viernes, 28 de agosto de 2020

La canción del viernes

Hace mucho que no escribo y es que no estoy inspirada. He recordado que, durante una época, tuve a costumbre de celebrar el viernes poniendo una canción. Hoy no vais a conocer ningún secreto de Carmina, pero al menos conoceréis, o volveréis a recordar los gustos musicales de Carmina. Prometo mucha variedad. Y escuchar buena música siempre es agradable, aunque no dé para cotillear mucho. Con mis besos,  pinchad en la flechita de reproducir, abrid a pantalla completa y subid el volumen. ¡Arriba el telón!


Aquí la letra. Animáos a hacer un play back:

PIENSA EN MI

Si tienes un hondo penar
piensa en mí;
si tienes ganas de llorar
piensa en mí.

Ya ves que venero
tu imagen divina,
tu párvula boca
que siendo tan niña,
me enseñó a besar.

Piensa en mí
cuando beses, cuando sufras
cuando llores
también piensa en mí.

Cuando quieras
quitarme la vida,
no la quiero para nada,
para nada me sirve sin ti.

Canción de 1,935,  compuesta por Agustín Lara.

lunes, 17 de agosto de 2020

Buenas tardes, Mona


Empezaré explicando, para los que no se dediquen a lo mío, que además de las clases, los claustros, las reuniones de Departamento y otras, las tutorías, las entrevistas con padres y las horas de guardia para sustituir a los compañeros enfermos, en nuestro horario se incluyen también “guardias de recreo”, es decir, pasearnos por el patio intentando que éste se parezca lo menos posible a un patio de instituto: niños jugando al futbol a lo bestia, parejitas morreándose detrás del gimnasio, chavales inconscientes poniendo en peligro su integridad física haciendo toda clase de actividades peligrosas, etc., y todo ello esquivando balonazos y choques con niños que corren marcha atrás, sin retrovisores ni intermitentes.

Continuaré diciendo que mi centro no es un colegio de primaria, sino un instituto de secundaria. De ello resulta que no hay nadie jugando “al corro de la patata” o “al pañuelito”. Es decir, que todos y cada uno de los alumnos, ya mayorcitos, están dedicándose a todo eso que debes evitar: colgándose de los pies de una portería de futbol, con la cabeza a dos dedos del duro cemento, saltando la valla que da a la calle para recuperar una pelota o dedicándose a las peleas en grupo (no pasa nada, profe, es en broma, si son mis amigos).

Es fácil deducir que todo esto es para nada, pues tres profesores no pueden vigilar a más de doscientos niños al mismo tiempo, que además están separados por dos edificios que te impiden verlos a todos a la vez. Ni aunque nos pusieran una torreta y unos prismáticos como los vigilantes de la playa, podríamos controlarlos a todos.

Una vez que haya ocurrido el accidente o incidente, tampoco puedes hacer nada. Aunque la ley te obliga a tener unos botiquines bien surtidos, no puedes darle a un niño al que le duele la cabeza ni una aspirina infantil, ni siquiera con autorización paterna. Y mucho menos curar heridas, coger puntos o poner una venda. Debes llamar a casa de la criatura para que pasen a recogerla, o llevarla al hospital más próximo, dependiendo de la gravedad del asunto. Pero sin intervenir de otra manera, no sea que los padres pongan un pleito al instituto. En cambio, en la mayoría de los colegios, había una enfermería donde se pasaban la mañana reparando toda una serie de pequeños desperfectos, y acto seguido te mandaban para clase como si nada hubiera pasado. Y los padres, agradecidísimos.

En fin, que pasa lo que tiene que pasar, que es lo que ha pasado siempre. Nunca falta un alumno con muletas por una mala caída jugando al fútbol o una “amable” patada de su amigo del alma. Pero a diferencia de otras épocas, ahora estamos siempre con la espada de Damocles sobre nuestras cabezas, temiendo que cualquier padre te monte un pollo, tanto por no proteger a su niño como por protegerlo demasiado (intromisión en su vida privada). No vale de nada decir que si le has repetido a los niños doscientas veces las cosas que están prohibidas, y el niño las hace de todas formas, algo de responsabilidad debe caerle al angelito.

Por otra parte está lo que también ha ocurrido siempre: que al gordo le llaman gordo; a la que tiene gafas, cuatroojos; al que es bajito para su edad, enano y todo ese repertorio de lindezas y motes que se usan desde los tiempos de los egipcios. Por supuesto, se supone que debemos tener un detector de mentes para saber inmediatamente si a un niño le han dicho algo desagradable cuando no había ningún profesor delante. Y por supuesto, suele servir por parte de los padres como excusa perfecta para todos esos alumnos que no dan un palo al agua, no estudian, no traen el material a clase, dejan los exámenes en blanco y se pasan las horas molestando o, simplemente, durmiendo.

A pesar de toda la cháchara pseudopedagógica con que nos tratan de aturdir, sabemos que pasa lo de toda la vida, que los alumnos buscan siempre la manera de hacer lo menos posible, que son crueles entre ellos, que son egoístas, que estudiar les aburre (porque la verdad es que estudiar, así en general, es un coñazo cuando tienes quince años). Por parte de ellos nada ha cambiado. Y para muestra, un botón.

Década de los 40, en un colegio marianista. Hay un profesor que, como todos, tiene su mote. Éste parece un gran simio, y tiene unas manazas como palas de remo. Le llaman “el Mona”, por supuesto a escondidas. Mi padre llega una tarde un poco tarde a clase y supongo que de los mismos nervios, sabiendo la reprimenda que le espera, se le va la pinza y espeta un alto y claro “Buenas tardes, Mona. Me cago en tu padre”. El Mona se pone tan furioso que parece que le va a dar un ataque y, cogiendo impulso, lanza una de aquellas manazas para darle un guantazo a mi padre, directamente, pedagogía de la buena. Mi padre se agacha a tiempo y la mano del Mona le pasa a dos palmos sobre la cabeza. Después, visita al despacho del director, por supuesto, y castigo. Su suerte fue que en ese momento mi abuelo estaba destinado en Ceuta y mi abuela estaba acompañándole. Los niños están a cargo de “tata Moma”, la niñera que ha cuidado de los doce hermanos y que se quedó en la casa para siempre. Eso lo libró de que mi abuelo triplicara el fallido intento del Mona, pero sin fallar.

Cualquiera que hubiera conocido después a mi padre encontraría difícil creerse esta historia, porque era la persona más correcta y educada que se pueda imaginar. Pero los nervios lo traicionaron en aquel momento de esa manera.

Por eso, porque sé por sus relatos lo que era un patio de colegio en los años cuarenta y luego, por experiencia propia, en los sesenta y los setenta, no voy a echarle la culpa de nada a los niños. Por ahí no ha cambiado casi nada. El cambio está en los gili-padres, en los gili-políticos y en las gili-leyes.

Por cierto, mi padre, con su hazaña, se convertiría en el héroe de la clase durante una temporada, hasta que otro la hiciera más gorda aún.

miércoles, 29 de julio de 2020

¡Ojalá me lo hubieran explicado así!

En primer curso de carrera (años comunes de Geografía e Historia)  tuve 5 asignaturas: Geografía, Latín, Historia de la Filosofía Antigua y Medieval, Prehistoria e Historia Antigua. Esta última fue mi preferida y Prehistoria. la que menos me gustó. Posiblemente porque me la explicaron mal. El profesor la daba sin ganas, sin entusiasmo A él lo que le gustaba era la Arqueología Medieval y su desgana se transmitía, creo que incluso a su pesar, porque eso suele pasar. La asignatura que explicas tiene que entusiasmarte o no llegarás a los alumnos.

