a gatito lejano. Mi madre, primeriza, se pasó todo el día preguntando si yo respiraba. A la vista está que lo hacía. Simplemente  no era un bebé llorón y punto . Me despertaba con una gran sonrisa  De toda mi infancia, mi madre solo recuerda que yo llorara una vez: Tenía 5 años y una profesora que iba a mi casa, muy desagradable, me rompió en pedazos un tebeo que me habían comprado. Después de eso pasé por un largo periodo de sequía interrumpido solo cuando tenía casi 20 años, por una nota manifiestamente injusta que me pusieron.

Después del ictus parecía que la fuente se había secado de nuevo. Era incapaz de llorar ni por mi ni por otros. Lo asumí como una secuela más y punto. Mi ictus fue importante, pero tengo la impresión de que podía estar aún mejor y que no estuve bien tratada. En Cádiz sólo hay un centro donde trataban el daño cerebral que causa un ictus, así que no hubo alternativas. Por ejemplo, llevaba allí todo un año y nadie me había tocado el brazo izquierdo, a pesar de tener fisioterapia todos los días Fue un tiempo perdido en unos momentos en los que actuar con rapidez es esencial. En cambio, con mi fisioterapeuta actual, en solo  unos meses y después de 8 años, cuando solo cabe esperar cambios mínimos e imperceptibles, ya realizo algunos movimientos con ese brazo. Otra cuestión fue la de mi voz. En mi caso yo no perdí el habla, sólo tenia una ronquera que no se me quitaba, producto quizás del hecho de que el ictus me desplazó la laringe hacia un lado. Yo lo que tenía era un problema de voz, no una afasia. Era la única paciente del centro a la que le ocurría eso. El resto de mis compañeros tenían que volver a aprender vocabulario, como conjugar verbos, como redactar frases. Para ellos era como aprender completamente un idioma nuevo. Yo no necesitaba un logopeda sino un foniatra. Y en el centro no sabían que hacer conmigo Tan pronto me suprimían las sesiones de logopedia a los 8 meses sin darme explicaciones, como me volvieron a poner durante años y años con logopedas  que cambiaban constantemente. . Finalmente reconocieron que no podían ni sabían hacer más por mi  en ese aspecto y que me aconsejaban dejar la logopedia. Y lo hice. !Por fin¡ En uno de los periodos en que se quedaron sin logopeda, una psicóloga se hizo cargo de esas sesiones. Una de las cosas que hacíamos era leer poemas para practicar la entonación. Yo, aunque gran lectora, no era aficionada a la poesía, aunque sí al teatro clásico en verso. Y la psicóloga/logopeda me proponía para trebajar poemas que yo nunca había leído. Y entonces descubrí que no había perdido completamente la capacidad de llorar. Uno de ellos me provocó una llorera importante mientras lo leía por primera vez.

Esta no-vida que nos vemos obligados a llevar ahora me lleva a tener que contaros estas chorradas sin interés. Lo siento. Tengo una idea que me ronda hace días la cabeza, sobre Caravaggio. A ver si mañana la pongo en pie, porque ya, ni chorradas siquiera.

lunes, 6 de abril de 2020

Atletas infantiles

Se ha criticado mucho que en los Juegos Olímpicos y otras competiciones participen, especialmente en gimnasia, deportistas de muy corta edad, auténticos niños, sometidos a un régimen de entrenamiento, de alimentación y de disciplina demasiado duro para sus pocos años. Especialmente denostado es el caso de China.




Los antiguos griegos no eran tan melindrosos y fueron incorporando progresivamente competiciones para niños a los Juegos Olímpicos, incluso en las disciplinas más brutales.

En la olimpiada 37 se establecieron premios de carrera y lucha para niños; en la 38, pentatlon infantil, aunque luego no volvió a repetirse. En la olimpiada 41 hubo pugilato infantil y en la 145 se incorporó incluso pancracio de niños. El pancracio era la más brutal de las formas de lucha, donde cualquier cosa estaba permitida excepto morder, sacarse los ojos o meter los dedos en la nariz o la boca del rival.

Y, seamos sinceros, todos disfrutamos viendo una y otra vez  a Nadia Comaneci volar sobre las paralelas en aquel increíble ejercicio que le valió un 10.

(No os puedo mostrar el video de You tube porque es propiedad del COI y no permite que se muestre aquí ). Pero os dejo el enlace para que quien desee recordarlo, pueda verlo en You Tube


Aquel  primer 10 en la historia de la gimnasia aquel 18 de julio de 1976, en las paralelas, yo estaba delante del televisor  Para una torpona en gimnasia como yo era aquello era casi imposible de creer. Recuerdo el silencio absoluto del público, el hecho de que el marcador no estaba preparado para mostrar un 10 (nunca había ocurrido) y por eso mostró un 1’00 y, sobre todo, la cara tan seria de aquella niña menudita, que no aparentaba 14 años y que apenas sonreía nunca. Nadia obtuvo seis dieces en total, y seis medallas: tres oros (individual, paralelas y barra), una plata (equipos) y un bronce (suelo).