Yo no descubrí la belleza de las Matemáticas hasta 5º de bachillerato. No porque la profesora fuera simpática o pasara la mano, que ninguna de las dos cosa era, sino porque le ENTUSIASMABA la asignatura y desde entonces las Matemáticas me parecieron un divertimento total y absoluto. Además de las tareas "obligatorias" yo tenía de motu proprio  un cuaderno gordo que llené de problemas de integrales y cosas parecidas, que resolvía como pasatiempo.

Uno siempre sabe cuando ha dado una buena clase. Y yo, las mejores clases que he dado han sido sobre temas que ni siquiera estaban en el temario, pero que me fascinaban.

Ahora me doy cuenta de que la Prehistoria me podía haber gustado si me la hubieran explicado de otra forma, porque disfruto MUCHO con documentales o libros que tocan el tema, como el caso de este libro.

Así que recomiendo este libro a todo aquel que quisiera saber sobre el tema de la evolución de la especie humana pero tenga miedo de encontrarse con algo farragoso y complicado. Nada de eso.

Tres revoluciones importantes conformaron el curso de la historia: la revolución cognitiva marcó el inicio de la historia hace unos 70.000 años. La revolución agrícola la aceleró hace unos 12.000 años. La revolución científica, que se puso en marcha hace solo 500 años, bien pudiera poner fin a la historia e iniciar algo completamente diferente. Este libro cuenta el relato de cómo estas tres revoluciones afectaron a los humanos y a los organismos que los acompañan. Bestseller internacional, traducido a 30 lenguas,  con más de diez millones de ejemplares vendidos.

Por cierto, el autor escribió una "continuación" : en "Homo Deus", el autor mira al futuro para ver a donde nos encaminamos.

No es mi costumbre meterme a recomendar libros pero con este creo ir sobre seguro.

jueves, 16 de julio de 2020

Lo mejor de Twitter





Me doy de alta en Twitter. No voy a escribir ni un twitt, sino que lo hago para recibir información y leer cosas escritas por personas ingeniosas, inteligentes y divertidas. Así lo hago constar en mi perfil. Lo primero que aparece es una lista de veintinueve sugerencias de personas a las que seguir, a saber: Sonia Monroy (en primer lugar), Paquirrín y otros tres concursantes del último “Supervivientes”, Carmen de Mairena, seis futbolistas, otros dos deportistas, dos presentadoras de televisión, varios humoristas, dos cantantes residentes fuera de España, dos personajes inclasificables y algunas personas más de las que no tengo ni la más ligera idea de quiénes pueden ser.

Sin palabras me quedo. Pero me viene a la memoria un twitt de @blancohumano: “Bienvenidos a la democratización de la idiotez. Esto es twitter, merezco que me escuchen porque soy idiota y tengo un teclado”.

martes, 14 de julio de 2020

Verdadera o falsa......Me da igual, yo también quiero decir algo

Seguramente ya sabéis de que hablo, porque en pocos días se ha convertido en popular. Se presenta como la carta de una profesora que critica al sistema educativo y da unas explicaciones apoyándose en la gramática. Inmediatamente ha salido la réplica aduciendo que es falsa, que salió por primera vez en 2009, que la persona que dice ser la autora no existe y que lo que dice de gramática es erróneo.


Como hace tiempo que quería hablar de esto, aprovecho la polémica y digo lo que algunos famosos en las entrevistas: Me alegro de que me hagas esta pregunta.

La gramática no es mi especialidad, así que ahí no me meteré, pero estoy perfectamente capacitada para hablar de MI EXPERIENCIA PERSONAL Y PROFESIONAL.

Es curioso como el momento en que naces te condiciona muchas cosas en la vida, y no me refiero a cartas astrales y otras pamemas anticientíficas. Nací en 1959, por lo que me tocó vivir bajo unos planes educativos determinados, que en mi caso me configuraron como la persona que soy. No fui a párvulos porque mis padres prefirieron tenerme en casa el mayor tiempo posible, pero no estaba dejada de la mano de Dios.

Mi hermano y yo tuvimos unas profesoras en casa y cuando entré en Primaria no iba en desventaja: sabía leer (sin silabear), escribir (con buena letra), sumar y restar con toda corrección. A leer me enseñó mi abuela con 4 años, y desde ese momento leí todo cuanto cayó en mis manos, que fue mucho, pues mi casa estaba llena de libros. Cuando todavía no leía mi abuelo me leía los cuentos.

 El primero que tuve de mi propiedad se llamaba "Beee, el corderito travieso". Era en verso y, tantas veces me lo leyeron que me lo aprendí de memoria perfectamente. También memoricé muchas fábulas y cosillas parecidas. Recuerdo perfectamente muchos de mis libros, como una adaptación infantil de La Iliada, con su tapa dura y unas ilustraciones preciosas. Recuerdo los "Cuentos de la Alhambra", de Washington Irving, superviviente de una colección enorme que había en casa de mi abuela paterna para mi padre y sus hermanos.

Leyendo, leyendo, aprendí a escribir sin faltas de ortografía, y si alguna se escapaba, el copiar 25 veces la palabra correctamente escrita eliminaba el error, pues, aunque no teníamos Pretecnología o Conocimiento del Medio como asignaturas, sí teníamos tiempo para hacer un dictado TODOS LOS DÍAS. Con 12 y 13 años tuve la asignatura de Latín y fijaos, la superé sin traumas. Al llegar a 5º de Bachillerato elegí Ciencias, pero mis asignaturas también incluían Historia del Arte, Historia Universal, Filosofía y Literatura, pues escoger una rama  no implicaba cercenar  la otra, eso me convirtió en una persona con curiosidad por un gran abanico de temas, con base para disfrutar POR IGUAL de la Ciencia y de la Poesía. Dada la fecha en que nací la televisión que conocí incluía aquellos "Estudio 1", donde ví a los grandes actores del teatro español representando La vida es sueño, Fuenteovejuna, El caballero de Olmedo o El alcalde de Zalamea, pero también a Ibsen, Moliere, Chejov o Balzac. Me enamoré del teatro en verso, de Shakespeare, del teatro  clásico griego, y todo ese repertorio me enseñó no sólo literatura, sino también ética y valores (una vez escribí, hace tiempo, que un estudio profundo de Antígona debería ser obligatorio para políticos). Voy terminando ya, no voy a insistir más, pero no me resisto a contar una conocida anécdota:

La de ministro Solís, defendiendo en las cortes franquistas un proyecto de ley para aumentar las horas de deporte en detrimento de asignaturas como el latín. Solís,  nacido en Cabra, provincia de Córdoba,  alardeaba de su cerrado acento andaluz y se vanagloriaba de ser lo que él entendía ser un hombre del pueblo, pero que no era más que ordinariez e ignorancia, terminó su discurso espetando con un volumen casi a gritos :

"¿porque,  en definitiva para que sirve hoy, el latín?"

Y D. Adolfo Muñoz Alonso, natural de Valladolid, profesor de la Universidad Complutense y amante de la cultura, no pudo contenerse y desde su escaño contestó al ministro. Solís:


"Por de pronto, señor ministro, sirve para que a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa." (entiéndase cabrón).

Es un  tema recurrente  que si los niños sólo miran pantallas de móviles, tablets etc... Esta mañana, leyendo peródicos me vino a la memoria una experiencia de mis tiempos como profesora de instituto, que traigo aquí para  conocer vuestro parecer. Yo opino que lo adultos son los culpables de todo esto.

Si a un niño le das siempre bazofia, acabará gustándole o acostumbrándose..

A mí me encanta El Tenorio, y comprendo que siga siendo un referente del teatro español. Los más grandes actores le han dejado su impronta. Oir la profunda y maravillosa voz de Fernando Guillén recitando esos versos hace  que mi interior se derrita como  un helado bajo el sol de agosto. Quizás sea porque desciendo de un autor de dramas románticos, Eusebio Asquerino. Ahora casi nadie lo recuerda, pero en su época disfrutó del suficiente reconocimiento como para que Esquivel lo incluyera en un cuadro que retrata a los poetas románticos, cuadro que está en el Prado. En fin, sea porqué crecí viendo la obra en la televisión cada día de difuntos de mi infancia, por  mandato de mi ADN o porque me gusta el teatro en verso, aquí estoy.


Lo que ocurrió en el instituto fue que hice una apuesta con el profesor de Lengua y Literatura, cuando entró en la sala de profesores bufando y quejándose de los alumnos de 2º de ESO. Entonces le hice una apuesta: Pondría en una clase de 2º de ESO la grabación de una  representación del Tenorio. ¡Teatro en verso y en blanco y negro!, dijo mi compañero, estoy seguro de que no aguantarán ni 10 minutos. Aguantaron, por supuesto. Les encantó la chulería del Don Juan, la apuesta con Don Luis Mejía, el desafío a los muertos, todo. Y al final de la clase tuve que prometerles que en la siguiente clase seguiríamos hasta el final. Sólo fue necesario lo normal, ponerles en el contexto con unas breves explicaciones y explicarles el significado de algunas palabras.


Hubo un inesperado efecto secundario:  durante unos días se oyó en el patio palabras como bellaco, malandrines, rufián, pero nadie protestó y todo pasó. Mi compañero aceptó mi victoria y yo demostré que a los niños no hay que tratarlos como a retrasados.


Podría decir muchas otras cosas, Tengo una anécdota a cuenta de la palabra  "botarate" pero no quiero cansaros, así que si se plantea otra cosa seguimos en los comentarios, Prometo contestar  a todos y cada uno.





Los bufones de Felipe IV



Cada día sufro casi 4 horas de penitencia. Mi madre (87 años) ve todas las tardes "Sálvame". Mientras tanto, yo, con mi portátil, leo novelas, veo series y películas (con subtítulos, para que a mi madre no le moleste el sonido de los videos), escribo para el blog. A veces hago crucigramas, ejercicios de atención, de flexibilidad (hay mil formas divertidas de ejercitar funciones cognitivas, sobre todo si tienes internet ). Como, gracias a Dios,  tengo mucha capacidad de concentración puedo abstraerme bastante bien del sonido de la televisión. Pero es imposible ignorar los temas que trata el programa. Llevamos un montón de días desmenuzando al milímetro el "notición" de que Enrique Ponce se separa de su mujer porque  se ha liado hace meses con una estudiante de veintitantos años. Cada día se añade algún dato más sobre la historia y los periodistas del programa se sienten "investigadores" porque van preguntando a las marujonas vecinas de la familia de la chica. Y unos pobres muchachos, que forman el escalafón más bajo del programa se pasan horas delante de la puerta de la casa familiar para conseguir la imagen del padre o la madre de la tal mientras pasan a toda velocidad dentro de un coche. Ya le hemos visto la cara incluso a los abuelos de la chica a los que casi les metieron el micrófono por la boca en una emboscada cuando salieron a comprar algo. La abuela se cerró en banda, pero al abuelo lo arrinconaron hasta hacerlo soltar unas titubeantes palabras. Ese "NOTICIÓN" quedó eclipsado ayer por el anuncio de que hay una famosa que se dedica a la prostitución y la sospecha de que a las fiestas de los futbolistas no solo van chicas de alterne, sino también chicos. Cuatro horas y media, 270 minutos pomtificando sobre lo mismo. Finalmente no dicen nada, no dan nombres (son listos, no se arriesgan a una querella). En el último minuto del programa anuncian a bombo y platillo que ¡¡¡tachaaaaán!!! mañana lo revelaran todo. Y así lo alargan durante una semana. Llevamos todo el verano indagando sobre temas tan trascendentales como por qué la hija de Rocío Jurado no quiere saber nada de sus dos hijos, ni verlos; sobre la familia se peleó por la herencia incluso antes de salir de la notaría; sobre qué pasaría si hacemos creer a uno de los perpetradores colaboradores del programa que otro de sus compañeros lo pone a parir. En fin, cosas así. Simplemente lo que harían Sócrates o Platón si estuvieran vivos. Hay que llenar el hueco de los filósofos que se van muriendo y Telecinco lo asume como su misión.



A todos, en algún momento mientras contemplábamos los cuadros de Velázquez, se nos ha venido a la cabeza un sentimiento de indignación contra esas personas que tenían a enanos, deformes y retrasados mentales para que les divirtieran. Todos hemos considerado la gran suerte que hemos tenido al nacer en esta época, después de unas revoluciones que han debilitado a esas clases sociales hasta el punto de imposibilitarles ejercer su maldad.



Apartemos los ojos de esas inimitables pinturas y volvamos a mirar a nuestro alrededor, y veremos cuan equivocados estamos. La crueldad que supone la utilización de las desgracias, los defectos o las particularidades físicas para divertirse no ha desaparecido nunca y ha propiciado durante muchas décadas espectáculos tan deplorables como el de “El bombero torero”, disfrutados especialmente por el pueblo llano. Vamos, que en cuanto han tenido a mano un enano del que reírse, han aprovechado la ocasión. Hasta el tonto del pueblo. Así, vemos que la crueldad y la insensibilidad ante la desgracia ajena no es patrimonio de una clase social o de un nivel económico determinado.

Ahora volvemos a tener para nuestra distracción todo un repertorio de pobres desgraciados cuyas miserias mostramos, con las posibilidades de los actuales medios de comunicación. Los fotógrafos intentan con empeño (y frecuentemente violando las leyes) obtener fotos de Fulanita mientras está en sus horas más bajas, ingresada en una clínica de desintoxicación o psiquiátrica. La masa que las contempla se consuela por este medio de su triste vida pensando, con cierta satisfacción, que “los ricos también lloran” (título de una telenovela de hace un montón de años). Los periodistas, en previsión de que el chollo se acabe demasiado pronto, buscan otros personajes tangenciales a esa historia para prolongarla todo el tiempo que sea rentable. Si hay que enviar a un periodista a Houston para que nos retransmita la  agonía de Rocío Jurado, aunque la familia desmienta que se esté muriendo, se envía. ¡Faltaría más! ¡Será por dinero…! Convendrán ustedes conmigo en que el asunto lo merece. Y además el tío, micrófono en mano, se muestra tan orondo y satisfecho que da la impresión de que está dando la exclusiva de la noticia más trascendente de este siglo.

Vuelta al plató de televisión, cambiamos de tema. Una batería de “periodistas” se enfrenta a una chica que tiene el increíble curriculum de haber intervenido con tres frases en un episodio de una serie española, haber cenado “a escondidas” con un futbolista conocido, y poco más. Y el diálogo que se produce podría ser de la siguiente manera:

– Periodista (con cara inocente que no engaña a nadie porque por las comisuras de la boca asoman los colmillos que chorrean sangre): Y ¿por qué no te has hecho un reportaje de fotos en la playa, como Ana Obregón o Norma Duval?

– Famosilla: Es que… a mí no me gusta la playa porque el sol me sienta mal. En las vacaciones prefiero hacer montañismo.

– P: ¡Mentira! ¡Lo que pasa es que en el año 2000 te hiciste una operación de estética que salió mal y desde entonces tienes una tercera teta encima del ombligo!

A la famosilla empieza a temblarle la barbilla, a punto de llorar, y protesta debilmente.

– P (lanzándose hacia delante, a punto de comerse a la famosilla): ¡Y la operación salió mal porque el doctor Perengano estaba con una borrachera tremenda cuando te operó! ¡Aquí están las pruebas! (y enarbola una foto de la tercera teta, que muestra a las cámaras).

La famosilla ya llora abiertamente, el público del estudio aúlla como la multitud en el circo romano. Si se puede, se enfoca al rostro de la madre de la famosilla, que está entre el público, para que se vea cómo le afecta la cosa.

– F (intentando defenderse): ¡Esa foto no es mía!

– P: ¡Sí que es tuya! ¡Nos la ha dado una enfermera que estuvo en esa operación!

La multitud aplaude, abuchea, ruge…, lo que le pide el cuerpo.

Entonces se ve una figura en contraluz que, con la voz deformada electrónicamente, asegura ser la susodicha enfermera, y certifica que ella lo vio todo. Para justificarse, dice que por qué va a mentir, que qué gana ella con esto (exactamente 5.000 euros; si hubiera hablado con la cara descubierta, 7.000 euros, pero esto no lo dice nadie). A la pregunta de por qué ha callado durante años, la enfermera comenta que ha sido por miedo. Al fin y al cabo, el doctor Perengano es el cuñado del torero Menganito de Segovia, y ya se sabe que esta gente tiene mucho poder. Ella ha temido por su vida y ha llevado una tremenda lucha interior, hasta que su sentido de la responsabilidad y su ética la han impulsado a dejar todo al descubierto. El periodista casi llega a proponer a la enfermera para el Nobel de la Paz, para agradecer su inestimable aportación a la sociedad, y remata con la consabida frase de que todos tenemos derecho a saber.

Ya tienen dos programas más asegurados, uno con el médico y otro con el cuñado torero. Y luego ya se verá. Puede que mientras tanto surja algún antiguo novio de la chica.

Ustedes aducirán que no les da tanta pena de estos personajes, desde el punto y hora que ellos van encantados a estos programas, y además cobran un dinero. Es verdad, pero esa no es la cuestión que yo planteo, sino cómo disfruta el público viendo como un cantante reconoce entre sollozos que de pequeño maltrataba a su madre, oyendo a una presentadora de televisión relatar los morbosos detalles de la gravísima enfermedad que padece, o comparando con fotos quién está más deteriorada, la actriz Sutana cuando le dio el coma etílico, o la marquesa Fulana, cuando la atropelló sin querer su hija con el todoterreno (aunque en realidad no fue sin querer, se sugiere sibilinamente; ya se sabe que la hija estaba resentida con la madre porque le había birlado un novio).

Si esa maruja de aspecto inofensivo y ese viejecito traído de la residencia de ancianos para que asista a la grabación del programa hubieran sido en la corte de Felipe IV los duques de Tal, ¿de qué hubieran sido capaces por distraerse de su aburrida vida?




sábado, 11 de julio de 2020

Harta de monsergas



Los que me leen desde mi primer blog (Desde la isla de Eritheia) saben que escribía a chorros. A veces, dos entradas en un mismo día. Llegó el ictus y empecé a escribir menos, no porque me costara, sino porque tuve que dejar de trabajar, salía menos a la calle....., Antes los temas venían a mi como las moscas a la miel después, tenía que buscarlos. También el tono cambió. De sentarme a escribir con los colmillos afilados, a amansarme bastante. Supongo que al empezar a cumplir años, muchas cosas empezaron a importarme un pepino. Pero hoy me he levantado como antes. Afilando los cuchillos. Y lo que voy a tratar se basa en cosas que viví hace años, cuando trabajaba dando clases en un instituto de secundaria. Ayer leyendo una novela. tropecé con el nombre de un personaje real, histórico, que no me sonaba de nada. buscando información, encontré ms datos sobre él y me reafirmé en opiniones que ya tenía,  adquiridas por experiencia.

En el primer instituto que trabajé tuve dos compañeros profesores, uno de Historia y otra de Lengua, que estaban casados con personas estadounidenses. Y ambos contaban lo mismo. El sistema educativo  de EEUU es lo más malo, funesto y embrutecedor que se despacha en el primer mundo. Los norteamericanos opinan que dar una buena enseñanza a todo el mundo es tirar el dinero, así que dan la enseñanza más barata y cutre que hay a todo el mundo, al menos en la pública. Cuando detectan alumnos buenos, a esos sí les dan lo mejor. Piensan:  ¿para qué despilfarrar dinero dando una buena enseñanza a todo el mundo si muchos de ellos no van a llegar a nada, a lo mejor a trabajar en una obra? Los profesores no son especialistas en ninguna materia. El mismo profesor puede dar clases de Educación Física y Ciencias Naturales, es igual. El nivel es tan bajo que cualquiera podría darlo. (Recordad la película "Mentes peligrosas", donde la protagonista pasa de ser marine a profesora de literatura, así,  sin transición"). ¿Os imagináis la que montarían aquí los padres de los alumnos si un soldado de infantería de marina fuese, de golpe, el profesor de literatura de sus hijos? Los que contratan a los profesores y los despiden son los padres (el consejo escolar) Los profesores saben que si suspenden mucho o piden un nivel alto al curso siguiente no vuelven, así que tragan. Ahora bien, en un país donde la Universidad está al alcance de muy pocos un zoquete que juegue bien al baloncesto o al fútbol americano llega a la Universidad como un cohete. Una vez allí, hacen tres cursos donde pueden elegir entre las asignaturas más chorras del mundo: Economía Doméstica, Teatro, Bailes de Salón, etc... Con esos tres cursos ya les dan un título y ese es el título que tienen los profesores de la pública. ¿Para qué gastar dinero en dar cierto nivel educativo a todo el mundo, a gente que a lo mejor no llega a nada? Se dicen "es más rentable ahorrar en la masa que llega a secundaria y luego gastar en contratar a los mejores profesionales extranjeros para lo importante. Ellos (sus países de origen) gastan el dinero público en formarlos y nosotros los aprovechamos. Por eso la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Harvard (que puede permitirse el lujo de pagar lo que quiera) tiene un director español, Rafael Moneo, o el psiquiatra Rojas Marcos fue el máximo responsable de la salud mental del área de Nueva York. Habrá docenas de ejemplos más, pero ahora mismo recuerdo estos.

La profe de Lengua que estaba casada con un americano estuvo allí unos años, viviendo con su marido y se volvió, asqueada porque si quería dar clase tenía que caerle bien a los padres, que son los que contratan y doblegarse en todo al grupito de padres que mangonea el instituto.  

El segundo instituto en el que estuve fue en el de la Base de Rota. Allí hay dos institutos, uno español y otro norteamericano La diferencia de nivel es abismal. Uno de los profesores del instituto americano vino al nuestro, desesperado con su hijo, pidiendo que se lo admitiéramos. Y la criatura, en 2º de ESO, no sabía escribir en su lengua natal "Feliz Navidad", frase que debía haber visto millones de veces, aunque fuera en los escaparates de las tiendas. La profesora de Inglés estaba alucinada. Escribía como un niño de 6 años, garabatos con renglones torcidos, pasando de mayúsculas....

Por eso no debemos extrañarnos que pintarrajeen estatuas de Cervantes (por "racista") o aupen a la presidencia a un zoquete que hace apología en contra del uso de la mascarilla. En fin, ya me he desahogado.

Alguien tiene que decirlo.







viernes, 26 de junio de 2020

El pastelero no fue el único (ni mucho menos)

Cuando compartí la entrada en el blog que iba a servir de mera introducción a la historia de Peter Stuart Ney y a la posibilidad de que el mariscal Michel Ney no hubiera muerto fusilado sino que estuviera huído en Estados Unidos y bajo una identidad falsa. La "introducción" se alargó hasta las 1.555 palabras, lo que aconsejó desplazar a Ney a una segunda parte. Como digo, cuando compartí el enlace en Facebook, mi amigo Juan José Iglesias me dejó un comentario (gracias, Juan José), que decía: "Y no te olvides del pastelero de Madrigal y el Encubierto". Respondí: "Lo del pastelero ya lo tengo preparado es la (entrada) de mañana". Al día siguiente añadí a mi galería de farsantes a Gabriel de Espinosa y toca, por tanto hablar de El Encubierto. Con esto yo pensaba dejar zanjado el tema, pero me veo tentada por historias tan bizarras como la del cosaco que se hizo pasar por el zar Pedro III o el pícaro sevillano que decía ser nieto de Atahualpa. Esto es como las cerezas: coges una y enganchadas una a otra salen docenas. Por favor, hacedme la caridad, de dejar vuestra opinión sobre si cortó aquí o sigo con historias semejantes. En fin, vamos al turrón, como se suele decir en mi casa.

Durante el reinado de Carlos I tuvieron lugar en Valencia y Mallorca unas revueltas conocidas con el nombre de germanías, lo que en nada tiene que ver con los germanos, sino que viene de la palabra germá (hermano). Se trataba de hermandades de artesanos a los que se había autorizado a armarse por un privilegio de Fernando el Católico para constituirse en milicias para defenderse de los frecuentes ataques de los piratas berberiscos. Cuando en 1.519 estalló en Valencia una epidemia de peste, la nobleza huyó de la ciudad y se pidió a las germanías que se disolviesen, pero, en lugar de eso, aprovechando que estaban armados, se levantaron contra la autoridad del rey.  Pidieron a los moriscos que se les unieran, pero éstos se negaron a ir contra sus señores. Entonces los sublevados usaron la excusa de la religión para asaltar y destruir la morería de Valencia, extendiéndose a todo el reino hasta Mallorca. El rey Carlos se encontraba en Aquisgrán negociando lo relativo a su coronación como emperador y la situación, a la que al principio no se dio mucha importancia, se radicalizó  a raiz de la muerte de la muerte de Joan Llorenç, primer dirigente de las germanías, tejedor valenciano que deseaba dotar a Valencia de una constitución republicana al estilo de Génova y Venecia. Tras la muerte de Llorenç, tomó el relevo un vendedor de terciopelo llamado Vicente Peris, que junto con otros  cabecillas de segunda fila llevaron el movimiento hacia la perpetración de violencias sin dotarlo de un programa preciso. En 1.521 la situación militar  de los agermanados se deterioró y el virrey pudo entrar de nuevo en Valencia. Medio año después de la entrada del virrey en Valencia, Vicente Peris, dirigente agermanado, pudo entrar en la ciudad y se hizo fuerte con un grupo armado, pero no pasó a mayores y acabó con su derrota y muerte.  La Germanía se trasladó entonces a poblaciones como Játiva y Alcira, que resistieron hasta finales de 1522. Tras la ejecución de Peris apareció un personaje que dijo llamarse Enrique Manrique de Ribera. Tras la ejecución de Peris se presentó en la plaza de Játiva el 10 de marzo de 1522 para dar un discurso en el que proclamaba venganza por la ejecución perpetrada por el Marqués de Zenete, es decir, Diego Hurtado de Mendoza. Se convirtió así en el sucesor del líder de los revolucionarios.

En un encendido discurso en la plaza de Játiva anunció que se proponía la remoción del emperador Carlos I …porque el rey era él mismo, ya que decía ser hijo del primogénito de los reyes católicos.  Decía ser hijo del heredero de los Reyes Católicos, el príncipe Juan. Según  explicó, su madre, la archiduquesa Margarita de Austria, al quedarse viuda estando embarazada quedó bajo la tutela del cardenal Mendoza, que precisamente era muy odiado por los agermanados por ser padre del virrey. Al momento del parto, Mendoza habría mentido  para que la corona recayese en Felipe el Hermoso,  diciendo que habia nacido una niña que murió al poco tiempo, mientras que a él lo quitaron de en medio en secreto, siendo criado por una pastora en Gibraltar. En el discurso del Encubierto, la conspiración podría tener visos de certidumbre: en realidad, el hijo de Juan y Margarita había sido oculto para que no reinase merced a la conspiración del cardenal Mendoza y Felipe el Hermoso. En el plano real, un mero detalle cronológico invalidaba este complot, ya que el cardenal Mendoza había muerto en 1495, es decir, dos años antes que el príncipe Juan, por lo que no pudo haber efectuado las maniobras oscuras de que le acusaba el Encubierto. Sin embargo, este detalle es también significativo de lo bien construida que estaba la trama: el cardenal Mendoza era un personaje odiado por los valencianos, ya que, a la sazón, había sido el padre del virrey de Valencia y el marqués de Cenete, los dos nobles que habían protagonizado la represión de las Germanías.

Presumiblemente había llegado a Valencia con un comerciante llamado Juan de Bilbao con el que había vivido en Orán durante 4 años. Esa amistad se rompió porque el supuesto "rey" había cometido adulterio con la esposa de Bilbao Luego pasó a ser despensero de cierto regidor al cual también sustrajo la esposa, por lo cual fue condenado a cien azotes. Durante un tiempo vivió en Valencia como ermitaño y que se había mantenido oculto hasta entonces siguiendo el designio divino para darse a conocer en el momento en que los reinos estuvieran perdidos y necesitados de un monarca natural, momento que le pareció llegado a la muerte de Peris. En cualquier caso, fue entonces cuando marchó a Valencia y urdió aquel inaudito montaje sobre el príncipe Juan. Con su nueva identidad y el entusiasmo levantado entre la población, formó su propia corte y se convirtió en el rey sin corona de los últimos agermanados quienes, de hecho, le conocían como el Rey Encubierto.

Sus proclamas no se limitaban al plano político o militar sino que se extendían al religioso. Haber sobrevivido casi de milagro a una lluvia de flechas que cayó sobre él en una escaramuza contra las tropas reales le dio el aura definitiva; se decía que era inmune a las armas convencionales y sólo podría morir en Jerusalén, que levitaba y que, consecuentemente, se trataba de un auténtico santo en vida. Hubo incluso, quien aseguró que lo había visto levitar. Lamentablemente, pronto pudo comprobar en sus carnes que no era así porque, aparte de fracasar en el intento de reconquistar Valencia y tras unos meses de apogeo triunfal, el 18 de mayo de 1522 unos matones, debidamente sobornados por el Virrey, le cosieron a puñaladas en Burjassot y se llevaron su cuerpo a la capital levantina, donde se le cortó la cabeza para exhibirla como trofeo para que después la Inquisición le condenara a la hoguera post mortem por hereje.


El Encubierto había llegado a la ciudad en el momento justo, cuando el movimiento estaba en crisis y prácticamente derrotado tras la muerte de su líder, aportando una nueva esperanza a unas gentes necesitadas de ella, aunque hubo también un factor importante como fue la extraordinaria difusión entre los cristianos del Levante español de las ideas cruzadistas contra el Anticristo y del mesianismo entre los criptojudíos (conversos que seguían practicando su fe en secreto) valencianos, que apoyaron decididamente las Germanías.

En cuanto a su verdadera identidad, está publicado que en un inventario de bienes de un seguidor de El Encubierto figura que su nombre era Antonio Navarro, judío converso de procedencia andaluza.

LA PAZ DE LAS GERMANÍAS, OBRA DE MARCELINO DE UNCETA









jueves, 25 de junio de 2020

El misterio del pastelero de Madrigal

Y ahora el caso español que ayer dejé pendiente y que, por quedar la entrada demasiado larga 

 
SEBASTIÁN DE PORTUGAL
 En 1578 el joven rey Don Sebastián de Portugal desapareció en la batalla de Alcazarquivir, lo que dio lugar a un movimiento llamado Sebastianismo, que no lo consideraba muerto, sino que esperaba que un día volviera a recuperar su trono. Mientras tanto, al haber desaparecido el rey sin herederos, su tío Felipe II de España había heredado su trono en 1580 y Portugal había perdido su independencia. En esas condiciones, la supuesta reaparición de Don Sebastián era esperada con gran fervor, por lo que se dieron varios casos de intentos de suplantación de su personalidad.

A fines de junio de 1594 llega a Madrigal de las Altas Torres (Ávila) un hombre llamado Gabriel de Espinosa. Le acompañan su hija Clara, de dos años, y una mujer, Ines Cid, presuntamente el ama de la niña, pero en realidad su madre. Gabriel quería asentarse en el pueblo para ejercer su oficio de pastelero (no de dulces, sino de pasteles de carne y empanadas). Pero Gabriel no parecía un humilde pastelero. Montaba a caballo con cierta destreza y hablaba idiomas, al menos francés y alemán. Muchos decían que parecía más un caballero que un pastelero.

En Madrigal conoce a Fray Miguel de los Santos, agustino portugués y vicario del convento de Nuestra Señora de Gracia el Real de Madrigal, que había sido confesor en la corte del rey Don Sebastián de Portugal. Se supone que este personaje está en el centro de la trama que envolvió a Gabriel de Espinosa y que culminó con la detención del mismo en Valladolid. El motivo de dicha detención es que en Valladolid se ha oído a Gabriel de Espinosa hablar con poco respeto del rey, por lo que es denunciado y apresado por Rodrigo de Santillán.

En el momento de su detención Espinosa llevaba consigo algunas joyas y, más importante, cuatro cartas. Dos eran de Fray Miguel de los Santos y las otras dos de doña Ana de Austria, hija natural de Juan de Austria y sobrina de Felipe II, que era monja en el mismo convento en el que estaba destinado el agustino. Las joyas encontradas al pastelero resultaron ser de la ilustre monja.


ANA DE AUSTRIA
   El contenido de las cartas dejó estupefacto a Rodrigo de Santillán. El fraile llama Majestad al pastelero, y doña Ana lo trata como prometido y llama “mi hija” a la niña. Aquello necesitaba aclararse, de forma que don Rodrigo viaja a Madrigal, encierra a doña Ana en sus aposentos, detiene a fray Miguel de los Santos y a Inés Cid, y confisca unos cuantos papeles que encuentra en posesión de los mismos.

Fray Miguel revela, entonces, que Gabriel de Espinosa es en realidad el rey Don Sebastián de Portugal, dado por muerto en 1578 y reconocido por él en Madrigal. No se sabe si fray Miguel realmente creyó ver en aquel hombre a su añorado rey (era pelirrojo, rasgo muy poco frecuente en Castilla) o si había escogido a Gabriel de Espinosa para convertirlo en el centro de un plan para colocarlo en el trono. Se suceden los interrogatorios, de los que no se sacó mucho en claro.


Fray Miguel declaró en todo momento que cuando vio a Gabriel por primera vez en Madrigal, creyó firmemente que se trataba del rey desaparecido, y que le había preguntado sobre su identidad, a lo que el pastelero había contestado con ambigüedad. Se lo presentó a doña Ana, la cual también se convenció de que era su primo, cuyas aventuras gustaba de oir.

Doña Ana, de 27 años, estaba en el convento desde los 6 años por orden del rey. No tenía vocación de monja y sí mucha imaginación. En seguida se avino a la idea de una boda con el presunto primo, en cuanto el Papa concediera la dispensa. Por esa causa llamaba “mi hija” en las cartas a la niña del pastelero.

Gabriel de Espinosa declaró que aquel no era su verdadero nombre, pero que lo usaba porque era el que figuraba en el examen a oficio de pastelero que tenía en su poder. Efectivamente, dicho documento existe. Es un apunte en el libro de acuerdos del concejo de Ocaña fechado en agosto de 1588 donde Gabriel de Espinosa reclama su derecho a ser pastelero exhibiendo un título de examen de ese oficio expedido en Toledo. Pero nunca aclaró su verdadera identidad. No declaró nada acerca de sus padres o de su nacimiento.

Acusado de crimen de lesa majestad, Espinosa fue condenado a muerte, siendo ahorcado el 1 de agosto de 1595 en Madrigal. Después de ahorcado fue decapitado y descuartizado. Fray Miguel de los Santos fue trasladado a Madrid, y también ahorcado y decapitado. Su cabeza se trasladó a Madrigal, donde fue exhibida junto con la de Gabriel de Espinosa.

Doña Ana de Austria fue encerrada en un convento de Ávila, aunque a los pocos años se le permitió volver a Madrigal. Con el tiempo llegó a ser abadesa del monasterio de Las Huelgas, la más alta posición que puede alcanzar una religiosa en España.

Ines Cid fue desterrada de Madrigal. Se marchó con su hija y con otro niño que tuvo durante su estancia en el pueblo, bautizado en abril de 1595, y no se supo más de ella.

La falta de datos alimentó durante siglos diferentes teorías sobre el personaje, adornadas con diversos misterios. Se ha dicho que no era ni el rey Don Sebastián ni un humilde pastelero, sino el hijo de algún noble, quizás un bastardo de sangre real, y a eso debía ciertas características de su persona y cierta actitud de orgullo impropia de un simple artesano, que nunca dejó de mostrar. Se ha comentado que Simón Ruiz, el mercader más adinerado de Medina, le hacía llevar a la cárcel cada día comida en vajilla de plata, y eso indica que contaba con el apoyo de ciertas personas, que aparte de fray Miguel otros creían su historia. Se ha destacado que fray Miguel nunca abandonó su versión, y que mantuvo hasta el cadalso la afirmación de que se trataba de Don Sebastián de Portugal.

Posiblemente nunca se sepa la verdad.

miércoles, 24 de junio de 2020

Las dos vidas de Ney

En otras épocas, la inexistencia de la fotografía y las pruebas de ADN y el desconocimiento de las huellas dactilares propiciaron que, de tanto en tanto, apareciera algún personaje asegurando ser alguien famoso que supuestamente había muerto años antes.

PERKIN WARBECK
   En el siglo XV, un flamenco llamado Perkin Warbeck afirmó ser Ricardo de Shrewsbury, primer Duque de York, el hijo menor del rey Eduardo IV de Inglaterra, constituyéndose en pretendiente al trono de Enrique VII. Como realmente no se sabía qué había ocurrido en la Torre de Londres con el auténtico Ricardo de Shrewsbury (los historiadores creen que murió en 1483), mucha gente le dio crédito a Warbeck, y se supone que otros, aunque no lo creyeran, lo apoyaron para derrocar a Enrique VII. Aprovechándose del resentimiento de los habitantes de Cornualles por la subida de impuestos, desembarcó en esa parte del país y se hizo coronar como Ricardo IV. Cuando Enrique VII envió a su ejército, Warbeck se acorbardó, abandonó su ejército y fue capturado. Finalmente confesó y fue ahorcado en 1499.

Mucho más cerquita, en España, tenemos un caso parecido que me voy a reservar porque quiero dedicarle una entrada completa más adelante.

Uno de los casos más conocidos es el de la supuesta Gran Duquesa Anastasia, la más joven de las hijas del zar Nicolás II, que resultó finalmente ser 


ANASTASIA Y ANNA ANDERSON EN 1.920


Una muchacha rescatada en 1920 en Alemania por un policía cuando intentaba suicidarse, permaneció durante años en un manicomio y sin decir ni una palabra sobre su identidad. Posteriomente utilizó los apellidos Tchaikowski y Anderson En realidad no se sabe cómo empezó el hacerse pasar por la gran duquesa Anastasia, si fue ocurrencia de ella o alguna persona le metió la idea en la cabeza. Algunas personas muy cercanas a la familia del zar negaron que fuera Anastasia, pero otras dudaron o lo afirmaron. Por ello, su caso se prolongó durante décadas, llegando e ser el proceso civil más largo de Alemania, aunque siempre hubo demasiadas dudas.

El hecho de que los cuerpos de la familia imperial rusa no hubieran sido hallados incrementaba la incertidumbre. Había testimonios contradictorios. La persona encargada de supervisar la ejecución declaró que todos habían sido fusilados, pero un sastre vienés que vivía en la casa frente a la que fueron ejecutados declaró que Anastasia se había salvado. Finalmente los cuerpos fueron hallados. Ana, fallecida en 1984, fue identificada después de su muerte gracias al ADN. Aunque su cuerpo había sido incinerado, en un hospital permanecía un trozo de su intestino procedente de una intervención quirúrgica. A partir de ese momento, no hubo dudas. Finalmente quedó establecido que se trataba de una obrera polaca con antecedentes de enfermedad mental llamada Franziska Schanzkowska.


En algunos casos la motivación de hacerse pasar por otro es difícil de establecer. No es por obtener poder, ni por cuestión de dinero, sino más bien por obtener fama, como Alicia Esteve, o por la fantasía de vivir una vida de aventuras, como parece el caso de Mary Wilcocks.


PRINCESA CARABOO
 En 1817, un zapatero de un suburbio de Bristol encontró a una mujer vestida de forma exótica, que hablaba un lenguaje incomprensible. Por aquellos tiempos, mendigar era un delito fuese uno extranjero o no, así que el zapatero y su mujer llevaron a la chica al Superintendente, que la llevó ante el magistrado Worrall. La cocinera de Worrall era griega y hablaba varias lenguas, pero no identificó la lengua en la que hablaba la muchacha. Con bastante esfuerzo les hizo entender que se llamaba Caraboo y que venía de Asia. Era vegetariana, sólo bebía agua y té, pronunciaba extrañas oraciones subida a un árbol antes de comer y dormir, se bañaba desnuda en un lago, usaba el arco y las flechas y bailaba supuestas danzas exóticas.

Un marinero portugués, de quien no sabemos si era su cómplice o un bromista, dijo que entendía el lenguaje de la muchacha y contó su historia tras “hablar” con ella. Era la princesa de un reino llamado Javasu, había sido raptada por unos piratas y después de un viaje bastante largo, estando cerca de la costa inglesa, se arrojó al agua y nadó hasta la orilla. Caraboo se hospedó con los Worrall y se convirtió en el centro de atención de la sociedad provinciana de Bristol. Worrall envió una transcripción del lenguaje de Caraboo a los expertos de Oxford, quienes devolvieron el escrito señalando que era una farsa. Sin embargo, todo el mundo se negaba a aceptar que fuera una impostora.

Empezó a hacerse famosa y cuando salieron algunos retratos suyos en los periódicos, comprendió que la cosa se le estaba yendo de las manos. Intentó escaparse de casa de los Worrall varias veces. En uno de sus intentos llegó a la ciudad de Bath, donde la señora Worrall la siguió y la trajo de vuelta. Pero apareció la dueña de una casa de huéspedes de Bath, que había visto su retrato en los periódicos, y la identificó como la mujer que se hospedó en su casa dos días antes de aparecer en Bristol. Desenmascarada, la falsa princesa confesó ser Mary Wilcox, nacida Baker, hija de un zapatero, que había servido como criada en varias mansiones pero que ansiaba una vida de aventuras en América o en Asia. Vagabundeó por el sur de Inglaterra durante un tiempo, vivió con gitanos, algunas de cuyas palabras incorporó a su jerga, se casó, fue abandonada por su marido, y decidió marchar a América. Pero estando cerca de Bristol se le ocurrió hacerse pasar por extranjera. El truco le sirvió muchas veces para obtener comida o alojamiento gratis. A veces era descubierta y a veces no.

Los Worrall, abochornados, la enviaron a América para que nunca más se supiese de ella. Pero, tras una estancia en Filadelfia y viajar probablmente por España y Francia, Mary volvió a Bristol. Allí se casó, tuvo varios hijos y allí viven todavía sus descendientes.

ALICIA ESTEVE
El caso más reciente fue el de Alicia Esteve, nacida en Barcelona, que afirmaba ser Tania Head, una superviviente de los atentados del 11S que se encontraba en el piso 78 de la torre sur del World Trade Center. Logró prolongar el engaño durante seis años, y llegó a ser presidenta de la asociación de supervivientes de los atentados. El caso de Alicia es un poco diferente a algunos de los ya mencionado, porque no pretendió ser alguien real, sino que se inventó una identidad inexistente. De cualquier forma es bastante curioso que su impostura consiguiera durar tanto tiempo, porque demuestra cómo la tremenda conmoción que supuso para los norteamericanos los atentados y la compasión por tantas víctimas se impuso durante bastante tiempo a la lógica aplastante de unos datos tan fáciles de comprobar y rebatir en su momento.

Tenemos también casos de personas que han asumido identidades falsas e inexistentes con el único objetivo de cometer un fraude, sin más motivación que el dinero.

ELIZABETH BIGLEY
Por ejemplo, Elizabeth Bigley fue una canadiense nacida en 1857 que con 22 años fue detenida por falsificación, pero fue liberada tras declararla loca. En 1882 se casó con Wallace Springsteen, quien la echó de su casa a los once días, cuando se enteró de su pasado. Después se casó de nuevo con un tal doctor Chadwick en 1897, y así empezó su fraude más famoso: Usando el nombre de Cassie L. Chadwick dijo ser hija ilegítima de Andrew Carnegie, un escocés que era de los millonarios más importantes de principios del siglo XX. Falsificó un cheque por 2 millones de dólares con la firma de Carnegie. La información se filtró a los mercados financieros y los bancos empezaron a ofrecerle sus servicios. Los siguientes ocho años usó esta identidad hasta obtener entre 10 y 20 millones de dólares. Curiosamente, nadie preguntó por ella al supuesto padre hasta años después. Carnegie dijo que no la conocía de nada, y fue detenida. Su juicio fue todo un espectáculo en la época. Murió en la cárcel en 1907.

CRISTOPHE ROCANCOURT
En épocas más recientes, Christopher Rocancourt se hizo pasar por un miembro francés de la familia Rockefeller. Siendo ya un timador con cierta experiencia llegó a Estados Unidos y en Los Ángeles se codeó con muchos personajes famosos. Llegó a vivir por un tiempo con Mickey Rourke, y convenció a Van Danme de que le iba a producir su próxima película. Llegó a reunir unos 40 millones de dólares. Fue detenido en Canadá, donde escribió una autobiografía en la que ridiculizaba a sus víctimas. Fue extraditado a Estados Unidos, donde se le juzgó por diversos delitos.




DAVID HAMPTON
Un negro estadounidense llamado David Hampton quiso entrar una vez en la famosa discoteca Studio 54 y se le negó la entrada. Entonces dijo ser hijo de Sidney Poitier e inmediatamente le dieron paso. Alentado por su éxito, se le ocurrió entonces seguir con su impostura. Comenzó a usar la identidad de David Poitier para comer gratis en restaurantes. Convencía a mucha gente de que lo alojaran en sus casas o le prestaran dinero, incluyendo a Melanie Grifith, Gary Sinise y Calvin Klein, entre otros personajes conocidos. Le dijo a algunos que era amigo de sus hijos, a otros que había perdido un avión y se había quedado sin equipaje o que le habían robado. En 1983 Hampton fue arrestado y juzgado por sus fraudes. Su historia inspiro la película “Seis grados de separación”. Murió de complicaciones derivadas del  sida en 2003.

En fin, lo que no era más que una introducción para el verdadero personaje al que iba a dedicar esta entrada, pero me he ido entusiasmando y se ha convertido en un texto de 1,555 palabras muy largo. Os pido disculpas y prometo que lo que sigue  va resumido para no aburrir.



Michel Ney, nacido en 1679, era hijo de un tonelero francés y de una mujer de origen alemán. Después de recibir una educación básica con los agustinos, empezó a trabajar en la oficina de un comerciante de licores y posteriormente como aprendiz de vendedor en una fundición. A los 18 años entró en el ejército, como voluntario, y a partir de ese momento su carrera militar fue meteórica, debido a las grandes virtudes que tenía para esta profesión. Luchó en las guerras revolucionarias y no dejó de ascender hasta que en 1804 recibió de Napoleón el bastón de mariscal del Imperio.

Su carrera con Napoleón fue fulgurante, con grandes victorias como la batalla de Güttstadt, donde los 14.000 hombres de Ney derrotan a 70.000 rusos, logra encerrar a los austriacos en Ulm y bloquea a los rusos en Friedland. Como premio, Napoleón lo nombra duque de Elchingen. También tuvo algunos tropiezos, como sus enfrentamientos con José Bonaparte o con el mariscal Soult, aunque Napoleón nunca dejó apoyarlo. Pero donde sobresalió de un modo extraordinario fue en la campaña rusa, interviniendo en las batallas de Smolensko y Borodino. Tras esta última batalla Napoleón lo nombró príncipe del Moscova.

El desastre de la retirada de Moscú se debió en parte a que sus consejos no fueron escuchados. Ney se comportó de una forma heroica durante este episodio, protegiendo la retaguardia de Napoleón de los cosacos rusos durante cuarenta días, y haciendo gala de un valor extraordinario en los momentos más desesperados. Siguió con Napoleón hasta el último momento, siendo el encargado de entregarle el ultimátum de la abdicación.

Tras el destierro de Napoleón en Elba, se presenta ante Luis XVIII, que le confirma en sus títulos y posición y lo nombra Par de Francia. No se siente a gusto en su nueva situación, pues la aristocracia lo considera un advenedizo. Cuando Napoleón huye de Elba se le encarga apresarle y cuando lo tiene a su alcance duda si cumplir la orden o unirse a él. Finalmente decide hacer esto último, pero le advierte a Napoleón que sólo permanecerá a su lado si no va a gobernar como un tirano y va a dedicarse a reparar los males causados. Continuó junto a Napoleón hasta el último momento, la desastrosa (para los franceses) batalla de Waterloo.

Tras ser desterrado Napoleón por segunda vez, Ney está dispuesto a exiliarse en América; entonces Fouché le entrega un pasaporte con un nombre falso, pero las fronteras y los puertos están cerrados para él, por lo que debe refugiarse en Lot, en casa de sus suegros. Aunque Luis XVIII hubiese preferido no tenerlo de prisionero, un prefecto descubre su escondite. Ney va a ser juzgado por un consejo de guerra. Piensa que el ser juzgado por militares le va a perjudicar, y solicita ser juzgado como noble. De cualquier forma, la Cámara de los Pares estaba llena de monárquicos, así que fue sentenciado a muerte por alta traición por una apabullante mayoría de votos.

Fusilado frente a una tapia de los Jardines de Luxemburgo el 7 de diciembre de 1815, se le concedió el privilegio de dar él mismo las órdenes al pelotón de fusilamiento. En lugar de caer doblado en dos, en medio de estertores, cae de un golpe, sin un grito y le ahorran el tiro de gracia. No hay, además, ningún médico que verifique su muerte.


TUMBA DE NEY EN PERE LACHAISE
   El cuerpo es llevado a un hospital, donde permanece depositado hasta el día siguiente, en que es enterrado en el famoso cementerio de Père-Lachaise, casi a escondidas, incluso sin la presencia de su esposa. Inmediatamente, comienzan a circular extraños rumores; se dice que Ney no ha muerto sino que se ha evadido. Los realistas, furiosos, piden que se publique el relato de la ejecución.
Hasta aquí la historia del mariscal Ney. A partir de aquí la curiosa, para algunos, leyenda y para otros el verdadero final.

En 1818, un profesor que residía en la ciudad de Florence (Carolina del Sur, Estados Unidos), llamado Peter Stuart Ney, con la lengua bastante suelta a consecuencia de una borrachera, empezó a contar ante un grupo de íntimos que era el mariscal Ney, que en realidad no había muerto fusilado en París.

Según Stuart, el duque de Wellington, con quien tenía en común pertenecer a la masonería, había urdido un complejo plan para salvarlo de la muerte, a lo que se unió el hecho de que los soldados del pelotón no estaban precisamente dispuestos a disparar contra él (según Stuart se había elegido a veteranos que habían combatido a sus órdenes). Wellington le habría proporcionado un frasquito lleno de un líquido que imitaba a la sangre, los soldados dispararon balas de fogueo por encima de su cabeza, tenía cómplices en el hospital donde teóricamente estuvo el cadáver hasta el día siguiente, y el ataúd estaba lleno de piedras.

Peter aparenta una edad aproximada a la que habría tenido Ney y los mismos cabellos rojos aplastados hacia la izquierda, tal como los llevaba Ney para esconder una cicatriz. Habla francés y muy bien alemán, tal como hacía Ney desde niño a causa del origen de su madre, se mantiene informado de las noticias que llegan de Europa, lee mucho, especialmente libros sobre la epopeya napoleónica, en los que hace anotaciones, corrigiendo detalles erróneos cuando aparecen. Existen testimonios contradictorios sobre sus actividades. Algunos dicen que es un simple profesor; otros, en cambio, insisten en que es muy culto, un caballero, esgrimidor y tirador sin par y que encabeza la milicia local: también pinta, escribe poemas y enseña idiomas. Se dice que este hombre conocía perfectamente todos los pormenores de la familia Ney, así como las batallas, tropas y  trofeos de éste. El retrato que hace de la mujer del mariscal es tan preciso que debería, al menos, haberla conocido.

Hasta el momento de su muerte, en 1846, no se aclara nada ni ocurre nada especial. En su lecho de muerte Peter Stuart vuelve a repetir que es Ney. Ese día, al amortajarlo, se descubren en su cuerpo gran cantidad de cicatrices y señales similares a las que habría tenido Ney.

Otros testimonios, aunque demasiado tardíos para ser confiables, dan la impresión de confirmar la historia: en la travesía en barco camino de Estados Unidos un veterano de las guerras napoleónicas le reconoció e interrogado más tarde ratificó su declaración; personas que lo habían conocido en América dicen que le gustaba tocar la flauta, como a Ney; un grafólogo habría estudiado muestras de escritura de ambos, dictaminando que eran de la misma persona; un sepulturero parisino que habría abierto el ataúd en 1903 lo había encontrado vacío. Sin embargo ¿por qué Ney, si aún estaba vivo, no se dio a conocer cuando, en 1830, su hijo se casó con la hija del banquero Lafitte, uno de los hombres que llevaron a Luis Felipe al trono? En ese momento, no habría corrido ningún riesgo…


   Una hipótesis es que un miembro del ejército de Napoleón y que se parecía físicamente a Ney, se habría radicado en los Estados Unidos a la caída del imperio napoleónico y ayudado por cierto parecido físico habría terminado por creer que era verdaderamente Michel Ney. No es mas que una hipótesis, aunque no menos creíble que la de un Michel Ney superviviente, retirado al otro lado del Atlántico… Pero es claramente la versión más romántica, la preferida de los turistas que hasta hoy van al cementerio donde está enterrado Peter Stewart Ney,  y en cuya lápida figura “…soldado de la Revolución Francesa, bajo el mando de Napoleón Bonaparte”.

Tenéis tres finales a elegir. A vuestro gusto.